viernes, mayo 12, 2006

C'est tout


Hoy he llegado a la oficina de madrugada, hay que armar una presentación.

He pensado mucho en mí, en mis virtudes y defectos.

He descubierto que soy capaz de amar hasta hacerme del otro completamente, pero eso duele si el otro no es Dios. Ahora sé que hasta el amor hay que compartirlo a cucharaditas, despacio, con cuidado, o te puedes desgastar (y además, en vano). Yo creía que el amor no desgastaba y que el sacrificio, que siempre duele, nos hacía mejores personas.

También sé que quien te quiere evita tu tristeza, pero la evita porque no quiere que estés triste, más no porque su equilibrio emocional se va al diablo, o porque su orgullo no le permite saberse acompañado por una persona que no es feliz a su lado.

Sé, además, que al decir: “perdóname”, o “lo siento”, es necesario aceptar que has hecho mal, sin ninguna duda. Yo he hecho mal tantas veces, según mi corazón y mis ganas de que él esté bien. Sin embargo, ¿cuándo he oído un “lo siento” sincero, sin luego ser culpada de “no dar libertad”, “no dejar ser”?

Tantas veces pedí respeto… Tantas veces me repitió que no lo dejaba ser quien es. Tantas veces le dije: “si no te dejo ser, vete. No sigas conmigo si sientes que te corto la libertad. Prefiero no tenerte a hacerte daño”. Ahora se me acusa de algo peor, por sentirme así: de no haber amado.

Estoy convencida de que al proclamarme "protector" de alguien a quien amo, es necesario empezar por protegerlo de mí misma.

El miedo no es desconfianza, pero tampoco es gratuito. El miedo, cuando hay amor, se comprende. El amor no cura milagrosamente los defectos, ni las heridas del pasado. Eso ocurrirá con el tiempo, paciencia y cariño.

He retomado viejas metas, que espero cumplir. Voy a estar sola mucho tiempo, pero si todo sale bien, valdrá la pena. Si no hago esto, moriré de tristeza, porque la felicidad tranquila y bonita, con la que soñé y sonreí, se ha ido.

Llevo con orgullo una responsabilidad humana, que no puedo obviar en mi vida. Desde ahora, es lo primero que importa, es el más sublime de mis tesoros, lo que me da amor y calor. Quien me ame, tendrá que amarme con esto o no valdrá la pena.

La independencia, tan buscada, tan envidiada, tan recurrente a la hora de hacer juramentos emancipadores, siempre trae consigo el miedo de enfermar o morir a medianoche, sin que nadie se entere. Trae consigo lágrimas secas y quejas consoladas por los ángeles. Trae consigo soledad.

Yo soy independiente, pero a veces quisiera no serlo tanto…

Sé que es posible querer a alguien haciendo cosas, no diciéndolo. También sé que es importante decir: “te quiero”, “ayúdame”, “escúchame”, “confía en mí”, “te creo”. Y he aprendido, amargamente, lo fácil que es decir "te amo" en la euforia del placer o la felicidad temporal. Fácil y tal vez falso. Pero cuando sientes que tu amado te está dañando, qué duro es decir: "te quiero, por eso te entiendo", ", te quiero, por eso esperaré a que conversemos", "te quiero, por eso no quiero dañarte", "te quiero, por eso me afecta lo que digas de mí", "te quiero, por eso sigo aquí, aunque duele un poco", "te quiero, aunque me estoy muriendo de miedo y quiero salir corriendo", "te quiero, aunque me estoy cansando de discutir sin llegar a nada", "te quiero, aunque la incertumbre me está matando", "te quiero y por eso estoy llorando".

Sé que si alguna vez me enamoro de nuevo y él viene a mí cada dos fines de semana, o una vez al mes, porque trabaja lejos, sabré valorar su sacrificio y lo amaré con todo mi corazón, aunque sólo llegue para discutir conmigo. Esos viajecitos de pocas horas y harta nostalgia, sólo para ver tu rostro, sentir tu olor y tocar tus manos en minutos contados, suelen estresar bastante (emocional y presupuestalmente)… Comprenderlo es humano y es amor.

