jueves, julio 28, 2005

Io non ho paura

Al profe de Filosofìa no le gustó tanto, me contó que (léase con voz impostada): “Me pareció más bien una mezcla entre drama, que no se logra, y policial, que tampoco está bien logrado, y terror, que no resulta bien en absoluto, y en fin, no entiendo cómo un niño de 10 años, teniendo toda la información, no pudo atar cabos, porque estos chicos de hoy en día, y con la influencia de la televisión… ¡Pero los campos cultivados de trigo me resultaron excepcionales!”

Sin embargo, la película me encantó. Es de esas historias que te siembran una semillita en el pecho, no sabes si de risas o lágrimas, pero ahí está, generándote amor, fe, sonrisas y picazón de conciencia. Afortunadamente, cualquiera de mis dos hermanos menores, de 13 y 10 años, harían (casi) lo mismo. Entonces, no fue fantasía, ¿pero quién podría reivindicar de esta manera a los seres humanos, si no un niño? Y un niño sin formación cristiana, por cierto, pero más ángel que el que más (bien natural, todos los seres humanos lo tenemos de nacimiento, aunque usted no lo crea).

Al iniciar la noche

David y yo decidimos que ya habíamos tenido bastante, y luego del quinteto de clarinetes (sí, eso mismo, QUINTETO) tocando “La pampa y la puna”, seguido de un minuet europeo y mucho mejor interpretado que el anterior clásico andino, decidimos ir al cine.

Es que habíamos asistido, muy entusiastas nosotros, a la inauguración de la Escuela de Música de Piura. Mejor dicho, a la inauguración de su nuevo local, un bonito edificio de material noble, terriblemente contrastante con su otrora localcito de tripley y esteras, que por años ocuparan frente a la unidad vecinal de Piura.

Si debo agradecer al presidente regional, lo hago ahora. Estos artistas perseverantes, tan sólo por amor al arte y nada más, se lo merecían. Bien por César Trelles Lara, pues la acción, politiquera o no, ha favorecido a quienes se lo tenían bien merecido.

Hasta ahí, todo asumido. Llegamos al lugar del evento, en transversal pública, pero cerrada para la ocasión. Camino a los palcos de atrás, para la “plebe”, encontré a mi buena profesora Aura, mujer de recio carácter que alguna vez en su vida asumió la osada misión de enseñarme a tocar piano clásico. No era lo mío, pero me defendí como pude, y bien. Abrazote, somos amigas.

Bueno, para atrás con nosotros dos. En el camino, caras conocidas, algunos saludos incomprensiblemente eufóricos y, oye David, todos estos son apristas…

Una pancarta sobre la tribuna desde donde las luminarias musicales de Piura actuarían para el público: “Dr. César Trelles Lara, la juventud te agradece hoy y siempre”. Mi paranoia de periodista y mujer me dicen, querido mío, que esto es propaganda pura y dura. David también lo ha notado.

Varios minutos de espera después, pero inesperadamente, los apristas se ponen de pie, y aplauden a su manera, tres palmas – espacio – tres palmas. Sólo permanecemos sentados David, yo, una pareja en la fila delante de nosotros, y un señor de atrás. ¿Son palmas apristas? Sí, las he oído antes. Seguramente ya llega Trelles Lara. David mira e informa: no es Trelles, es Alan…

Sí, Alan García, él mismo. Mierda, esto es más propagandístico de lo que pensaba, ¿qué hace este tipo aquí? Pasó justo junto a nosotros, nos miró por un segundo, pero prefirió seguir saludando a quienes le hacían fiesta. Carajo, carajo, carajo, carajo… Algo en mi intuición de reportera no practicante me dice que esto no puede ser legal del todo. ¡Y no tengo una cámara! No importa, seguramente saldrá en todos los periódicos. Ahora entiendo por qué la invitación pública del presidente regional, en los medios de comunicación impresa.

