martes, marzo 29, 2005

Amor de los árboles... ¿de cal?

Hoy quiero estar contenta, y pensar sólo en superficialidades (¿por qué no consigo bajar de peso?), olvidar la inmortalidad del zancudo y preguntarme solamente por qué ese par de argentidos gordos tuvieron que fastidiar una canción tan bonita... Y luego, cantarla nomás, antes de ahogarme en archivos fotográficos y cuentas, cuentas, más cuentas. Ahí va...

Ma-ia-hii Ma-ia-huu Ma-ia-hoo Ma-ia-haha

Alo, Salut, sunt eu, un haiduc,
Si te rog, iubirea mea, primeste fericirea.

Alo, alo, sunt eu Picasso,
Ti-am dat beep, si sunt voinic,
Dar sa stii nu-ti cer nimic.

Vrei sa pleci dar nu ma, nu ma iei,
Nu ma, nu ma iei, nu ma, nu ma, nu ma iei.
Chipul tau si dragostea din tei,
Mi-amintesc de ochii tai.

Te sun, sa-ti spun, ce simt acum,
Alo, iubirea mea, sunt eu, fericirea.

Alo, alo, sunt iarasi eu, Picasso,
Ti-am dat beep, si sunt voinic,
Dar sa stii nu-ti cer nimic.

Bueno, ¿y qué ajitos dice? Nada interesante, es un tipo que anda llamando por teléfono a alguna chica de quien está enamorado. Le saluda, le deja timbradas en el celu, se llama a sí mismo "delincuente", "la felicidad" (¡Más lindo!), mete el floro aquél de que no le está pidiendo nada a cambio, anda más loco que Picasso (a ver si saben la historia de cómo este pintor conquistó para siempre a la mujer de su vida... ¡Quitándosela a su mejor amigo!), es "fuertecito", y se queja de que ella quiere irse y no lo lleva, no lo, no lo lleva, no lo, no lo, no lo lleva. Absoluta profundidad.
En fin, no sacaré de ésto una enseñanza antropológica de las mayores, pero al menos me distrae y me recuerda que tengo hormonas (¿han visto a los O-zone en el vídeoclip?... ¡Vampiros andróginos! ¡Me los comería a los tres!)... nada más, a hacer cuentas ahora, que ya estoy vieja para amores platónicos con ídolos pop juveniles (ya les contaré...).

Hace exactamente una semana

La verdad no sé qué hacer con este nudito en la garganta, sobre todo porque no tiene razón de ser, ni de no ser. No debí pedirle que me diera un beso, aunque vi que se moría de ganas. Debí ser más fuerte que todo lo que he sido antes, pero de todos modos hice el tonto. Pensé que no importaba, que era yo quien jugaba y él quien se lo pasaba mal. Pese a eso, me besó, y me encantaría haber estado menos borracha para acordarme bien ahora.
Ahora está avergonzado. Aún no nos hemos visto, quizás deba prepararme para irme al diablo definitivamente (no sería la primera vez)... ya debería irme al diablo desde ahora, sin que me manden, sería más sano para mi corazón y más digno. No sé, no aprendo, me gusta hacer de trapeador.
Lo que sí sé es que no lo quiero (gracias a Dios). Es decir, bastante cariño había, sí, pero el miedo lo ahogaba todo muchas veces, y mi subconsciente, sin dejar de defenderse con malos tratos y golpes bajos. Si las cosas han sucedido así, por algo mejor para mí será.
Creo que debo empezar a olvidar el asunto. Aniquilar las esperanzas (y no deja de sonarme su frase, de las pocas que pesqué en tal estado: "quiero vivir muchas cosas a tu lado, no como amigos sino como enamorados, pero ahora no es un buen momento para mí"). No, ni hablar, las cosas suceden o no suceden, sin más. Y debo verle la cara hasta que acabe su voluntariado... Me gustaría borrarme un rato del mapa, olvidar todo. Aniquilar esperanzas, recuerdo cómo se hace eso, pero no tengo muchas ganas.
Lo haré... ¡Mierda, cómo cuesta el arranque!, pero lo haré. Con lo contrario no gano nada. Y ya está bien de dejarme botar. Siempre lo presiento, siempre sé lo que va a ocurrir, y siempre dejo que me atropellen. Tonta.
Bueno, a ver, hoy tocan unas cervezas negras con las amigas y después, a descanzar un poco de hacer nada. Pero primero, acabar un par de cartas. Luego, a ver si me sale el olvidar este tonto asunto. ¡Y ya está bien de dejar que me dañen, que aquí la bruja mala soy yo!

lunes, marzo 28, 2005

Por ahora, locura.