He llevado la cuenta de mis días más ansiosos esta temporada, mis días de retroceso, de tragos amargos y defensas bajas. Ahora sé que mi síndrome premenstrual dura 10 días.

Hace poco, un amigo que ya no es mi amigo, y a quien quise mucho, tuvo a bien envilecer todo lo que he hecho por él, o hemos hecho juntos, desde que nos conocimos. Todos los motivos por los que llegué a amarlo han perdido importancia para él, nuestra amistad nunca fue profunda, nuestra sinceridad no fue suficiente, no asistí a todos sus cumpleaños y mis intenciones eran “malas” desde que estaba con su anterior novia.

Él me reclamó duramente haberle dejado ampollar los pies y entumecer las uñas aquella vez, en la montaña. Le dije lo que no pude en aquél entonces, porque no era apropiado:

No dormí contigo para darte calor, porque me dijiste que estabas bien. Si estabas bien, no era necesario darte calor. Si no era necesario, no habría sido correcto. No era correcto por respeto a tu enamorada, a ella no le habría gustado saber que dormimos juntos en la caminata, habiendo dos camas, aunque no hubiera pasado nada. A mí no me gustaría…

No nos detuvimos en el camino de regreso al pueblo, porque temí lluvia o frío a 0 C. Era necesario llegar, era lo menos malo y sabía que podías. Yo estaba muy cansada, yo tenía ampollas en los pies, también me dolía la espalda, pero no debía quejarme, porque era una aventura, porque era tu guía y debía darte seguridad.

Sin embargo, no le conté que a veces pensaba en el modo de llevarlo en hombros, de ser necesario, o que me habría quedado con él a la intemperie, si no podía más, sólo por cariño, porque era mi amigo, porque era un ser humano, porque nunca lo habría desamparado y nunca le hubiera pedido algo de lo cual no hubiera sido capaz…

Pero ha envilecido todo. Y dicen que cuando alguien quiere ahogarse, lo conseguirá aún con salvavidas.

Ahora sé que las “bromas” continuas acerca de la superioridad sobre los demás, siempre ocultan egos inflados y complejos reales. Sé también que el amor se daña cuando uno quiere que se dañe. Una pareja son dos personas, si una se rinde, creerá que está todo perdido y ensuciará el amor del otro, aunque el otro no tenga culpas, o sus culpas no sean graves.

Ni siquiera importa que he confiado a ciegas, he apostado todo y he querido con mi corazón entero, porque supe que era bueno justamente cando fue mi amigo. He aprendido que la etapa en que dos enamorados se ganan la mutua confianza y el cariño incondicional, no debe ser desatendida, no debe faltar, sean quienes sean.

Sé que soñé demasiado, tuve miedo, volé muy alto y ahora, me muero…

Sé también que no me voy a morir de verdad.

Sé que mi corazón merece mucho amor y mucha paz. Sé que aquí no la voy a encontrar. Sé que no soy un desastre como novia. Sé que esta vez, por fin, me enamoré de verdad y es por eso que estaba tan asustada... pero he perdido...

Dios a veces golpea demasiado e insiste, e insiste, e insiste. Aún no entiendo bien el mensaje, sólo sé que debo seguir moviéndome.

Me siento andando por los montes, cuesta arriba. He caminado durante varios días buscando un pueblito bonito, donde me dijeron que estaba mi prenda más preciada. Busqué, creí encontrarla, pero no fue así. Ahora voy de regreso, hace frío, va a llover y la lesión en mi rodilla me hace padecer a cada paso. Quisiera detenerme a descansar un rato, pero no debo, si lo hago, tal vez me gane el dolor, y me alcancen la lluvia y la helada. Sigo, pero cómo duele, Dios mío… cómo duele…

5 comentarios:

Chinasky00 dijo...

Que tristeza en el aire...

Little Junkie dijo...

Y será que por fin ...
en un día no muy lejano ...
esto solo sea un recuerdo ...
no bueno, ni malo ...
tan solo un recuerdo ...
espero ...

Angela dijo...

Ojalá...

digler dijo...

intensa tu reflexión. piensa que la magia del amor es no saber en que momento llega, y extrañamente, llega en el momento menos esperado

Canela dijo...
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