miércoles, mayo 25, 2005

Nunca "él" (no para mí)

No podía irme sin verte, hablar contigo. Apenas había notado lo importante que resulta, algunas veces, tenerte cerca y contarte alguna de mis embolias sentimentales. Sé de sobra que nunca me aconsejarás bien (salvo aquello de "que todo te llegue altamente", que resulta útil algunas veces), sin embargo, te escucho, pues es bonito oírte decir cuánto me quieren otros hombres, por ser tan especial, por ser esa persona a la que siempre buscaron, aunque se atemoricen luego, aunque no quieran perderme, aunque mi mirada los haga, algunas veces, retroceder. Es bonito, aunque no sea verdad, pues no son sentimientos de "otros", sino los tuyos, lo sé.
Es una estupidez siquiera pensar en la posibilidad. Me gustaría tener un libro lleno de historias de amores victoriosos, y no estos imposibles en los que me encanta meterme (aunque no siempre es a propósito). Mira tú, mezclarnos entre locos, apartados del resto, como si de veras el diablo nos hubiese juntado.
Hoy he tenido un día extraño, lleno de sueños raros y de besos imaginarios. Hoy tenía tantos, tantos deseos de besarte. ¿Para qué? No sé, ni siquiera sé qué me hubiese gustado sentir. Sólo sé que eres un amigo de esos que nunca se repiten, casi incondicional, aún con todo.
Y mira que traté de seducirte (por supuesto, te diste cuenta), pero recordé lo bien que me cae tu esposa y lo lindo que es tu hijo mayor (al más pequeño no lo tuve presente, lo siento). Bendita moral-cobardía, bendito paso atrás, muy a tiempo, sin dar lugar a necesidad de explicaciones.
Dices que la gente como nosotros siempre se mete en líos, que es parte de nuestra naturaleza, que tal y cual. También dices que, a lo mejor, podríamos encontrarnos en otra vida. Sí, tal vez sea una buena idea. Es extraña esta amistad, pero no puedo dudar que lo sea (gracias por cuidarme).
A ver si evito meterme en más problemas. ¿Cómo se me verá con 5 kilos menos y el cabello cortísimo? Todo un muchachito. Hombres, a retroceder. Gracias.
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Hoy conocí a una bruja. Me dijo que le gustó mi mirada, que era una mirada amable, que vuelva a buscarla. Adiviné que era una mujer especial, todos los demás la creyeron lesbiana. Hoy una bruja se enamoró de mi mirada.