Es una pena tener que ocultar nombres aquí...

Llegué a la casa de un buen amigo, junto con Angelito, luego de comprar una botella de ¿vino? y envolverla en papel de florecitas coloridas (idea mía). Razón: su cumpleaños número 24. Casi lo olvido, Ángel tuvo que recordarme la fecha (si no, lo habría felicitado tres días después, porque andaba con el calendario atrasado).
Apenas llegar, la novia del festejado (quien acaba siempre convertida en mi "doble espiritual" cuando hablamos más de 15 minutos) me dijo casi sin disimular: "no seas mala, hazle conversación a ese chico, que está solo desde hace rato". Por pura vanidad preferí no llevar las gafas puestas (y luego me quejo si se pierden), así que apenas vi bien al muchacho en cuestión, sin embargo, algo en él me atravesó el corazón, y supe en el acto quién era.
Hace unos días recordaba mi época de "freelancer", siempre con mi filmadora al hombro (herencia de mi padre, recientemente vendida por motivos de fuerza mayor). Cogía lo que salía al paso, y así fue que llegué donde aquellas simpáticas monjas, quienes necesitaban enviar a Lima algunas tomas de su trabajo en el único centro de reposo para enfermos mentales de Piura.
No era esa la primera vez que entraba a aquél lugar. Recuerdo que, siendo muy pequeñita, mis padres me llevaron, imagino que para entregar algún tipo de donativo a la congregación religiosa "San Juan de Dios", quienes tienen a cargo este centro (después de todo, en su clínica de Lima hicieron posible que yo pudiera caminar sin ningún problema). Y bueno, supongo que también querían que me pasara la tarde "humanizándome" un poco (mi padre y sus ganas de pegarme todas sus manías filantrópicas, que ahora me traen tanto lío para conseguir novio).
Los jardines son enormes y bien cuidados, los pabellosnes no dejan de ser siniestros, pese a la limpieza y colorido, los pacientes -sobre todo varones y jóvenes- me tomaron cariño en el acto, y se lucían frente a la cámara. Yo, extrañamente alegre y comprensiblemente triste. A ver si no me vuelvo loca un día de estos, por exponerme a tanta sensación encontrada.
Tres hombres me llamaron la atención: Manuel, a quien conocí de niña con el nombre de "Camotillo", un esquizofrénico peligroso que andaba sucio y harapiento por la gran Sullana, arrastrando un saco mugroso por doquier, tal vez con sus tesoros más preciados. Ah, y luciendo circunstanciales "dreads". Casi no lo reconocí en aquél anciano de cabello corto y totalmente blanco, con parálisis en la quijada y una sonrisa viva que seguramente le dolía mantener, pero aún así.
Otro, llamémosle "Paco". Increíblemente guapo, increíblemente joven, increíblemente adinerado e increíblemente enfermo. Cierta tendencia hereditaria a la psicosis, agravada por un desmedido consumo de cocaína. Parálisis muscular e imposibilidad de decir algo sin gritar. Mientras duraron mis visitas, fui su proveedora oficial de cigarrillos. Así con la vida.
El tercero, "Antonio", un experto en Comunicación Audiovisual, sobre todo en cuestión de iluminación, composición y fotografía. Poco le faltó para adueñarse de mi cámara y hacer sus propias tomas, pero diez años de experiencia en filmación de eventos sociales a todo nivel, me enseñaron muy bien a nunca entregar a nadie el "arma". Lo disuadí, sin embargo, conversábamos con regularidad y casi llego a preocuparme por él más de la cuenta (cuándo no), de no ser porque mi vida fuera del sanatorio seguía andando y, por esos días, iba a agitarse considerablemente (abril 2003).
Ahora mismo he recordado más rostros, más ojos profundos y miradas que, pese a perderse, intentan ser fijas. Algún bromista dijo que mi mirada estaba muy cerca de ser como la de ellos... francamente no sería tan malo, pero aunque la cordura a veces duela, luego de conocer el "otro lado", la prefiero.
Hace unos días me pregunté por "Antonio" y creo que lo encomendé ("ojalá esté bien")... Y en casa de mi amigo me encontré de frente con sus ojos amables. No disimulé que lo conocía y lo saludé a beso y apretón de manos, con gotitas de euforia. Me delaté, pero gracias a Dios él no recordaba dónde nos habíamos visto. Fue lo mejor.
Soy experta en cambiar de temas y lo conseguí casi todo el tiempo, pero de pronto sentía su mirada fija y la pregunta "¿dónde te he visto antes?" se leía escrita en el aire. La verdad es que no lo recuerdo, lo siento, soy muy distraída.
Fumé sólo para hacerle compañía (tabaco negro), hicimos un bonito grupo junto a la novia del festejado y un amigo más (los "fiscales supremos"). "Antonio" acabó pidiéndome el número de celular, no sin antes preguntar si tenía enamorado (no, no tengo). Luego, que soy una mujer muy hermosa (y así dicen que los "locos" nunca mienten...)
Ángel bromeó respecto a las atenciones especiales de "Antonio", entonces le conté quién era. Siguió bromeando con que yo tampoco ando muy "cuerda", así que estaría bien. No, ni hablar. Aunque de todos modos me ha dado gusto verle. Pero no está bien, su mal es crónico y se delata en la mirada. Y yo, quejándome por estupideces (y por los estúpidos que las provocan).
"Antonio" se fue temprano, unos cuantos nos quedamos hasta final. Les preparé "canelazo" (cañazo caliente con azúcar y canela) y casi los noqueo a todos, pese a que un par de "poetas" con pose de intelectuales incomprendidos opinaron que "no fue gran cosa" (luego de haberlo tomado con ganas y sufrimientos, eso sí). Y bueno, estoy aquí, escribiendo y sin resaca. A ver si mi familia llega pronto, para ir todos al cine. Me duele el cuello.
(Escrito a lápiz el 27 de marzo de 2005, a las 3:35 p.m.)

