viernes, noviembre 18, 2005

Deseo haber tenido un ángel (Lyrics)

Lo cierto es que hasta hace un rato he estado muy recargada de ira, pero nada que una buena dosis de metal (aunque sea "new metal") no me ayude a canalizar "sanamente".
Vaya letrita, ya se ve que la escribió un hombre. Sin embargo, la soprano que la interpreta es grandiosa. Más "vikingos".
Aquí, la traducción. No es exacta, claro, aún no me da para mucho el inglés. A ver si se pasan por la Web, Nightwish está bastante bien, la verdad (ya tendré un radioblog). Aquí va:

Wish I had an angel

Deseo haber tenido un angel para un momento de amor, deseo haber tenido tu ángel esta noche.

En un día que muere tomé profundamente un corazón inocente. Prepárate para odiarme cuando pueda herirte como nunca antes, esta noche.

Viejos amores que mueren difícilmente, viejas mentiras que mueren más difícilmente.

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

Voy bajando tal frágil y cruel, la ebriedad cambia todas las reglas.

Viejos amores que mueren difícilmente, viejas mentiras que mueren más difícilmente,

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

La emoción más grande no es matar, sino tener el premio de la noche. ¡Hipócrita! ¿Quieres ser mi amigo? ¡El treceavo discípulo que me traicionará por nada!

Último baile, primer beso. Tu tacto, mi dicha. La belleza viene siempre con pensamientos oscuros.

Deseo haber tenido un ángel para un momento de amor. Deseo haber tenido tu ángel, tu Virgen María deshecha. Estoy enamorado de mi lujuria, alas ardientes de ángel al polvo. Deseo haber tenido tu ángel esta noche.

Deseo haber tenido un ángel. Deseo haber tenido un ángel. Deseo haber tenido un ángel. ¡Deseo haber tenido un ángel!

Hay una chica...

Quizás deba coronarme como la reina de las estúpidas, o retirarme a vivir en una isla desierta y acabar haciéndole el amor a los delfines, qué más da. Pero vivir con gente, ni hablar, no puedo, no es lo mío.

Hace años conocí a una muchachita linda, de las más guapas que he visto jamás. Es una de esas ninfas que llaman la atención de todos los hombres, doquiera que vayan. No es exuberante, ni delgadita como las “Barbie girls”, pero sí preciosa. Que yo recuerde, todos mis amigos han quedado embelezados con su belleza, al punto de dejar de prestar atención incluso a sus propias enamoradas.

Esta Venus sin conciencia de sí misma se hizo mi amiga, quizás porque era una de las pocas a las que consideraba “decentes”, cuando estábamos en el colegio. Me caía bien (me cae bien), buena chica. Sin embargo, me di cuenta que era un martirio para mi alicaída autoestima andar con ella, pues todas las miradas se centraban en su tez blanquísima, su cabello azabache y sus 10 cm. más de altura.

Una vez su madre nos invitó a un desfile de modas. Las señoronas se dedicaron a regañar a la mamá de la ninfa, por no ponerla a modelar. Cuando me presentaban a mí, me miraban de reojo y sonreían con mueca forzada, una y otra vez, hasta hacerme desear salir corriendo del sitio aquel. Pero no pues, estaba con mi amiga, así que a hacerme la tonta, ¿total?

Lo cierto es que nos queríamos mucho. Ingresamos juntas a la universidad, estudiamos a la par casi toda la carrera (en distintas facultades, claro, porque ella ni muerta estudiaría Comunicaciones, pues “es para vagos”). No puedo decir que salimos, jamás hemos coincidido en una fiesta, primero porque no la dejaban ir, segundo, porque a mí dejaron de gustarme las escapadas de fin de semana.

Uno de mis amigos la conoció, ambos estudiaban lo mismo. Él, al igual que todos los demás, cayó bajo el encanto de esos hermosos ojos negros. Claro, el muchacho tenía novia, pero como es su costumbre, hablaba con una extraña mezcla de cariño y lascivia acerca de ella, al punto que su enamorada de entonces desarrolló un justificable recelo hacia esa niña, mi amiga, que se notaba a metros de distancia.