martes, mayo 17, 2005

Game over

Ya cuando tomamos la carretera, me di cuenta que echármele encima al chofer para hacerle perder el control sería injusto. Eso, mientras sonreía animándole a aumentar la velocidad, y me burlaba con gratitud del trío de periodistas que venían en el asiento de atrás, totalmente dormidos, pobrecitos. No, no iba a ser justo abalanzarme sobre el chofer.
Tardé mucho rato en notar una segunda opción. Se me ocurrió mientras jugaba a que el viento, a 120 kilómetros por hora, se llevaba mi brazo derecho. Si solamente fuese un poquito más valiente, un poquito más...
El cinturón de seguridad en su sitio. Sólo dos movimientos: quitar el seguro y abrir la puerta. Apenas si tendría tiempo para gritar. ¿Cómo quedará mi rostro, después de caer?... Y, lo más importante, ¿de verdad quiero caer?
Hace tres días fui a verle, luego de pedirle al cura del pueblo una muy postergada confesión, escuchar misa, comulgar después de muchos meses, y salir de la iglesia cantando "My happy ending", de Avril Lavigne. Pésimo presagio.
Lo cierto es que todo el día tuve la sensación de llevar piedras en el estómago y el pecho cargado de aire. Conversé con la gente de siempre, con "Toñito", aún asada por no poder decirle por qué estaba asada; con Eddy, sobre tortugas que tienen miedo de hacer las cosas, hasta que es demasiado tarde (aunque el cura me dijo "nunca es tarde"). En fin, collage de colores, palabras, y sonidos, como es la vida.
Debí tomar una botella de agua, llegar con actitud de "¿te muestro mis fotos de Paloblanco?". Entrar, demostrarle que su perro me quiere más que a él, contarle nuevos pormenores de mi tan sonado trekking y empezar... "Es que, además de enseñarte fotos, también quería decirte algo..."
Probé mi determinación jalando de golpe la manija de la puerta, aún con el cinturón y el seguro puestos. No se abrió, pero ya vi que puedo. El viento se lleva mi brazo, espero que luego me lleve entera, a algún sitio, lejos de... mí. Me quito el cinturón.
Mira, yo quería dejar claras varias cosas, antes de contarte lo que he decidido. Creo que debo decirte todo esto porque luego no quiero arrepentirme por no haber hablado, además, así soy yo. Ay... no sé.
Beethoven, al lado, echado a mis pies, mirándome con ternura, quizás adivinando que lo necesitaba más que su amo (el instinto nunca falla). Allí seguía. El amo, sonreía, esforzándose por poner su cara más seria y segura, esa que nunca mostró cuando, decía, moría por estar conmigo... Tendrías que haberte visto así de indiferente cuando te conté que David, mi compañero de viaje, no era mi novio, en lugar de ese brillo feliz y esa sonrisa radiante, niño tonto (más tonta quien se dejó conmover).
Es sólo un movimiento, sólo un movimiento. Quito el seguro, abro la puerta, es todo. Es todo.
Mira, yo te quiero, ¿ok? Es decir, en una medida razonable para el tiempo que llevo de conocerte, y todo eso. Te quiero porque te lo supiste ganar, antes del declive. Eh... lo cierto es que cuando supe que te gustaba y que querías estar conmigo, tuve miedo, porque aún no podía evitar llorar por el asunto de Adrián. Tuve miedo de hacerte daño y perderte.
También tuve miedo de la rapidez con que habías decidido que me querías. Pensé, y ahora sé que no estaba equivocada, que sería por tu soledad aquí en el pueblo, porque no conoces más gente, más chicas, porque... no sé, porque te caigo bien y de tanto ser mi hombro para llorar, te encariñaste conmigo. Entonces... me habría encantado que confiaras en mí, que me dijeras lo que sentías, no por mí, sino por todo, y quizás habríamos podido ayudarnos, tomar buenas decisiones y ahora... no sé, estaríamos juntos, en mejor situación, no sé si como enamorados, la verdad no creo, pero... bueno, da igual razonar sobre cosas que ya no ocurrieron.
La verdad, no estoy tan segura de querer caer... No hay un buen motivo para morir y hoy tampoco es un buen día para tragedias. Sin embargo, bastaría sólo un movimiento...
Mira, ese día que hablé contigo, te busqué porque ya estaba un poco harta de que todos supieran lo que tú sentías por mí, y que no pudieras decírmelo. Fui lenta, debí apresurar las cosas antes de que se enviciaran. Tenía miedo de que se enviciaran y sentí en mi corazón que eso estaba sucediendo, por eso quise conversar contigo, y te busqué. Cuando vi tus ojos ese día, supe que algo malo pasaría, que me iba a doler, que iba a llorar. Pero si fui tan valiente para llegar a ese momento, me quedaría quieta, escuchándote. Quizás eran corazonadas erradas.
Y tú, me contaste que nunca te casarías antes de los 30 años, asunto que no me interesaba en lo más mínimo. Y me contaste también que todo había sido una cuestión de chismes, aunque sí te atraje mucho, desde que nos conocimos. Luego, cuando pasó lo de Adrián, pensaste que tal vez... y que hasta hace dos semanas estabas muy animado, pero de pronto había llegado, quizás del cielo, la plena convicción de que no funcionaría y que no valía la pena perderme como amiga. Y que te sientes solo, pero estás mejor así, y que mejor no, lamentablemente.
¿Qué querías que dijera?... Quise contarte de mis miedos, pero cerraste la puerta, por completo, antes de preguntarme, antes de todo. Me echaste sin darme chance a decirte que estaba tan asustada como tú, que no estaba lista para una nueva relación, que te quería, que me gustabas, que me habría gustado estar más tiempo contigo, conocerte más, quizás, que luego sucedan cosas, de modo natural, convertir este asunto en nuestro, como debe ser, y callar las murmuraciones. Pero me cerraste la puerta.