“Ilustrísimo ex presidente, Dr. Alan García Pérez”, dijeron todos los ponentes. Y bueno, me consolaba viendo los rostros felices de los alumnos de la Escuela de Música, de ese muchacho que tocó violín con un excelente punteo y un pésimo dominio del arco, y ese memorable Cóndor Pasa con guitarra sola y solista, y el Ave María de Schuber en una voz de soprano popular, bonita, falta de educación, pero ya lo logrará con el tiempo... y los clarinetes.

David y yo acordamos hacer algún tipo de escándalo si Alan García hablaba, pero ya eran 15 para las 9 y la película empezaría 25 minutos después. Ni hablar, vámonos. Pero… qué efectivos e inescrupulosos asesores de propaganda tienen los apristas, mira que convertir un acto público en una suerte de mitin camuflado. Ay. Pero aún así, ¡que viva el Perú! (paisito lindo, donde está la gente a la que más quiero).

No tengo miedo

El título que le han puesto en castellano es “El secreto”. Pésimo, pero efectivo si quieres vender la película, desde el trailer, como una historia de suspenso. Prueba de ello, el grupo de adolescentes lanzamaízpopcorn que se situaron bulliciosamente en la última fila de la sala más chiquita de Cineplanet.

También estaban, casi en pleno, los humanistas de donde trabajo. Entre ellos, el profe de Filosofía. Hola… vamos atrás, David.

Varios niños haciendo carreritas entre trigales amarillos como el sol. Juegos inocentes, pigmentados con la malicia que bien se aprende en casa. El protagonita, Miguel (como mi hermano de 13), es el más "estúpidamente bueno", mejor persona que todos los demás, a futuro, sin lugar a dudas.

Miguel, de puro curioso, descubre un secreto a voces entre los adultos de su pueblo, campesinos eventuales, cuidadores de los cultivos de trigo, hasta la cosecha.

Su primer encuentro con el miedo, “paura”, asusta adrede a todos los espectadores. Es vanamente terrible, injusto. Pero en fin, cosas del director.

Poco a poco, el niño de 10 años descubre información que le es difícil de entender, por más “chico de hoy en día, con televisión” que sea, mi señor filósofo. Sabe que aquello no es bueno y actúa según su conciencia (y es que la conciencia nunca te puede llevar al mal).

La historia es cruda y tierna a la vez. Los adultos, manipulados, pobres y ambiciosos, actúan casi sin escrúpulos. Los niños no dejan de ser niños, pese a los dilemas morales que deben enfrentar… ¿Quién, a los 10 años, acepta que su papá puede hacer algo malo? ¿Quién lo entiende? Miguel no, es sólo un niño, pero sabe lo que es bueno, aunque no tenga peregrina idea de lo que es un Ángel Custodio (mientras algún Ángel de la Guarda se está valiendo del buen niño ateo para actuar).

Miguel tiene miedo, pero da igual. Conduce su bicicleta rumbo a la más osada de sus intervenciones, rezando una oración a la naturaleza, pidiéndole a los seres de la noche que cuiden del “bambino”, de él mismo, y calla de un grito al cuervo mal agorero que le infunde terror. Y va, hace lo que tiene que hacer, se arriesga, pese a ser un niño. Hace bien.

Lo cierto es que la información clave de la historia llega de golpe, totalmente, a través de las noticias en televisión. Para un adulto está todo resuelto, pero no para Miguel. A quienes vean la película, les recomiendo ponerse en el lugar de un niño de 10 años en zona rural. De otro modo, pensarán como mi amigo el filósofo. Pero en fin, opiniones...

Humildemente, la recomiendo. Creo que vale mucho la pena. A mí me gustó. Buen final de jueves por la noche. Y yéndonos por el lado puramente sentimental, he de reconocer que me han dado grandísimas ganas de ser niña otra vez y hacer cosas buenas sin pensármelas tanto. Ni modo, a tener 25 y seguir.
P.D.1: Pregunté a mi hermanito de 10 años qué haría si en el malecón del río Chira (por donde suele jugar) encontrara una cueva con un niño de su edad encadenado. Me dijo, muy seguro: “llamaría a la policía”. O sea, de todos modos se metería en el asunto… ¡Adoro a ese enano!