sábado, marzo 26, 2005

Los caballos de verdad no me tumban

Eres extraño a mi realidad, sé que existes, sin embargo la mayor parte del tiempo te siento inmaterial, como un holograma o tantas de mis fantasías. Pero pienso en ti y me pregunto cómo puedo “quererte” (¿o será sólo deseo?), si ni siquiera estoy segura de quién o qué eres.
Mi vida está pasando de puntillas por encima del mar. Sé que no me hundo ni me mojo porque no tengo peso, no tengo cuerpo, no existo en el mundo de los vivos. Podría ser un ángel, pero hay demasiados temores y pecados en esto que a veces aún late en mi pecho.
¿Será que he empezado sólo a “funcionar”? no soy consciente de lo que vivo, de mis avances en el trabajo, de las órdenes que doy, de lo que como. Pienso, con la lengua amarga, que podría olvidar la vida, y para evitarlo escribo. Mas aún escribiendo, no dejo de sentirme entre la realidad, y alguno de mis más profundos sueños.
Quizás si sangrara recordaría mi humanidad. Sólo aquello del otro día, cuando salí a montar, molesta y triste por no ser querida como pensé, y porque las decisiones más acertadas suelen ser dolorosas... Sólo aquello me ha servido últimamente para no olvidar que no soy un espíritu aún, que existe vida en mí y que está viviendo sin que yo lo note.
Y no me siento triste.
Bebí sin comer. Hacia las cuatro y algo de la tarde tenía el estómago ardiendo por tres copas de cañazo y un nudo en la garganta que el primer cigarrillo en seis meses me ayudó a hacer soportable. Aún no siento el peso de mi cuerpo.
Me gustó el blanco cenizo en el que llegó trotando un amigo de mi anfitriona. ¿Me lo prestas? ¡Claro! ¿Le ayudo a montar? (no le dejé terminar) ¡Ah, ya sabe! Sí, claro, tengo experiencia en esto (mentira). Además, si se cae, del piso no pasa (risas) No me caigo... los caballos de verdad no me tumban.
Apenas me importó que el joven cenizo no tuviera freno, sólo bozal. De todos modos no íbamos a necesitarlo. Me dicen que en el pueblo hay otros caballos pendencieros y algunas yeguas, que no vaya para allá. ¿Es peligroso? Entonces vamos.
Casi escapamos corriendo, dimos algunas vueltas temerarias (perdí mis anteojos), alentados por el coro de chiquillos que se dedican a averiguar mi nombre, mis fechas de llegada y mi estado civil, para darles el dato a algunos jóvenes aspirantes a pretendientes que sé que mi estado corpóreo y sonriente tiene por ahí.
No se acerquen mucho, que me lo van a espantar. Pasemos por la plaza de armas, quizás nos lo encontremos de bajada (masoquista).
Fue el trago, el astigmatismo y el tener la cabeza en el estómago, no vi a tiempo a la yegua, pero mi cenizo sí. El chúcaro exaltado pensó que sería fácil aparearse sin que ella esté de acuerdo. No lo fue. Empezaron a darse de coses, una y otra y otra y otra vez. Habría sido fácil dominarlo con el freno, me dicen, con el bozal debí luchar más, y no era sencillo jalarle las cuerdas del hocico, con la hembra pateando.
Creo que pude haber caído tres veces, con el cenizo en dos patas, relinchos y toda su agitación. Pero los caballos de verdad no pueden tumbarme.
Por fin se dio por vencido (el dueño de la yegua me ayudó a disuadirlo). Una mujer, testigo de todo el jaleo, me sacó de golpe la tonta idea de que todo fue un juego: “Menos mal se sostuvo fuerte, señorita, o esa bestia la tiraba con fuera y se habría hecho daño”. No se preocupe, señora, que los caballos de verdad no pueden tumbarme. Vamos de vuelta con tu dueño, cariño, ya tuvimos bastante uno del otro por hoy.
Justo en ese momento llegaste sonriendo, con tu acertado comentario: “Tu caballo se ve molesto” (¡arg!). Tú, quien siendo más débil que el cenizo, ya me habías tumbado y matado en la mañana, y para todo el día. Gracias a Dios una cos de la yegua me dio en el pie, regalándome un motivo para llorar de verdad.
Y bueno, no sé por qué te he recordado, si ni siquiera te siento real. Ya no importa. Aún no recupero mi cuerpo, pero alguien encontró mis anteojos perdidos y me los devolvió. Luego te robé un beso, nada más. Final feliz.