Por eso estoy aquí, para contarte ahora lo que ha estado pasando en mi corazón desde entonces. A partir de ese día, la nostalgia por los días bonitos de un amor pasado se apoderó de mí. Y mira que si ese chico, que ahora está en Irlanda, se me declara otra vez, no lo aceptaría. Pero si pudiera repetir la historia mil veces, mil veces lo haría. Te sorprendiste. Yo sólo fui sincera.
Así estoy, así me siento, así te quiero. No estaba lista, no lo estoy ahora. Pero menos lista estaba para perderte, como sé que te pierdo en este momento. Porque tu miedo me da miedo, porque tu inseguridad me duele, porque tu mirada de cariño contradice la dureza de tus palabras, porque sí, porque no quiero sufrir, porque cuando estoy contigo me siento débil, porque no me dejas hacerte bien y eso me daña, porque no me quieres, y es todo lo que necesitas saber.
Basta ya de decirlo a otros, basta ya de "la quiero, pero sé que no va a funcionar", por favor, basta ya, no hablemos más del tema con nadie más. No pienses por mí, no te repitas tanto que me estás protegiendo. Todo es tan simple, todo es tan "no me gusta", y nadie te va a obligar a estar con alguien que no te gusta, así de no complicado.
Seguiste con lo mismo: es que sí me gustas, pero la atracción que sentía ya no está y sé que no va a funcionar...
Bueno, cariño, no estoy aquí pidiéndote nada, sólo te he dicho lo que siento para que lo sepas. Y que sepas también por qué de pronto no me acerco a ti, o tal. No sé cómo reaccionaré mañana, no sé qué tanto me importa toda esta historia. Además, no quiero estar contigo, es decir... no es, aún no era el momento, nunca lo fue y a estas alturas, no lo será.
Es que no estoy para tomar decisiones ahora, salvo esta, de no verte más. Te quiero, pero aún echo de menos a Adrián, cariño, que lo sepas. Si dejé de llorar por él contigo, fue porque noté lo que sentías, y no quise hacerte daño. Quizás debí ser más franca, en fin, Dios sabe por qué deja que pasen algunas cosas.
Lloré...
Mamá no me va a perdonar esto nunca, ni el abandono, ni la vergüenza de tener una hija suicida. Puf... Y la verdad no tengo un buen motivo para hacer una cosa así ahora, pero por favor, Dios mío, ayúdame a sacarme cualquier idea de estas de la cabeza.
"Gracias por la temporada de vacaciones que vas a darme"... No debiste decir eso, no debiste, qué feo... Pero no eres para mí, después de todo. Beethoven tiene un mal sueño y se acurruca más a mis pies. Ya me voy, sólo estoy esperando que no se note que he llorado, acá la gente siempre habla de más. Me duele saber que te estoy dejando, pero es mejor que mantenerme a tu lado, así como quieres, como "amiga buena", sólo para que te sientas bien. Soy más importante para mí que tú.
Sé que eres el más "sensato" aquí, sé que estás seguro de que "no debemos estar". Por favor, no pienses por mí. No se dice "no debemos", se dice "no quiero estar contigo", es lo que yo digo, razonablemente todo es tan obvio, lógicamente debería rechazarte de modo más efectivo, no estar aquí, por cariño y porque así soy, contándote lo que voy a hacer. Me dueles y debo "aborrecerte" por ello, con la rapidez con que quito las manos del fuego cuando empieza a quemar. Pero que sepas que es para estar mejor, para olvidar este asunto y poder ser una persona buena y desinteresada contigo.
Sí, ya sé que me ayudarás con eso de pasar más tiempo en el campo, lejos de mí. Gracias por la cortesía. También sé que estarás 3 meses con visitas, y que no tendrás tiempo de pensar en mí. Oye, gracias de verdad, qué amable, qué amable.
Bueno, era eso. Por favor, basta de decir cosas a otros. Por favor, basta de hacerte el "héroe". Por favor, basta de pensar por mí. Por favor, basta de mirarme como me miras y de ponerte triste cuando te doy la espalda. Por favor, basta de ser el racional del cuento. Por favor, basta.
"Me parece raro que decidas algo así, si sé que sueles ser amiga de tus ex enamorados" (gracias a Dios no te respondí que era amiga de aquellos que me habían regalado una historia de amor para recordar)... Sí, soy amiga de mis ex, pero luego de largarme un buen rato. Bueno, no dejas de ser un tipo admirable (suspiro). Que te vaya muy bien, que... Dios te bendiga, que no te sientas solo... Y que te quieran mucho, mucho, mucho (sonrisa tierna y compadecida... abrazo). Chau.
Dios mío, saca de mi cabeza esta tonta idea, que no tiene caso, que tampoco es tan importante. No me duele tanto como yo pensé, es sólo que tengo miedo de... otra vez no... ¿cuánto más?... No, si esto no ha sido grave y gracias a Ti, ya se acabó, ya nada, ni una lágrima, tiene caso. No era para mí y no era yo para él. Qué pena. Pero no duele tanto, entonces este deseo de lanzarme de la camioneta debe ser otra jugarreta de mi imaginación y de mi bien controlada tendencia autodestructiva (Gracias a Dios, creo en Él).
Y nada, llegando a Piura resulta vergonzoso hacer una tontería de estas, mejor nos ponemos todos de acuerdo, vamos al cine a ver "Cruzada", luego salimos a unas cuantas cervezas bien conversadas, y después, a dormir, que mañana (hoy) hay que trabajar, porque el martes subo de nuevo a Chalaco, con la gente que hará el vídeo institucional (una semana dando vueltas), y la vida está para ser vivida, everyday.