P.D.2: Los adolescentes lanzamaízpopcorn se quedaron mudos a los 15 minutos, y vieron la película con total atención.

martes, julio 12, 2005

El pelirrojo

Había pasado toda su adolescencia de morenita regordeta y, en su cabeza llena de hadas rubias, creyéndose la niña-púber-adolescente más fea de su clase. Pero sacaba casi las mejores notas de su año (la niña más bonita y blanca tenía notas aún mayores, algunas de sus compañeritas se esforzaban por hacérselo saber), y en su casa le habían llegado a convencer de que era la inteligencia más importante que el exterior, aunque, de todas maneras, no eres fea, hijita.

El papá sobre protector y celoso, además los trabajos de fin de semana en el negocio familiar, no le ayudaron a mejorar su nivel de aceptación con los chicos de su edad. Ni siquiera el mudarse de barrio, pues le prohibieron contundentemente hacer grupo con las chicas y chicos de la calle esa, porque tenían malas costumbres.

Además, un accidentado paso de sus padres por la religiosidad exacerbada de una secta con cariño recordada, le sumaron a su cabecita de niña-genio sin ganas de serlo, la certeza de que no se debía tener enamorado hasta después de acabar la carrera universitaria, que las drogas llegarían a sus manos como demonios destilando ácido muriático (y el lugar más seguro era, evidentemente, su cuarto, tras su puerta-cortina, muñecas y libros) y que si alguna vez llegaba a masturbarse, no entraría al Reino de los Cielos.

Sin embargo, así como en casa le quitaban mundo, así se lo daban. El trabajo de la familia la exponía a conocer y hacerse conocida a nivel de toda la ciudad, de todos los alfabéticos segmentos sociales y, a la vez, le permitían observar a través de una cámara, comportamientos, actitudes, gestos, miradas, danzas. Y como bien metida estaba en el asunto, hasta aprendió de olores, sonidos y sabores, populares casi todos, exclusivos algunos, con falta de ubicación. En fin, le quitaron mundo, pero al mismo tiempo, le llenaron las manitos de él (y la espalda de fuerza, y el sentido común de maña, para moverse con soltura, sin dejarse ensuciar, entre todo y todos).

Pero masturbarse seguía siendo un pecado de lo más mortal (menos mal que no le exigieron ir a misa), y tener novio, ni hablar. De pronto se enteró que el amor dolía, ese amor alto, flaco y pelirrojo, que pasaba frente a su naricita una y otra vez, pecoso popular del barrio, con la chica de acá, y la de allá, y la de más a la esquina, y hasta esa muchacha mayor, a quien llamaba prima. Sí, señor, el amor dolía.

Escribió sobre él en un diario. Pensó que un cuaderno bien forrado, con florcitas y un dibujo de su invención por día escrito, serían el perfecto cofre para los tesoros de su corazón. Y claro, no se le ocurrió mejor caja fuerte que entre el colchón y las tablas de su cama. No pasaron dos semanas antes de descubrir que mamá ya lo había leído, y con detenimiento. En esos arranques de ira que solía tener, lo hizo pedazos y se avergonzó de ser quien era. Quizás fue una de las primeras veces en que quiso morirse, y además en serio. Pero no, mejor no.

Masturbarse seguía siendo un pecado, y tener novio, ¡Dios me libre!

Aún miraba al muchachito largo, de pelos rojos. A veces compartía sobrenombres para el pecoso ese, cabeza con ají, ¡horrible! Pero se moría, se moría porque la mirara, se acercara, le diera un beso y fuera su enamorado.

Nada.

El muchachito éste no era su primer amor. Ya se había ilusionado, un par de años antes, con un chiquillo igual de pálido, pero acastañado, mientras recitaba una poesía en el aniversario de su colegio. Fue el inicio de esa cábala, de enamorarse de intérpretes, la mayoría de veces sólo mientras interpretan (canción, poema, violín, guitarra eléctrica, relativo total).

Creo que también empezó su gusto por lo hombres irracionalmente altos.