miércoles, marzo 23, 2005

Triste

Nunca aprendí a esquiar, porque antes de lanzarme le pregunté a mi "instructora" cómo se frenaba. Me pasé todo el horrible día en la estación de Saint Pierre con las rodillas cruzadas, las pantorrillas adoloridas y un miedo atroz a caer, por el dolor que seguramente sentiría y por el ridículo ante tanta gente (tener un equipo de esquí formado de ropa de distintas personas era ya bastate humillación para mí).
La verdad es que, al regreso, tuve mucho tiempo para pensar en que quizás no volvería a estar en un campo de esquí, y que debí haberlo intentado (sobre todo me jodía ver a mi amiga María Pía tan contenta, pese a los súper moretones que traía en las piernas). Sí, pensé mucho en aquel viajecito que se prolongó varias horas, porque el chofer del bus se perdió en la provincia Vasco-francesa de Bayona. Lo bueno fue que, de regreso, pasamos por San Sebastián.
Desde entonces, he adoptado la mala costumbre de no dejar de hacer las cosas por miedo al dolor, o por vergüenza. Que me lo he pasado mal muchísimas veces, es cierto. Es más, creo que casi he estado muerta... o a punto, en todo caso.
En una de aquellas depresiones grandes, grandes, en las que decidí ni siquiera consolarme con los ángeles, porque no era con ellos con quienes quería estar, casi me lanzo de un puente. La intención era "reventar", abrir mi pecho y dejar que saliera todo el dolor (ya los cigarrillos y la yerba no eran un buen paliativo). Una de esas voces que a veces escucho, me animó a correr y correr, hasta sangrar por la boca, y a tomar el rumbo del río. Y llegué al puente, sin sangrar y sin estar lo suficientemente cansada para caer muerta.
Subí a la estructura de fierro, me sostuve de unas cuerdas, y estuve buen rato balanceándome, mirando por dónde salir después de la caida, la reventada y el alivio. Pensé que no moriría (no quería morir) pero sí que estaría mejor, aunque seguramente con una pierna rota.
Pero los ángeles son tercos, por más que los hagas a un lado. Uno de ellos vino a mí, y entre gente que se alejaba al verme, o me insultaban, se reían y me llamaban "loca", me dijo: "mira con claridad, si te lanzas, mueres". Y tuve miedo. Salté, pero no hacia el vacío. Salté de espaldas al piso del puente, caí, me puse de pie y salí corriendo de ese sitio.
Decidí que todo eso era demasiado "oscuro" para mí. Y seguí enamorada de aquel tipo por unos meses más, pero de mejor humor, y sin fumar nada. Luego, casi sin darme cuenta, olvidé el asunto.
Conocí a otro chico... me enamoré pese a que moría de miedo y no quería sufrir por eso (tenía muchas cosas en común con el anterior, sólo que el actual era un buen chico). Y bueno, dejé que otra vez me rompieran el corazón.
La verdad es que no sólo en el "amor" soy tan temeraria, pero aquí sí que soy la más inútil. No sé nada de nada.

