miércoles, marzo 29, 2006

Contaminación ideológica


Hace como un par de meses, a través de muchos medios, algunas personas “mayores” se hicieron cargo de mostrarme, con un gran golpe en la nariz, la inutilidad de mi trabajo y la estupidez con matices redentores que significaba mi decisión de trabajar en temas de desarrollo rural, para colmo, en provincia.

Adultos “viejos” de todo tipo (entiéndase “viejos” por “expertos”), con agresiones que nunca fueron tales, y por supuesto, sin ninguna mala intención. La más dolorosa fue decidir sobre la voluntad de alguien a quien quiero, que acá en este pueblo nada bueno había para él. Eso, por ejemplo, no venía claramente contra mí, es más, nunca fue contra mí…

Esta acción fue la primera de muchas, que llegaron tras otra, tras otra, tras otra. De pronto sentí que estaba tan desubicada y sin futuro, como al graduarme de la universidad, con muchos murmullos y gritos rondándome la cabeza, haciéndome sentir claramente culpable por “desperdiciar mi vida” en un trabajo “mediocre”, con “gente de poco nivel”.

Mi amiga Lucía, por ejemplo, al contarle triste que mi enamorado se iba a Lima, me llamó la atención por lo egoísta que estaba siendo, ya que “alguien como él no tiene futuro en Piura, pues este pueblo no ofrece oportunidades para los profesionales inteligentes. Más bien tú deberías estar pensando en irte también, conseguir un buen trabajo allá, porque una mujer preparada como tú no puede condenarse a quedar en provincia”.

Primera norma de esta separación: Lima está bien para él, Piura está mal. Si deseo que esté en Piura, conmigo, seré egoísta. No debo ser egoísta, no si lo amo.

Empecé a asumir con amargura esta idea, más por conveniencia que por convicción. Una vez dentro de mi estómago, el tema de la separación tendría sentido. Por supuesto, algunas demás personas opinaron igual que Lucía, o parecido, y eso empujó a la fuerza, y sin bulimias que valgan, la tan rechazada verdad centralista. Ni modo.

Pasé una semana en Lima, en febrero, coordinando actividades de mi trabajo. Es algo que puedo hacer sin problemas, y que seguiré haciendo mientras duren algunos temas. No me da miedo la gran ciudad y me encanta la enorme oferta de capacitación y experiencia que ofrece, y que no hay en Piura, qué lástima. Hay que reconocer lo reconocible.

Sólo por una maestría, me iría para allá en mi actual condición (igual que me iría a España, si pudiera). Pero claro, si me quedo sin trabajo, la situación apremia y es menester que esté allá, lo hago sin pensarlo casi, pues hay deberes y responsabilidades familiares a las que no puedo faltar.

Mientras no ocurran imperiosas necesidades, no me movería de Piura, pensaba ingenuamente, pero aún así aproveché para dejar algunos CV’s, cosa completamente legítima, y conversar con personas del mundillo del desarrollo social (más burócratas que otra cosa), a ver si a lo mejor, una vez acabado mi contrato por estos lares, me “abría” y buscaba algo por la capital.

Pero claro, por un momento me detuve a pensar en mi móvil: ¿por qué quiero irme a Lima, si había decidido quedarme en Piura? ¿Por qué salir de un trabajo bueno? ¿Por qué, si aquí mismo puedo conseguir otra cosa, en caso de aburrimiento justificado? ¿Desde cuándo estoy pensando en irme a Lima?

La respuesta fue tan obvia como contundente: desde que mi novio está allá. Genial, genial, genial, nuevamente la niña tonta está pensando en girar completamente el curso de su vida por amor a un hombre. Pero claro, ahora no se trata de agarrar una mochila y largarme a tontear por el sur de Francia, aprovechando la beca de estudios. Tampoco es una de mis usuales excusiones a la montaña, no señor…

Se trataba de un cambio de caminos, de objetivos, de metas. No habría sido tan fácil perder de vista las gratitudes y buenos tratos de la gente con la que trabajo, si no hubiese estado tan bombardeada por ideas progresistas acerca de la capital, su abanico de oportunidades y lo poco que vale la pena quedarse en provincia.