La pobre chiquilla regordeta encontró un día, justo en la puerta de su casa, al pelirrojo y al acastañado, jugando como los dos mejores amigos de toda la vida (después de todo, es lo que eran). El corazón nunca antes le había dado tantos saltos (masturbarse seguía siendo un pecado), por el gusto de verlos a ambos, y por la conmoción de verlos juntos, y además como amigos. Y claro, en la puerta de su casa.

Acercarse despacito. Hola. El pelirrojo le respondió con algo de familiaridad, con el otro no era la cosa. Permiso, voy a pasar, es mi casa. Ajá. Cerró la puerta, entrar como si nada sucediera, ¿total? Dos semi-dioses adolescentes haciendo fuercitas en la puerta de su casa eran el pan de cada día....

De pronto, la convocatoria de chicos creció. Pero claro, no era por ella, sino por las hermanitas brasileñas que se habían mudado a vivir en el piso de abajo. Lindas, blancas, de cabello claro con inversión propia, y un poquitín marihuaneras. Fue por aquellos días que la nena supo a qué olía aquello, previo escándalo de papá y mamá. Nada del otro mundo, ¿no?

El chico acastañado se emparejó rápidamente con una de las niñas nuevas, pero el pelirrojo no. Es decir, coqueteaba con una, con la otra, pero no. ¿Qué pasaba? Nada, seguramente, nada con ella, de hecho. Y un día, volviendo del colegio, el chico en cuestión, el semi-dios del fuego, en uniforme único escolar, dos años mayor que ella, caminó a su ritmo un rato en la acera de enfrente y luego, pasó a la de ella, gordita, aunque ya no tanto, y le habló.

Fue bonito, fue el acercamiento más bonito hasta hoy, según dice ella, pues nada sabía de él –y muy poco de la vida-, por ende, nada temía. Entonces, todo fue rosado y azul marino, y fresco, y de ensueño, y el viento levantaba los cabellos que llevaba fuera de la trenza anti-calor que se hizo corriendo a la salida del cole, y levantaba también algunos de sus mechones rojos, los que le caían sobre la frente. Era el hombre más hermoso que había visto jamás, y seguía siendo pecado masturbarse, pero la masturbación, por entonces, no le importaba mucho (no era momento para ponerse a imaginar los traumas que se le vendrían encima algunos años después).

El flaco pelirrojo, cabeza con ajíes, se fijó en ella. Papá los vio llegar juntos, papá hizo algunas preguntas a la hora de la comida, papá le dijo, sin que ella se lo pidiera, la verdad. Claro, entonces ella no lo asumió como verdad, sino como un montón de tonterías que dicen los papás celosos contra los amigos de sus hijas. Pero ni modo, verdad es verdad, y nada grave, sólo que el muchacho no era un “chico serio”, que ya había estado con todas las chicas del vecindario, que tal y cual.

Sí, la nena estaba enamorada, pero hubo una estúpida tendencia a ser racional, de adolescente fue demasiado racional, quizás porque aún se creía la niña más fea de su clase, y era preciso ser “superior” en algo. Y el trabajo en casa y con la familia, y la experiencia que marca aunque uno no quiera, hicieron que vea las cosas claras, muy a su pesar: sí, pues, no es un muchacho que valga la pena (¿valer la pena para qué, si ambos tenían entonces no más de 16 años?).

Entonces, la nena empezó a desterrar de su corazón el amor puro que cualquier adolescente de 14 puede sentir por un muchachito no tan dañino, casi de esa edad, un poquito mayor. Y aunque le picaba la pancita cada vez que lo encontraba por la calle, y se sonrojaba ante sus coqueteos, sabía que no valía la pena estar con ese semi-dios del fuego, quien tantas veces la había visitado en sueños (¿eso también era masturbarse?).

¿Qué hacer, entonces? A los 14 hay mucho tiempo libre, luego de las tareas escolares, el trabajo en casa y el hermanito menor. ¿Qué hacer, qué hacer?... Dejar que el subconsciente decida no dejarla sin historias de amor, dejar que los abrazos añorados se sientan reales. ¿Dibujar? No, muy evidente. Escribir.