Mi amiga la más bonita a veces hablaba de ese chico como de un hallazgo invalorable, un amigo incondicional, un hombre estupendo, pero qué pena que tenga enamorada, además ella, que es tan, tan… en fin.

Yo no decía nada, no era mi asunto, ya bastante confundida andaba.

No podría contar las veces en que he oído a este chico hablar con cariño, lascivia e intenciones frustradas de la ninfa, la pura, la buena, la más bonita de todas, la que pudo haber “sido”, pero no fue, porque todo el tiempo estuvo con otra.

Pasó el tiempo, pasaron muchas cosas. Hace algunos meses salgo con este chico, quien se ha cansado de repetirme que nunca gustó de mi amiga bonita, que sí, que es guapa (admitió que era más guapa que yo una vez, hace poco, rendido ante uno de mis juegos de palabras). Además, y sin miedo a oírme “idiota”, son de clases sociales parecidas: pequeño burgueses ambos, con roce social, chicos de casa. Nada que ver con la autora de este blog, que hace mucho dejó el hogar y, desde entonces, suele ganarse la vida por sí misma y no marca tarjeta de entrada y salida.

A veces el chico bromea respecto a lo que “pudo haber sido”. Por supuesto, son bromas. A él, que me quiere tanto, ni siquiera se le ocurre cuánto me hiere con esto. Además, ella es mi amiga, no puedo hacerla a un lado en nuestras salidas y reuniones, sólo porque siento “celos injustificados”.

Ya no sé. Hace algunas horas, una amiga, otra, no tan guapa, pero feliz, me ha pedido de favor que no permita a nadie más hacerme daño. Muy tarde.

Mi amiga la ninfa hermosa acaba de pasar por la oficina. Todos los hombres de alrededor se congregaron en mi escritorio, esperando que se las presentara. No lo hice, ella iba de pasadita, tenía cosas que hacer. Por algún motivo sólo explicable con emociones, no me sentí contenta de que estuviera aquí, no pude sonreír.

Creo que sí, creo que he creado un monstruo. En fin.

Hoy me siento especialmente fea, quizás más que otras veces. Haber subido de peso no me ayuda a sentirme mejor. Y una mierda.

Quiero mi cerro, sobre las nubes, mi casita de adobe, una hoguera, una escuela, un poncho negro y un pasamontañas. Que nadie me vea, que nadie, salvo los campesinos, me conozca. Ya no quiero sufrir.

miércoles, noviembre 09, 2005

¿Por qué planté a mi enamorado?

Porque la reunión a la que fui duró más de lo previsto, sí… Pero bueno, fue por una causa noble (sorry, ¿sí?). Les cuento:

En algo salí “directamente” afectada a fines de abril de este año, cuando quise ir a la Laguna Negra, desde Palo Blanco. David moría por conocer las Huarinjas, y después de tantas horas andando, ¿ya qué más daba una subida de 5 más? Pero Gloria, asustada, nos recomendó que no hiciéramos tal travesía, pues la gente podría confundirnos con “mineros” y tratarnos mal. Decidí escuchar y no moverme de allí.

Comunicadores como somos, los del equipo sabíamos que el asunto de la mina aquella que quiere explotar cobre al norte de Huancabamba, traería secuelas sociales en toda la zona del andino central, pero los chicos del equipo técnico no nos prestaron mucha atención.

Poco tiempo después, la explosión: en los meses más difíciles de conflicto social por el tema de la minería (julio y agosto de 2005), se nos culpó de andar buscando oro en las tierras de Mijal, para extraerlo (aún teniendo nuestra zona de influencia a 60 Km. -y muchas montañas- de distancia de Henry’s Hill, el yacimiento cuprífero que se planea excavar).

Afortunadamente nos tocó la parte más “suave” del conflicto, nada que una solidificación de fuerzas y estrategias de comunicación en emergencia primaria (sumadas a la confianza ganada durante dos años de trabajo con los habitantes locales) no puedan contrarrestar (también hubieron complicaciones políticas y aún me dura el pálpito de que algún colega habló de más, y a drede, pero bueno, lo peor ya pasó).