La familia “limeña” de mi enamorado, a veces, se entrometía, sin querer, preguntando cuándo me mudaba yo a Lima. Respondía que tal vez a fin de julio, que no sabía, que en fin, ya veríamos. No era la mejor respuesta que pude haber dado, pues tendría que haber defendido más firmemente mi posición e individualidad (ya que hablamos de desarrollos personales).

El colmo fue cuando una prima suya me dijo por msn: “Angela, yo no le veo futuro a tu relación a largo plazo, si no te vienes a Lima a trabajar”. La verdad es que me asusté con esa afirmación tan imprudentemente lanzada, y entré en una de tantas crisis de pánico que empezaron desde que me supe enamorada otra vez, condición que tantas penas me ha traído SIEMPRE.

Intenté ser diplomática, le dije que eso iba a depender del lugar donde él consiguiera trabajo luego de las prácticas, que bueno, ya se verá…

Pero entonces mi organismo recordó antiguos estados bulímicos, emocionales y físicos, y empezó la falta de apetito y la rebeldía a tragarme todas esas ideas, sin importar qué quiero, qué pienso, qué espero, qué necesito yo.

Sin embargo, había perdido el control de las cosas, al nivel de ni siquiera poder hablar del tema con mi enamorado, sin morirme de miedo. Simplemente quería no sufrir más, no pensar más, no tener por qué carajos estar metida en este tema, y preferir un coma inducido, o algo así, para despertar cuando ya no me sea posible recordar nada.

Traté de recuperar mis propios motivos de existencia: me gusta el trabajo que hago, soy feliz en él. Amo a mi enamorado y lo extraño, pero no voy a cambiar el rumbo de mi vida si él mismo no tiene definido el suyo. No me voy a MUDAR a otra ciudad sólo por estar con él, además porque a mí me significaría alquileres, búsquedas y sacrificio por varios años, porque a nadie le conviene tener en el CV empleos de 3 ó 4 meses…

Si me voy a Lima, pensé, me iría a vivir, no menos de 3 años. No es un juego, no es un final feliz de historia de Corín Tellado, no es una decisión simple, inspirada por una serie de sentimientos bonitos. ¿Y si me quedo desamparada?

Decidí que sólo iría a Lima, o a cualquier otro sitio, con algo bien seguro bajo mis pies (insisto, salvo que la necesidad sea apremiante), y porque sería lo mejor para mí como persona, en lo que se refiere a formación profesional. En Sullana, que está tan cerca de Piura, vive mi madre y a ella le ayudo con mis hermanos. Padre muerto. Tengo prioridades. Te quiero con todo mi corazón y me encantaría compartir contigo todo lo que tengo, pero siempre habrá más personas que necesitarán de mí.

Entonces, no me voy a Lima, al menos no por ahora. Dolió mucho tenerlo así de claro, sobre todo por él. Pero él puede venir a Piura…

Y volvió la idea del egoísmo y la falta de oportunidades.

Me sentía tan culpable de no hacer las cosas bien, que recurrí, pensé yo, a la única persona adulta que no iba a juzgarme: un amigo sacerdote. Esta fue su respuesta:

“Hay que aceptar una realidad: hoy por hoy, y hasta que este país no cambie (cambiará, pero cuesta tiempo) Lima es Lima y provincias, provincias. Verdaderamente tu proyecto profesional está en Lima. Ya sé que por tu carácter te encuentras más cómoda agarrando una mochila y yendo a caminar por cerros y pueblitos rurales. Está muy bien, no cambies en eso; es tu carácter y eso es muy bonito. Pero también es cierto que he conocido en Lima profesionales exitosos, de primera línea, provenientes de sitios apartados de la selva y que seguían soñando con la selva. Incluso se llevó allí a su miraflorina esposa, con todos los sustos por su parte ante cocodrilos y sapos gigantes. Y se querían muchísimo uno al otro…

… Yo también te haría la misma pregunta que te hacen ellos: "Angela, ¿cuando piensas irte a Lima?" ¿Dónde está el 80% de los egresados de la udep? En Lima. Y los que tienen mejor expediente y más capacidad, están en Lima o el extranjero el 98%. ¡No te asustes de Lima! Tarde o temprano vas a ir allá. Es lógico que su familia jale a tu enamorado para Lima. Allí está su futuro profesional, en Piura no. Nos guste o no es así.”