En un nuevo diario, esta vez de llave y candado, que además llevaba a todas partes, empezó a gastar lapiceros, completar su fallida historia de amor, hacer felices a otros, inventar nuevos finales para sus películas preferidas, soñar con seres pálidos, cada vez más pálidos, sensuales, delgados, andróginos. Poco a poco apareció la patología. Oscuros, molestos como lo tendría que haber estado ella con su alrededor, diferentes al semi-dios del fuego, luminoso, que aún le hacía la corte, con toda dulzura y desparpajo, frente al barrio, y que se entere el mundo entero.

La nena no pudo callar su enojo, por ello, sangre en sus letras, sangre en sus dibujos, demonios, vampiros… ¿Qué pasó aquí? Mamá siempre te crió para que seas una niña buena, de tul y encajes y los mejores modales que la hija de una profesora puede tener. ¿Qué pasó aquí? No sé, pero me gusta. Me gusta.

Y de tanto hacer felices a otros en sus cuentos, quiso también ser feliz ella misma, y entró en sus hojas de cuaderno con candado, perfumado porque no había más remedio, y fue quien siempre hubiera querido, una princesa no, una guerrera, una mujer-macho fuerte y nada gorda, temida y añorada por hembras, pero amante de algún hombre a quien nunca llegaba a encontrar, con quien nunca podía estar, quien siempre tenía que irse o siempre tenía que morir.

Cobró fuerza, el nuevo dios. Fuerza, rostro, voz. Masturbarse seguía siendo un pecado, ¿y qué? Alexis lo valía, Alexis lo valía todo (leyó el nombre en algún libro de historias griegas). Y ya estaba, ahí estaba, su amante, él, contra quien nadie, ni demonios, ni vampiros, ni compañeras de clase chismosas, ni flacos pelirrojos, ni papá, ni mamá, se podrían oponer. Alexis, su final.

domingo, julio 03, 2005

¡No es tu problema!

Admito que no soy la mujer más “open mind” del planeta, por una sencilla razón: no tolero la asquerosa “unidireccionalidad” de los “mente abierta” de hoy en día, pues tienden a no aceptar como válido cualquier pensamiento “conservador” (llaman así a todo lo que les parece) que vaya en contra de su libertad para hacer lo que se les de la gana, siempre, donde sea, como sea y con quien sea.

Y no soy moralista, pero no me da vergüenza que alguien me llame así a causa de mis ganas de no soportar las incoherencias y las injusticias.

Sé que hay normas de convivencia a respetar, no porque sean “sucias leyes humanas”, sino por tratarse de simple “buen trato”, inherente a nuestro instinto de conservación y formación de grupos (¿han notado que, por la calle, hasta los perros se saludan?).

Yo no le hago daño a nadie oyendo la música que escucho, siempre y cuando no haya un enfermo convaleciente en el departamento de al lado... ¿Imagínense cuántos ángeles y demonios le haría ver al pobre si pongo el Master of Puppets de Metallica, a todo volumen, un domingo al mediodía?

Claro, tantas veces he respetado a quienes no suelen hacerlo conmigo, sí pues, ¿y? No siento haber perdido nada, vivir en vecindario no es una competencia, aunque a veces parezca lo contrario.

No sé si sea parte de mi tendencia psicológica a enclaustrarme y mi vida de ermitaña, que suele romperse con salidas en grupo al cine, o a comer celebrando el cumpleaños de alguien. No sé. Pero sí sé que no me viene mal ser como soy, aunque a veces exagero (siempre hay cosas por corregir y mejorar) y otras tantas, simplemente, meto mi nariz donde no me llaman, porque siento que sí es mi jodido asunto y ya.

Tal parece que vivir y andar por las calles consiste en no mirar a nadie, no sentir a nadie y no saber de nadie. Alguna injusticia no ha de dolerte si no te la están haciendo a ti, ¿total?, por las “puras webas” no te vas a hacer problemas. Entonces... ¿para qué estamos?