Sin embargo, el problema continúa desarrollándose entre cimas de cordillera de cobre y oficinas burocráticas de economía, gobierno, redacción y opinión pública.

sábado, noviembre 05, 2005

¿Cómo?

No fue por conocernos hace años, poco a poco, como pensé, pues a ninguno de los dos nos interesaba estar juntos, hasta que lo estuvimos.

Tampoco fue en ese viaje solos, ambos queríamos a alguien más…

¿Cuándo respondí a tus coqueteos? No tanto. Yo estaba sola y jugaba a intentar algo (pues me gustabas). Tú coqueteabas con cuanta chica podías, pues andabas “sin compromiso”.

He de confesarte que esa única vez en que no bromeabas al decir que sería bonito querernos si no estuviésemos ya enamorados de otros, sentí el piso moverse bajo mis pies. Pero no tenía caso darle más vueltas pues, como dijo mi “Ángel”, tenías varias cervezas en la cabeza.

Y no, definitivamente no fueron esos primeros besos sin condición previa.

Hum… ¿La música que me diste, quizás? Debo admitir que te oía en cada nota, y venía a mis sentidos el hogar de siempre, el mío. ¡Qué maravillosa sensación!

¿Las llamadas cuando estuve en la selva? Ya para entonces había decidido quererte, pero aún no sabía qué esperar (mi compañero de ruta comentó que “la estabas haciendo linda”).

Quizás sea la cantidad de cosas que estoy aprendiendo contigo, la oportunidad que me brindas de compartir, de conciliar, de mirarte hasta dormir, de cuidarte. Quizás sea por la cantidad de cosas que me enseñas, por lo que compartes, por ser conciliador, por quedarte conmigo hasta dormirme, por cuidar de mí.

Casi lo tengo claro, pero ante tanta certeza, sólo soy capaz de decir una frase simple, sin mucha gracia, sin romance ni arreglos literarios: qué bonito es estar contigo.
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Mi adorable “Pretencioso”, esto es para que luego no digas que no te dedico ningún espacio en mi blog, o que tengo un especio dedicado a rajarte (¡¡¡aunque a veces das unas ganaaaaas!!!). TQM.

jueves, noviembre 03, 2005

Incoherencias comúnmente humanas

Esto pasó hace más de un mes:

He prometido nunca comer delfín, salvo que esté a punto de morir de inanición y no me quede otra.

La otra noche fui a visitar a mis amables ex – vecinos del piso de abajo, a su pizzería. Quería saber por qué, de un día para otro, decidieron abandonar un departamento que, decían, les encantaba, complementaba la vida y les servía para criar a sus tres perritas adorablemente ruidosas, sin que nadie les dijera pío.

Pues resulta que los asaltaron llegando a casa del negocio, como la 1 de la madrugada. La efectividad del robo a mano armada delata todo un trabajo de seguimiento y planificación. Ya el barrio no era seguro (para nadie). Estaban entre abandonar y quedarse, consultaron con la casera, quien aprovechó el pánico para decir pío con respecto a las ruidosas cachorritas (muy oportuna, ella), y se acabó, se fueron, incluso sospechando que la vecina de arriba (o sea, yo), se había quejado del ruido.

He de confesar que los ladridos resultaban irritantes, además que los lanzaban en todos los tonos y ritmos posibles, especialmente entre las 11 de la noche y las 2 de la mañana. Pero ya estaba muy acostumbrada y, de hecho, todo el barullo aquél me daba seguridad y disipaba un poco esa sensación de soledad que suelen tener los departamentos de soltero. Así que no, no fui yo. Pudieron ser los vecinos de al lado, o cosas de la misma casera, ¿no?