Luego de esto, me he sentido la mujer más egoísta del mundo. No puedo cortarle las alas. No puedo obligarlo a vivir en una ciudad que, si bien es cierto, lo hace feliz, no le dará los medios necesarios para realizarse y ser el gran hombre que va a llegar a ser. ¿Quién soy yo para impedir que sea mejor de lo que será aquí?

El fin de semana lo pasamos juntos, vino a Piura. Está contento con sus prácticas en Lima, dice que hasta julio es inevitable quedarse allá. Mientras tanto sigue buscando trabajo, en donde sea, pero de preferencia en Piura y alrededores.

Entre reuniones familiares conocí a un tío suyo, también sacerdote. Me preguntó si yo tenía planeado irme a Lima. Le dije: “No, tengo trabajo acá”.

Él respondió: “Claro, y estás bien en ese trabajo, me cuenta mi sobrino. Él se quiere quedar en Lima hasta julio, después de eso seguro regresa a Piura. Está contento contigo”.
.
Me gustó poder decir tan claro lo que quería. Pero seguí sintiéndome egoísta, sobre todo cuando escuché a mi enamorado contar las cosas nuevas que estaba conociendo, la ropa, las tías regias, la vida cultural…

Ayer conversábamos por msn. Me dijo que uno de sus mejores amigos, acá en Piura, le estaba proponiendo trabajar en Paita (puerto internacional, ciudad pequeña, cerca de aquí), a partir de agosto de 2006. Quizás él esperaba que diera un salto de alegría y le animara, pero no fue así.

Sentí helarse mi espina dorsal y una punzada aguda en la garganta… ¿Paita? ¿Y qué harías tú en Paita? En Paita no podrías vestir bien, ni conocer la cantidad de cosas alucinantes que hay en Lima, ni tener las mismas oportunidades… ¡Además, te insolarías al segundo día! Créeme, amor, que sentiría tanto dolor de verte “atrapado” en Paita, como el que siento de ver a mi lechuza luchando por salir de su jaula…

No sé qué diablos ha pasado conmigo. Él se molestó, sigue molesto, me ha pedido conversar sobre mi reacción una vez que me la piense bien, pero yo no quiero hablar de nada, no quiero nada. No entiendo qué extraño gusano me está carcomiendo los sesos, ni dónde se ha ido mi afán de luchar por los derechos humanos, ni mi amor por mi tierra. Me duele y me resulta difícil ver las cosas con un panorama más amplio.

¿Será que estoy demasiado agotada? ¿Que ya hice callo o que de tanto rasguñón, mi corazón ha llegado a no sentir nada? No sé, no sé, pero me he asustado de mí misma el día de ayer.

4 comentarios:

D for disaster dijo...

waaaa, deja vú!

bueno. a mí me dejaron para irse a alemania, ya que una química (para usar tus palabras) no tiene ningún futuro en este país (ya no digamos en esta ciudad).

se suponía que a mí me tocaba decidir si me iba detrás o no. incluso hice algún papeleo. bueno, aquí sigo.

sea cual sea la decisión que uno tome, uno siempre se preguntará por la otra opción.

já, al final no dije nada. solamente que me hiciste recordar otras épocas, y que tal vez el hecho de que otras personas nos hayamos visto en situaciones parecidas pueda ser de alguna (vaga) ayuda.

y bueno, no hay un océano ni pasaportes de por medio entre ustedes.

so go on and do that conversation thing.

Nando dijo...

Hola! Necesito hablar contigo... pero no encuentro tu direccion de mail en el perfil... ¿me puedes escribir a nangarridof@gmail.com? Gracias!

Angel Castillo Fernández dijo...

...tocayita, la verdad es que soy un desastre aconsejando a la gente y peor si siento cariño por ella. De manera que no te diré nada. Pero creo que si relees tu propio post encontrarás varias respuestas. Insisto: si quieres cambiamos de chamba.

Cuídate mucho.

Angela dijo...

Gracias por los comentarios, chicos. Angel, agradezco mucho tu oferta, pero si fuera tan fácil como decirlo, no podría cambiar de trabajo por ahora. Me gusta aquí...

Un abrazo!

P.D.: ¿Me das una mano con las respuestas en mi propio post?