sábado, mayo 14, 2005

Conversando con mi mejor amigo...

¿Es culpa mía? ¿Acaso hay una edad en la que queda prohibido hacernos ilusiones?
No... Sin las ilusiones, ¿cómo prepararíamos nuestro corazón para acoger en él a un nuevo y querido extraño? Racionalmente puedo admitir que es buena persona y desear conocerle más, pero, ¿cómo llego a querer quererlo?
No, las ilusiones no están mal... ni siquiera estuvo mal pensar que las respetaría y que no las rompería como lo hizo, porque él estaba tan ilusionado como yo.
Me niego a andar por el mundo desconfiando de la gente a la que quisiera poder querer, pues ya bastante tengo con cuidarme las espaldas de los "tangenciales" obligados que cada quién se encuentra en la vida.
Y no voy a dejar de ilusionarme, porque sería condenar mi corazón a dejar de querer... y quizás dejar de ser como me gusta ser.

viernes, mayo 13, 2005

¡Y aún teniendo estos paisajes...!

Hoy ha sido un día de esos largos, bien largos, cuando sucede que todo el tiempo corres el riesgo de cometer errores, lo sabes, pero aún sin querer, los cometes.
Quizás hablar de más frente a personas extrañas, qué carajos, pero lo suficientemente insignificantes (ex profes) para decir todo lo dicho, en sus narices.
No puedo obligar a los demás a quererse entre sí, eso nace o no, tragando prejuicios. Menos a quienes trabajan conmigo. Estoy un poco podrida de esas actitudes de jefe en estreno, queriendo que todos sepan de su poderío sobre un grupo poco trascendente de subordinados; del hippie iconoclasta, bueno con todo el mundo, pero intolerante ante quien no considera tolerante; del par de niñas que quieren arreglar los líos (amorosos) de todo el mundo alrededor, a veces jodiéndolos más (sin mala intención, por supuesto); del artista introvertido que huele a "yo necesito"... y cosas que me revuelven el estómago nada más porque soy una 'inche vieja amargada de 24 (casi 25) años.
Si me pongo a enumerar las veces que toda esta gente de la que despotrico ha dado la cara por mí... Me siento mierda, vaya.
Vieja amargada, con urgencia de entender o, al menos, comprender que cada gente tiene un universo en la cabeza, un "ying yang", un ángel y una migraña, empezando por mí.
Ahora soy jefa de "Toñito", y tras su sonrisa que, por los mil demonios, parece franca y tiene que ser franca, porque no puede ser tan buen actor, tras su sonrisa en la que me encantaría creer, porque a lo mejor es de verdad a ratos, tras ella ha de odiarme, o al menos detestarme, o al menos querer demostrar que sabe más que yo y poder contarlo a la gente, porque es así y el que se resiente, se jode. Como me descuide, me da veinte vueltas, que no por las puras va a cumplir 40 años un día de estos.
Ay, "Toñito", tú y tu bocota, y yo, sin saber cómo tratarte. Nunca dejas de sorprenderme, tarado buena gente, cínico, entusiasta de ideas geniales, hipócrita. Das ganas de tenerte cariño, pedazo de imbécil, ¡pero qué ganas de tenerte cariño das, cabrón!
Y como no sé cómo juzgarte, doble cara de mierda, ni siquiera te miro a los ojos, para no darte uno de esos malestares espirituales que suelo causar cuando quiero mirar feo, bruja loca. Por eso prefiero mantenerme al margen de ti y no compartir tu entusiasmo, que hasta de eso me has privado, carajo. Y mira, por no poder ser objetiva contigo, me estoy yendo al otro lado, a ratos casi caigo en las fauces de la "Cobra".
Cobra Real, mi buen amigo Cobra, otro de estos, ¿quién te entiende? ¿Cómo debo tratarte? Ya sé que te simpatizo y te he movido fibras paternales, Cobra, porque además me recuerdas a mi viejo. Tú y Gran Jefe, los dos me lo recuerdan, y me jode, porque sí, porque mi papá era otra nota, Cobra.