Por esos días anduve seriamente “sicoseada” con pesadillas, malos augurios, nerviosismos e insomnio. Habría sido una tranquilidad saber que se trataba de algún exagerado síndrome premenstrual, pero la regla estaba aún lejos, así que no, nada de eso. La solución: actuar como menopáusica histérica, inventarme apariciones, poner toque de queda al enamorado (no me puedes ir a visitar después de las 10, porque es peligroso), y dormir con la luz encendida dos semanas seguidas.

De esto y aquello conversaba con los vecinos, mientras devorábamos un delicioso y engordante bocadillo de pan al ajo con queso derretido, cuando llegó David, previa llamada al celu, para saludar y llevarme al hotel de su tía, donde los excéntricos y alegres gambianos, que por unos días tomaron Piura, darían un recital de música y danzas folclóricas.

Haciendo tiempo, para no irnos justo después de comer, conversamos sobre edificios “pesados”, fantasmas, perritas que no le hacen daño a nadie, casas más grandes y posibilidad de mudarme con ellos cuando se acabe mi contrato (aseguré que lo dejaba en agenda, para pensar). Halagando el sabor del pan y el toque exacto de ajo, mi buen David, sin importarle cuán guerrillero podría resultar el comentario, dijo:

- ¿Alguna vez han probado delfín? Cuando lo sirven con ajo es realmente delicioso.

Sepulcral silencio nos cubrió. El otrora alegre anfitrión tornose rojo de ira y, mal controlando los espasmos vociferantes, sentenció:

- ¿Cómo es posible que hagas semejante comentario? ¡Tú no deberías llamarte humano!

Su esposa secundó esta y cada una de las frases que vinieron luego:

- ¿Acaso no has visto en los documentales del Discovery Channel que estos animalitos están en peligro de extinción? ¡Y son inteligentes, más inteligentes aún que algunos hombres! Además, en el documental dijeron que el delfín es el único animal capaz de hacer reaccionar a un niño con autismo, ¿te das cuenta? ¿Y si tú tuvieras un hijo con autismo? ¡Qué barbaridad! Nunca más digas que has comido delfín, es un crimen…

David sonreía, un poco avergonzado y otro poco sin entender bien tal reacción:

- Oye, el delfín se come de todas maneras, lo malo es la caza indiscriminada y la crueldad, pero el comercio de esa carne existe y…

Interrumpí sin disimular las ganas de cambiar de tema:

- ¿A qué hora era eso de los de Gambia?

David me siguió el juego, fue el escape perfecto:

- Es… ¡Hace 10 minutos!
- Bueno, ya vamos, ya vamos…

El anfitrión, otra vez de su color natural, entró en la conversación:

- ¡Ah! Es la hinchada de los gambianos que han llegado a ver jugar a su equipo, ¿no?
- Sí –responde David-, y son alucinantes estos patas. Imagínate que para venirse a Piura han fletado un avión, han llegado con el Gobernador y dos funcionarios diplomáticos, creo que hasta un ministro. Han fingido desperfectos, han pedido permiso para aterrizar en el aeropuerto y andan por aquí, como si nada. Ya han hecho varios recitales, ¡son lo máximo!

Alerta roja, los anfitriones se han quedado mudos otra vez, con los ojos muy abiertos, sólo que ya no colorados de ira, sino pálidos. Él dice:

- ¿Cómo? ¿Se han venido sin documentos? ¡Eso quiere decir que no se han puesto vacunas ni nada de eso! ¡Qué peligroso! ¡Eso es una locura, una desconsideración! ¿Has visto en los documentales del Discovery Channel la cantidad de pestes y enfermedades que hay en el África? ¡Esos negritos podrían estar infectados y nos van a contagiar! No, no me parece que los hayan dejado entrar, ha sido una irresponsabilidad. Debieron dejarlos en el avión, sí…

No recuerdo cuánto más nos mantuvimos sosteniendo la conversación, pero nos fuimos tranquilos y en paz. De todos modos, los anfitriones son buenos tipos y no iban a ahorcarnos, ni nada por el estilo. Igual salimos tranquilos, fuimos al recital y lo disfrutamos… bueno, yo lo habría disfrutado más, si no fuera por mi gripe y mis tacos viejos de oficina. Bonita experiencia.

Así las cosas.