Hombre, tampoco te digo que me voy a meter a la casa de mis vecinos de abajo, para opinar que no deberían tener tantos perros en un depa tan chiquito, pues están solos y necesitan compañía, aunque sí les digo, de vez en cuando, que los dejen bien alimentados al salir, porque ladran demasiado y a veces resultan un poco “insoportables”. En fin, cosas de esas... (me han dado permiso de echarles agua con un rociador, jejejejejeje)

Y tanto rollo, sólo para contar que además de no soportar a los “mente abierta unidireccionales”, tampoco aguanto a los “relativistas”, porque no pues, porque es una actitud conveniente ante cosas que son universalmente negras o blancas. De acuerdo, es cierto que cada ser humano vive un universo de experiencias y aprendizajes, diferente a los demás, y que un ladrón que roba por hambre tiene (o debería tener) menos pena que el que roba por pura ambición y tal, pero...

Pero creo que me faltaron cursos de filosofía para darle forma a lo que quiero decir.

El otro día, cuando estuve en Puerto Maldonado, salí con la gente de un albergue que había conocido. Buenos tipos.

Primero fuimos a una disco de por afuera, puro ritmo musical brasileño. Luego, a otra más “céntrica”, con toda la música del ranking de “Studio 92”. Muy bueno todo, hasta que vi a dos mujeres peleando. A una de ellas la sacó abrazada un hombre grande y gordo, tal vez su novio, no sin antes darle un empujón contra la barra a la otra flaca (podría catalogarse como “defensa propia con armas no equitativas”)...

La mujer, que tocaba con facilidad los 40 años, se sacudió el polvo, se arregló el cabello, y continuó disfrutando de la fiesta. Me dijo que era de Lima y miraba a todas las chicas de mi grupo, empezando conmigo, con una expresión muy poco maternal, más bien lésbico. En fin, ese sí que es asunto de ella (y de la que quiera ligar con ella). Punto.

Al poco rato, un muchacho pasó por encima de nosotras y se lanzó de inmediato a sacar plan. Lo consiguió en tiempo récord. Entones, una de las guías del albergue, muy bajito y casi con dolor: “Angelita... ese pata(n) es el novio de la administradora del albergue... sí, es él”...

Bueno, ¿y a mí eso qué me importaba? Total, apenas si había conocido a la administradora y ni siquiera me había caído del todo bien (claro, prejuicios míos, seguro esperaba que la mujer se lo pasara haciéndonos la fiesta, con todas las cosas que seguramente tendría que hacer)... Pero bueno, estaba lo suficientemente borracha para:

- Hola... Perdona, ¿tú eres Fulano, verdad?

Y Fulano, espantado... Entonces:

- Yo: Sí, sí, tú eres Fulano, el novio de Sultana, la de tal y tal sitio...
- Él (sudando frío): ¡No, no soy, te estás confundiendo!...
- Yo (antipatiquísima): ¡Sí, sí eres! (risa)
- Él: ¿Cómo me conoces? ¿Quién eres?
- Yo: Me llamo Ángela, ¿pero qué más te da?
- Él: ¿Y cómo conoces a Sultana?
- Yo: Porque soy reportera...
- Él: ¿Trabajas con ella?
- Yo: No...
- Él: ¿Qué cargo ocupas en el albergue?
- Yo: ¡Ninguno! No te espantes. Ya te he dicho que soy reportera y, francamente, sólo la conozco de dos días... Pero ellas sí trabajan con ella (las guías, de brazos cruzados y gesto grave).

Fulano saludó a las chicas con todo el cinismo del mundo. Preguntó por Sultana, dijo que la iría ver en estos días. Luego se volvió a mí:

- Él: ¿Qué quieres?- Yo: ¿Cómo?
- Él: ¿Qué quieres que te de a cambio de que no digas nada?
- Yo: Ay, no seas idiota. Si ni sé quién eres, caíste, imbécil. Pero bueno, ellas son amigas de Sultana y verán lo que harán. Yo, mañana me borro de esta ciudad. Pero me encantó hacerte pasar un mal rato, para que no pienses que puedes hacer daño a la gente que te quiere, y salir siempre impune.
- Él: Pero dime quién eres...
- Yo: Nadie, ¿ok? Nadie.