Mira cómo me confundes, Cobra Real, tan inteligente, tan simpático, tan interesante y tan hijoputa. Otro "ying yang" buena gente, como todos los paridos por Eva. Mira que sé que no debo confiar en ti, pero me muero de ganas, porque sí y para no complicarme la vida, porque la idea de que me estás utilizando para algo que aún la videncia no me ayuda a descubrir, duele. Me gustaría estar convencida de tu veneno, Cobra, como hasta hace poco. Qué bien le trabajas el cerebro a la gente, perro, pero qué buena gente eres y qué ganas, qué ganas de confiar en ti. No es momento de sacudir prejuicios, Cobra, todavía no, hay algo que... no. Jodido tenerte cariño, Cobra, bien jodido.
Gran Jefe Toro Sentado. No digo nada, le debo lealtad y hay que ser coherentes.
A veces duele ser quien hay que ser. Vacío (ya debería hacerme a la idea). Me gustaría estar en otro lugar, lejísimos, con otras miras frente a mi nariz. Quizás haciendo la lucha junto a mi ex, en Irlanda (sí, idiota, seguramente él iba a querer llevarte)... Tal vez en Tierra del Fuego, en la China, en cualquier lugar que no sea aquí, lejisisísimos.
Vieja amargada malagradecida. Más vacío (no, no voy a acostumbrarme). Que no se me note la soledad frente a los que me quieren, no es la voz, aquí hay que disimular, hasta en el blog, sí, no, no sé, no sé nada, olvídalo, hola, no sé, con las luces apagadas es menos peligroso, aquí estamos, entreteniéndonos, una negación (más).
Sí pues, Dios, me siento sola y asustada por el vacío y la bulimia emocional. Mírenme, soy una adolescente de 15 años, ahora ya pueden empezar a aconsejarme, o mejor no, já!, debería mirar a mi alrededor y ver que todo está bien conmigo, porque lo está, es sólo este corazón partido a la mitad, sin nadie que acepte completarlo, y qué cursi, carajo, pero no pues, son tonterías, que la vida es más que amores, pero no me interesa, ¿cómo te lo explico? Pero... ¿por qué tengo que explicarlo?
Prioridades: este informe interminable (ya me madrugué en la oficina otra vez), buscar un depa barato, que en junio me largan porque llega la hija del casero (adiós recuerdos, adiós historias, eso está bien). El trabajo, el trabajo, el trabajo. Me encanta este trabajo, gracias a Dios tengo este trabajo. No sería gran cosa sin este trabajo. Me gusta, en verdad, lo santificaría si no fuera sugerencia de Escrivá, por puras ganas adolescentes de llevar la contra.
A estas alturas ya no sé de qué me estoy quejando. Seré más "adulta" la próxima vez.
Feliz cumpleaños, Blanquita. Buen vino. Feliz cumpleaños, Romyna, sorry por no acordarme.
Sería bueno dormir un poco, que trasnochar no es bueno para nadie. ¿Alguien ha visto a mi vasallo de la rosa azul?

domingo, mayo 08, 2005

Tiempo

Sólo estaba pensando y llorando un poco, ya por costumbre a estas alturas. Las historias con final "conocido" merecen ser vividas más intensamente, pero ya debo saber que, por lo menos esta vez, no será posible, y no puedo pensar siquiera en desperdiciar mis fuerzas y toda mi valentía en alquien que... no sé, simplemente duele.
Y recordé alguna frase de Adrián, a quien nunca llegué a amar. Mi cariño hacia ti, niño mío, es ahora diferente, y me gusta tenerte del otro lado, al menos cada dos semanas.
"No llores, Angelita, no llores. Aún nos quedan más de 24 horas para estar juntos"...

martes, mayo 03, 2005

Los caballos eran fuertes, pero no andaluces...

Crónica de 15 horas caminando, de ida y vuelta a La Capilla de Paloblanco (Pacaipampa – Ayavaca, Perú), por puro gusto.
Palo Blanco es uno de miles de caseríos de nuestro país, poblado de gente que vive a su modo, casi sin participar de un sistema político y social que sólo les hace partícipes de sí en tiempos de elecciones, y si es que cubren un porcentaje interesante de adultos con DNI.