martes, marzo 15, 2005

Una de mis favoritas de los "Smashing Pumpkins"

Sólo que traducida... es que la siento tan apropiada... Claro, en masculino. Insisto, no existe hombre "normal".

"Ava Adore"
Eres lo que adoro
Siempre serás mi perro…
Serás el padre de mi niño
Y el niño de mi corazón
Nunca debemos separarnos

Adorable muchacho, eres la belleza en mi mundo
Sin ti no hay razones que encontrar

Y arreglarás tus dientes torcidos
Serás perfecto como yo
Serás el amante en mi cama
Y una pistola en mi cabeza
Nunca debemos separarnos

En ti veo suciedad
En ti cuento estrellas
En ti me siento tan bonita
En ti pruebo a Dios
En ti me siento tan hambrienta
En ti choco autos
Nunca debemos separarnos

Bebiendo mercurio
Al misterio de todo lo que siempre debes buscar para encontrar
Adorable muchacho, eres el asesino en mi mundo
Vistiendo ataúdes para las almas que dejo atrás
A tiempo
Nunca debemos separarnos

Y siempre serás mi perro
Porque eres el único al que adoro
Y arreglaré tus dientes torcidos
Serás perfecto como yo
En ti me siento tan sucia, en ti choco autos
En ti me siento tan bonita, en ti pruebo a Dios
Nunca debemos separarnos

Creo que de hombres otra vez (espero que no)

La verdad no sé qué estará esperando. Si hubiera leído mi post anterior, entendería su mutismo y sus ganas de no dejarme avanzar, sin embargo, no lo ha hecho. La verdad me gustaría quitarme de encima, de una vez por todas, cada fantasma (yo) que se empeña en no dejarme vivir...
He descubierto que ahora me da miedo hacer cosas que hasta hace poco no me sorprendían. Era saber que podía romperme el cuello al caer, pero saltar de todas maneras. Ahora tengo la extraña sensación de que mis huesos no van a aguantar una nueva caída de aquellas.
Releo y no entiendo por qué dramatizo tanto, si soy joven, con buen futuro profesional (como no me quede dormida) y "toda una vida por delante"... Sí, seguro, si no me atropellan al salir del trabajo. Es sólo que me llama la atención tener tan en claro el proceso por el que paso ahora, que todos mal llaman "madurez". Me doy cuenta de actitudes nuevas que contradicen a mis juvelines y pasadas temeraridades, y me asusto. Es como si estuviera mirándome a mí misma en un laboratorio, científico y rata albina, todo a la vez.
Mi aparato respiratorio se siente como de madera vieja, enmohecida. ¿Acaso no volveré a disfrutar de los viajes, mi vida? Aún anhelo poder viajar con alguien más, y compartir ciertas locuras, que espero no mueran antes de encontrarlo (y que me encuentre, simple juego de palabras).
Hace mucho que dejé de dibujar, porque asustaba a las niñas suaves y los niños bien. Pensé que sería bueno no colorear más demonios, vampiros, muertos, lesbianas dulces, hombres atractivos y crueles, y a mí misma, devorando todo lo que en la realidad me hacía sufrir. Tantas veces maté en mi mente a tal o cual persona, con banda sonora y escalofriante lujo de detalles. Y nada, ellos siguieron vivos. Mi padre murió antes, y puedo jurar que les gustó, aunque la niña suave que me estoy imaginando ahora se persigne espantada al oírme.
De todos modos, imaginé todas mis venganzas. Por eso dibujaba...

Creo que es mucho pedir que llegue a quererme de verdad un hombre "normal".

lunes, marzo 14, 2005

11 de marzo, 2004.