Luego de eso, lo confieso, ni siquiera me atreví a ir sola al baño, sino con una de las guías. Ella me contó que Sultana “podría estar” embarazada del adorable muchachito, y que no era la primera vez que le ponía los cuernos, pero que ella estaba muy enamorada y ciega, y que tal y que cual, y bueno, amiga, ya verán ustedes lo que hacen. Yo, sobre todo después del roche, sí le contaría a la mujer de 5 idiomas bien hablados que su amado se desboca cuando ella no está cerca, aunque me mande a la mierda, ¿total?...

Cuando he contado esto que pasó a amigos y amigas, la primera respuesta ha sido: “¡Pero qué antipática eres! ¿Cómo se te ocurre hacerle ese roche? ¡Pobre!”...

Es decir, que si mis amigos ven a mi novio besando a otra, ¿no le dirían nada, para no hacerle dar chucaque?... ¡CARAJO!

Tampoco se trata de andar por ahí buscando intrigas, hablo de actuar ante evidencias tan vergonzosamente tangibles.

Pero bueno, salvo para las guías, esa noche fui la bruja más mala del mundo, sobre todo en opinión de mi compañero de viaje, quien, en parte porque ya estaba molesto conmigo (otra historia) y en parte porque herí su susceptibilidad de “mente abierta unidireccional y relativista acérrimo”, me gritó un fiscalizador: “¿Y acaso era tu problema?”.

No sé, pues, no era mi problema. Pero me resulta difícil confiar en un hombre o en una mujer que traiciona sus propios “te amo’s”... Bueno, eso de entrada, que si luego hay Sultanas capaces de tolerar a Fulanos de este tipo, ¿ya qué me queda?

Hombre solitario


¡Jó! Pobrecito. Y yo pensando que solamente las mujeres necesitábamos encontrar "equilibrio emocional" luego de algunas malas experiencias (¿o será porque el tío que compone estas canciones es andrógino?).

Cosas que pasan aquí, en la China y en Finlandia (¿despechadosanónimos.com?)...

Bueno, ahí la dejo, con un enlace al vídeoclip. Esto es a cambio de un post que estoy preparando, relacionado con la sapientísima y archiconocida frase: "No es asunto tuyo"... Si me da tiempo para acabarla hoy, lo hago y la publico de una vez, pues me está picando en la conciencia cual ladilla de trasero (¡arggggg!).

Va:

Belinda fue mía hasta que la encontré
abrazando a Jim
y amándolo

Entonces vino Sue, me amó profundamente
es lo que yo pensé
sin embargo lo nuestro
también murió.

No sé lo que seré, pero hasta que pueda encontrarme
una chica que estará (conmigo) y no jugará a mis espaldas
Seré lo que soy
Un hombre solitario
Un hombre solitario
Un hombre solitario

Lo he tenido donde el amor es un mundo pequeño
Algo de medio tiempo, un anillo de papel
Yo sé que esto acaba teniendo una chica que te ame
correcta o incorrecta, débil o fuerte

No sé lo que seré, pero hasta que pueda encontrarme
una chica que estará (conmigo) y no jugará a mis espaldas
Seré lo que soy
Un hombre solitario
Un hombre solitario
Un hombre solitario...

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Belinda was mine 'til the time that I found her
Holdin' Jim
And lovin' him

Then Sue came along, loved me strong,
that's what I thought
But me and Sue,
That died, too.

Don't know that I will but until I can find me
A girl who'll stay and wont play games behind me
I'll be what I am
A solitary man
A solitary man
A solitary man

I've had it to here being where love's a small world
A part time thing A paper ring
I know it's been done havin' one girl who loves you
Right or wrong weak or strong

Don't know that I will but until I can find me
A girl who'll stay and won't play games behind me
I'll be what I am
A solitary man
A solitary man
A solitary man...