jueves, septiembre 15, 2005

Agridulce

Creo que descubrí a Apocalyptica del mismo modo que a muchas de mis bandas : madrugando frente a MTV, justo cuando pasaban los vídeos menos populares, para noctámbulos fieles. Tenía 19 años.

Tocaban “Nothing else matters”, una de mis favoritas de Metallica, canción de amor bellísima. Me llamó la atención ver a 4 (entonces aún eran cuarteto) muchachos con facha de “heavys”, tocando violonchelos, instrumentos que algunos “guardianes del arte” se empeñan es discriminar como propios de una cultura sofisticada y por encima del “pueblo” (pienso en cierto director del coro de…)

No me enamoré locamente del grupo, sólo busqué algo en las nacientes cabinas de Internet de aquél entonces, eran finlandeses (sí pues, vikingos, tengo una fijación con los rockeros de por esos lares) y tocaban covers de Metallica (obvio) y algunas otras bandas pesadas. Genial.

Cuando estuve en España, gracias a un amigo experto en conseguir curiosidades musicales para mí (como Stratovarius y dulzuras parecidas), me trajo un disco de Apocalyptica. Bien ahí, aunque resultó un poco chocante escuchar mi enérgica “Master of puppets” en versión violonchelo y sin batería.

Luego no supe mucho de ellos (además, llevo 3 años de haber renunciado a tener TV en mi casa, eso no ayuda). Pero hace algunos meses hubo “pijamada” en casa de una amiga, con tragos, un montón de gente desconocida, hombres y mujeres de variadas ramas profesionales y opciones sexuales, todos en el cuarto de la anfitriona, conversando sobre mil cosas, con la luz apagada y el televisor encendido. Yo, mirándolo.

Vídeos musicales. Uno de Apocallytica. Featuring: ¡Caray, no logré leer!... Entonces, esa es la voz de… ese es… ¡Oye, mira, él es el vocalista de HIM, el grupo que te conté!... ¡Manya, ese otro es el Rasmus, ese que usa plumas de cuervo en la cabeza! ¡Y están cantando una canción con los Apocalyptica!

Mi motivo de éxtasis espiritual más recurrente es la música y las imágenes. Ville Valo y Laury Yllonen sosteniendo una sesión de ouija en una mesa ancha de madera vieja, cantando una canción descarnada, mientras la aparición, los 3 Apocalyptica (ya no son cuarteto), tocan sus violonchelos desenfrenadamente, de cabeza, pegados al techo. La imagen dura un segundo, pero me enamoré de ella.

Los músicos, en el el set de las escenas de Ville y Lauri, "el cuarto de la ouija".

Entonces, conseguí el vídeo por Internet, gracias a una dirección electrónica que me envió Ernesto, a través de mi blog, a propósito de una traducción de HIM que publiqué hace algunas lunas. ¡Gracias por ello, Ernesto!

Ahora, Bittersweet. Y me tomaré la libertad de dedicarla:

El otro día dijiste que “agridulce” era antitético, pero no, no lo es. De hecho, es el modo usual como me siento, como sé que otros se sienten, como funcionan las cosas a mi alrededor. ¿Complicada? No más que la mayoría de las mujeres, pero la canción que te doy ahora, amor mío, la escribió un hombre y la interpretan hombres… Aquí la tienes:

Bittersweet

I'm giving up the ghost of love

In the shadows cast on devotion

He* is the one that I adore

Creed of my silent suffocation

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Bittersweet

I won't give up

I'm possessed by him

I'm wearing a cross

He's turning to my god

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Break this bittersweet spell on me

Lost in the arms of destiny

Bittersweet

I want you

[I'm only wanting you]

And I need you [

I'm only needing you]

Bittersweet

* He convertido al masculino todos los pronombres femeninos originales.

Bueno, he aquí lo dicho (no es perfectamente literal, mi inglés no da para tanto):


Agridulce

Estoy dejando al fantasma del amor

En las sombras arrojado a la devoción

Él es el único al que adoro

Credo de mi silencioso ahogo

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Agridulce

No lo dejaré

Estoy poseída por él

Estoy llevando una cruz

Él se ha convertido en mi dios

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Rompe este encanto agridulce en mí

Perdido en los brazos del destino

Agridulce

Te quiero

[Sólo estoy queriéndote a ti]

Y te necesito

[Sólo estoy necesitándote a ti]

Agridulce


jueves, septiembre 08, 2005

Cerrando por hoy

Bueno, ya está, acabé de colgar las fotos en mi otro blog. Ahora, a dejar limpio el escritorio, para mi ausencia semanal. Pasa que estoy haciendo un curso en Lima, todos los viernes y sábados. Salgo de Piura los jueves por la tarde y tomo el bus de regreso el sábado en la noche. Ya llevo más de un mes en estas faenas, pensé que sería peor, pero no (el cuerpo se adapta a todo, por lo visto). Acabo el 30 de setiembre.

He tenido un sueño raro. Un hombre grande, demasiado grande, grueso y feo estaba enamorado de mí. Me recordaba mucho al dragón-perro de La Historia sin Fin, me daba la misma sensación amistosa. Casi nunca tengo en la cabeza detalles de mis sueños, pero esta vez lo he sentido todo tan real...

Hasta pude tocar una cerca de malla de acero que me separaba del lugar que el gigantón ocupaba, donde pasaba los días rodeado de pequeños que gustaban de estar con él, porque se sentían seguros y queridos.

Todos y todas, niños, niñas y adultos, me contaban que aquél extraño hombre me amaba. A mí me gustaba la idea, me enternecía. Me gustó conversar con él, poder tenderle la mano y abrazarlo. Era feo, feo, demasiado feo, pero tan lleno de dulzura...

Sabía en el sueño que mi enamorado debía andar por ahí, pero nunca le dije nada al tremendo ser que se esforzaba por gustarme. Sólo sé que le dije, claramente y con poco cargo de conciencia, que no tenía novio, sino un amante, pero que aún así podía hacer el amor con él.

En fin, extrañesas del subconsciente.

lunes, septiembre 05, 2005

De amores

Ahí está otra vez ese gusanito en el pecho que le quita el habla, le agita la respiración y le llena de aire el estómago. Se siente una de esas muñequitas plásticas, bonitas, que hipan cada vez que les golpean la espalda, y son dificilísimas de vestir. Pero bonitas, de mejillas rosas y ojos brillantes, así como ellas se siente.

Dice que ha subido de peso, mucho. No se nota. No sabe dónde están esos kilos que tiene de más, su cuerpo ha cambiado desde la última vez que una dieta rígida, una bulimia y una gastritis prolongada le dieron la figurita de niña andrógino-anoréxica que siempre deseó. Ahora tiene otra vez todos esos kilos, está algo llenita, pero no igual que antes (muy raro). Hasta a veces admite que se ve/siente bien.

Y el gusanito en el pecho, constante y travieso, quiere salir por sus ojitos, como lágrimas emotivas, o por su boca, como risa. ¿Es felicidad? Es algarabía constante, alegría y miedo se estar alegre, deseo y miedo de desear, cariño y miedo de ser vulnerable, amor y miedo de amar.

Pero esos ojos grandes y dulces, dulces como el caramelo más delicioso, que le arrancan lágrimas sonrientes y risas extasiadas, con miedo a derrochar tanto placer, esos ojos siguen allí, aún no se han ido, no quieren irse. Es cuanto más tiempo han estado consigo un par de ojos amados… ¿Qué pasa?