Palo Blanco está lleno de mujeres blanquísimas y bellísimas, que pierden los dientes a temprana edad por falta de calcio y, en general, de una buena alimentación. Pero les da igual, sonríen a voluntad y posan para las cámaras de extraños visitantes, siempre y cuando les dejen peinarse un poquito antes, “para no salir tan feas”.

Palo Blanco, como muchos pueblos de nuestra sierra, tiene sus cerros sobreexplotados con cultivos de agricultores que piensan antes en los estómagos de sus familias que en afanes ecologistas universales, esas cosas de las que sólo podemos ocuparnos quienes tenemos las necesidades básicas cubiertas.

Palo Blanco tiene niños que juegan entre rocas, pastizales y abismos, saltando, corriendo, riendo, llorando, pastoreando ovejas que suelen pesar más que ellos mismos, arreando mulas y vacas, yendo a las escuelas los días que el profesor puede subir (3 días a la semana, da igual por culpa de quién), aprendiendo con sus padres a memorizar su agenda agrícola anual, y con sus madres, a nunca morirse de hambre.

Los más coquetos y pudientes tienen caballos, buenos ponchos y sombreros. Los señorones y señoronas muestran orgullosas sus esmaltes dentales tatuados de estrellas, corazones, hoces y martillos… entonces no se sorprenden tanto si les explico que fue esa misma vanidad la que me llevó a perforarme la nariz, y que no duele tanto como parece.

Conocí Palo Blanco hace casi 2 años. He vuelto poco desde entonces. El paisaje es más hermoso a cada retorno, ahora hay una nueva escuela, gracias a Dios y al alcalde de Pacaipampa (hay que ser justos), pues la anterior se estaba cayendo de a pocos.

Los niños y las niñas, sobre todo, me recuerdan. Antes solía contarles cuentos, cuando me sentaba sola en la pradera, lejos de los cooperantes y voluntarios que compartían mi trabajo, lejos de culturas extrañas, de amores perros, de acentos raros y dolor. Me senté bajo el sol a rumiar mis penas, y me vi rodeada de pequeños angelitos, en plena hora del recreo, exigiéndome historias de allá de donde venía, y cuentos de caperucitas y cenicientas.

Les conté las historias y los cuentos con la voz entrecortada, imité a lobos, cerdos y políticos, bailé, levanté los brazos, sonreí forzadamente y aplasté cualquier pena con mímicas. Los niños y las niñas lo agradecieron, lo agradecieron tanto que hasta ahora me recuerdan y se alegran con mis esporádicas venidas e idas de pocas horas. Y siempre me están esperando, me están esperando, me están esperando.

Estuve en Paloblanco hace unos días. Partí con un buen amigo, de esos que siempre están allí para sacarme de apuros, aunque les agradezca sintiéndome muchas veces sola, sola, terriblemente sola, pese a Dios. Desde mi fiel y traicionero Chalaco tomamos carro hasta un caserío pacaipampino llamado Tierra Colorada, a 2600 m.s.n.m. A partir de allí, a las 5 de la mañana, andar cuesta arriba.

Tierra Colorada, Altamiza, Vista Alegre –visita a doña Catalina, viuda y madre de tres hijos, desayuno a 3100 m.s.n.m., donde la doña Herminia, foto con la familia, mi amigo también come tortilla de maíz, sírvale con confianza, ¿me da más café, por favor?, gracias, mil gracias-, Laguna de Mijal (3200 m.s.n.m), no te preocupes, David, que de aquí para adelante, todo es regular (Palo Blanco: 2800 m.s.n.m).

Tres distritos en un solo día: Morropón, Yamango (reforestación con pinos) y Pacaipampa. Sierra cortada a machete, dice David, sierra irregular, caminos extraños, hasta aquí no llegaron los Incas, no señor. Sierra extraña, hermosa, sierra de mierda, maldita mochila de porquería, ¿cuándo dejamos de bajar? ¡Qué paisajes! ¡Esta es la última cuesta! (esa frase siempre es mentira).

Laguna de Mijal

Yamango

Valle de Palo Blanco


El valle del río Palo Blanco, hasta el fondo, bien tocado el valle, foto para que luego te crea tu papá. De aquí sólo nos quedan 2 horas hasta La Capilla (fueron 4). Vamos, es que en realidad nunca he andado antes por este camino, quería explorarlo… ¡Pedazo de guía que te has conseguido, camarada!

Un ángel de esos que aparecen en el camino (por fortuna fue un ángel, a veces son duendes juguetones los que llegan y hacen perder un poco el rumbo, sólo por fastidiar). El ángel se llama Melciquiades, viene de Chalaco, ha estado en la mula desde la 1 de la madrugada. Vive un poquito más allá de Palo Blanco ¿Has comido algo, niño? No, qué va. El atún y el pan han de servir para algo, y ya son más de las doce del día, así que vamos a entrarle nomás.

Nos toca subida, 2 horas (4) de subida. El mulo puede llevar las mochilas, nomás hay que ponerlas en la alforja y amarrarlas bien. ¿No les dije que era un ángel? Subida. Las Lomas de Palo Blanco, de aquí fueron quienes destrozaron un vivero del Programa en el que trabajo, el año pasado. En líos territoriales es mejor no meterse. Bonito sitio, un señor nos ofreció descansar un poco (seguro luego vendría el cañazo). No, gracias, es que el niño quiere llegar pronto y nosotros tenemos algo que hacer en La Capilla. Sigamos.

Topar con uno de los duendes juguetones al salir del caserío, una señora bruja de esas amables que quieren saberlo todo, te piden las botas y te vaticinan lluvia torrencial en pleno camino. Carajo.

Algunas bajadas más, esto ya es familiar para mí. Sí, ese es el desvío a Choco (Yamango). Ah, pues, por aquí me vine hace más (mucho más) de un año. Mira, por eso ya me acuerdo. Sigue Miraflores, ¿verdad? Melciquiades, el mulo y yo, ya en pampas y praderas, haciendo carreras. Le gano al niño, me gana el mulo.

David, sigue constante, se queda siempre un poco más atrás. Dice su papá que apenas sube y baja escaleras, pero el hombre va bien, resbalando, granputeando, recitando a Chocano, admirando la naturaleza y envidiando a las mariquitas en plena época de celo, cuidando a su vulnerable amiga, que es capaz de bajar y subir cerros sin inmutarse, pero se devasta casi por completo con bacterias llamadas amor y webadas de esas.

Por fin, Palo Blanco, allí en esa loma, más abajo. No tengo corazón para contarle a David que, desde allí, faltan más de 25 minutos para llegar. Tampoco quiero contarle que las bajadas son terribles, resbalosas, y hay que correr, porque nos llueve, nos llueve y nos llueve…

Nos llovió y torrencial. Ya no vale correr, nomás mirar al cielo, ¿total? En 3 minutos ya está escurriendo agua de mi chompa rosada de Saga Falabella y el pantalón pesa el doble. Que Melciquiades se adelante con el mulo y las mochilas, yo espero a David, vamos juntos, pese a las caídas y qué diablos, porque se forman charcos horribles, lodo y la arcilla de las bajadas se cobra coxis con regularidad.

Por fin, ya estamos cerca. Mira, este es Palo Blanco… Mi Palo Blanco.

La buena de Gloria se ríe de nuestra “mala suerte” ¿Mala suerte? ¡Mujer, estamos vivos y llegamos! Echando al aire todo nuestro calor corporal, claro, pero vivos. Y estoy en mi sitio, mi sitio bonito, con los niños de siempre, que crecen de a poquitos, y la gente de siempre, al menos Gloria, su esposo Nieves, los pequeños Talía y Stéfano, y tantos otros, y los que no me recuerdan, pues ni modo, será porque yo tampoco les recuerdo bien, En fin, en mi sitiecito y sin más.

En mi rincón...


Flores para sala de tía pituca, junto al cementerio y en toda la rivera...


Palo Blanco es uno de esos lugares que se apropian de uno. Yo lo siento mío, muy mío y por puro gusto, tanto que, si voy con alguien más, tiene que ser bien especial, como mis amigos más queridos, como alguien que vive y trabaja en Chalaco a quien me habría gustado llevar (y lo habría hecho, de no ser por los últimos sucesos… ¡Y tenía que acordarme de él!)… en fin, a mi mamá no la llevo porque no aguantaría en trayecto y mis hermanos aún son pequeños.

Un día entero, quizás algunas horas menos. Dolor muscular, sí, claro, lo normal. Un paseo por los alrededores, repartición de encargos, muchas tortillas de maíz con queso y café (¡buenísimas!), visita a los peroles, con David y las niñas y, por primera vez en lo que llevo de conocer el lugar, animarme a entrar en esa agua helada que te cala hasta los huesos, que te hace doler la cabeza y qué más da, el sitio es bonito para nadar.

Tortillas de maíz, con queso.


Los Peroles de Palo Blanco, manantiales formados por el río del mismo nombre.


Una asamblea de una ONG amiga, viejos conocidos. Más saludos, despedidas, esta vez prometo no tardar mucho en volver, quizás hacia medio año (vamos a ver cuánto vale tu palabra, Angelita). Estoy pensando seriamente en “adoptar” como hermana a Élida, que quiere estudiar en Piura, pero sin desarraigarse. A ver qué hago al respecto.

De vuelta, por una ruta conocida a medias: la empinadísima y peligrosísima bajada a Pacaipampa, para dormir allí y tomar el Albaca del día siguiente, rumbo a Chalaco para mí, y de frente a Piura, para David.

Cima de la cuesta de 1 hora, de Palo Blanco a Pacaipampa. Desde allí, todo va de bajada (¡y qué bajada!)

El camino, devastador. Subida de una hora, sin parar, hasta llegar a la cima de nuestro mundo y nuestra intensamente corta aventura…

Bajada constante por suelo pedregoso y suelto, vueltas y más vueltas, jode un poco ver siempre a Pacaipampa allá abajo, riéndose de lo mucho que aún nos falta para llegar. Tarántulas, algún conocido de visitas pasadas, confiar en el instinto, el tan mal ponderado instinto que, al fin y al cabo y en faenas como éstas, nos mantiene vivos, por más humanos inteligentes y espirituales que digan los académicos (y curas) que somos.

El tramo final, antes de 30 minutos de carretera: un pastizal. Odio los pastizales. Mi “sitio” en Palo Blanco, mi rinconcito donde he rezado, pensado y llorado hasta dormir y casi congelarme, es un pastizal. Sin embargo, para andarlos cuesta arriba o cuesta abajo, les tengo respeto, más bien miedo. Me ponen temblorosa, torpe, me hacen rodar, torcer los tobillos, cansar, ir más lento. Y nos tocó bajar por uno, ya a las 7 de la noche, ya sin luz, ya cansados. Uno de pendiente casi aguda, de caminos en zigzag que dejaban sobrando a David sentado. Dios, Ángel de la Guarda y todos los santos, no podemos caernos aquí, no permitan que caigamos aquí…

Carretera al fin. Gracias Providencia, gracias, gracias, gracias. A seguir, que lo peor ya pasó. De aquí para adelante, Pacaipampa.

Llegar, llamar a la familia, David, además, a la novia. Avisar que todo está bien, comer como vikingos, descubrir que hay que hacer ejercicios para poner mover los brazos con relativa normalidad, después de cargar tantas horas las mochilas.

Día normal al siguiente. Día bonito hasta tomar el carro, viaje un poco duro hasta Chalaco, demasiado agotados para hablar, contemplando en nuestros corazones todo lo vivido. Y Chalaco se acerca, y con él tantas cosas…

Que tengas buen viaje, David, ya nos veremos en Piura. Yo, a lo mío, trabajo y “todo lo demás”. Pero si el viajecito éste no me ha matado, menos lo hará “todo lo demás”. Y gracias a Dios por ello. Amén.

Gracias por el apoyo y por todo, David (y a tu familia, por confiar en que te traería de vuelta sano y salvo, y a Laura, por quererte como te quiere y ser tan como es).

Arggg!!!

Bruce (Jym Carrie): ¿Cómo puedo hacer para que vuelva a quererme y regrese conmigo?
Dios (Morgan Freeman, el grande): Si encuentras la respuesta a esa pregunta, me lo dices…

Se llama libre albedrío, cariño. “Free will”, para que lo entiendas. Tú de eso tienes mucho, lo sé. Por ello, la lavada de cerebro no es excusa, aunque debo aceptar que quizás te haya afectado en un 40% (Fucking “Toñito”!).

Nadie, ni Dios, puede decirte a quién querer, a ver si eso te queda claro en esa cabeza dura tuya. Y ya tienes mi venia para irte al carajo, que me has cansado, superman, supertonto. Me has cansado.
Valle de Paloblanco, Pacaipampa (Ayavaca) - Perú Posted by Hello