Adrián,
Hace 1 año y 3 días ocurrió el atentado terrorista más grande que ha sufrido España. Imagino que habrán recordado a las víctimas con respeto. Ojalá la nacionalidad española sea lo que esas personas tanto querían en realidad (en el caso de los inmigrantes) y sigan los trámites para legalizar a los demás afectados. En todo caso, que todos estén mejor, y estas cosas no ocurran más (que ya bastante tenemos con los cientos de miles de personas que mueren en el mundo diariamente por hambre, enfermedades desatendidas, guerras civiles y otras bellezas humanas).
Bueno, tenía que escribirte esto. Quería mandarte un e-mail, pero pensé que eso generaría un intercambio de información para el cual aún no estoy preparada (recuerda que estás "muerto" y eso es lo mejor para mí, por ahora). Sin embargo, en algún lado debía decirlo, y lo hago aquí, aunque quizás nunca te vayas a enterar:
Siempre que recuerde este hecho, siempre que en algún mapa de señalización de vías de ferrocarril aparezca "Coslada", siempre que el atentado de Al-Qaeda llegue a mí por cualquier medio, créeme que le agradeceré a Dios y a todos sus ángeles el que ese día hayas decidido quedarte en casa y no tomar el tren. Siempre.
Y bueno, eso.
Te quise mucho, pero ya puedes olvidarlo.
Te cuidas.
A.

sábado, marzo 12, 2005

¿Quién es más bestia?

No soy una activista contra el maltrato a los animales, ni dejo vivir a toda mosca que se atraviesa frente a mí, para no arruinar el equilibrio de la naturaleza. Como carne, y con gusto, pese a que no debería hacerlo tan seguido, pero no de animales en peligro de extinción. Eso sí, no le compro zapatillas a marcas de usan piel de canguro (All Day I Dream About Sex, por ejemplo), ni a empresas internacionales que explotan a niños tercermundistas, en vez de darle a sus padres buenos trabajos y asegurar a sus familias, para no dejar de ganar las millonadas que ganan con sus productos (¿Alguien dijo "Nike"?)...
En fin, que no soy ninguna ecologista radical, sólo trato de ser justa y así implicarme en cosas importantes que parecen no ser asunto mío, pero lo son, y de todos nosotros. Da igual si nadie más se une, tampoco trato de formar grupo. Pasito a paso...
Pero ya que tengo un blogg, y puedo utilizarlo para decir lo que se me de la gana, procedo:
Indignada es poco. Me encuentro luchando entre denunciar a todo el que me encuentre haciendo lo mismo (aunque la policía se burle de mí), o no ocuparme más del molesto asunto y vivir tranquila. Es que son tantos y ya me han mandado a no meterme muchas veces, y de las formas menos educadas posibles... no sé, igual saco una historieta y la reparto a todos los criadores de ovejas, explicando el asunto del "rigor mortis" y la calidad a de carne, a ver si con eso cambian un poco su actitud.
Es eso... ir tranquilamente en taxi hacia el trabajo, y encontrarme siguiendo un hilillo de sangre enmedio de la pista. ¿Qué es? Un pobre chivo, o una oveja, desangrándose mientras llevan su carne (porque resulta que no es un ser vivo, sino carne) al mercado. El chivo al menos bala, pero la oveja no. Se resigna, se queda callada y cierra un poco los ojitos, cada vez que el mototaxi pasa por alguna piedra y su nariz roza con el suelo, a 35 Km./hora.
Quizás la cabeza de estos animales sea lo menos importante para la venta, por eso sus criadores prefieren llevar el cuerpo cómodamente amarrado en la "parrilla" de estos vehículos, y el cuello colgando.
Personalmente creo que si voy a valerme de un animal para comer o ganar dinero y mantener a mi familia, sería un poco más considerada. ¿Total? La oveja va a morir para que yo siga viva... ¿Ley de vida? Sí. ¿Pero acaso el hecho de criarlas desde pequeñitas no les da a los dueños una pisca de compasión humana? No, ya vi que no. Y así hacen frente a sus hijos, y así harán sus hijos, hasta que se extienda alguna especie de plaga mortal para los humanos entre las ovejas, y ellas acaben con todo alrededor, sin darse por enteradas y, finalmente, cayendo muertas también.
Entonces, que sepan que cuando un ser viviente, con sangre en las venas, muere extasiado (entiéndase: nervioso, agitado, emocionado, asustado, justo como deben estar los pobre animales con la nariz arrastrando en el suelo) se queda "tieso" más rápido, o sea, el rigor mortis llega al toque, la carne se endurece y luego las lindas amas de casa que hacen mercado no van a querer pagar su precio real "porque la carne está dura". A ver si ganar menos les anima a ciertas bestias a tratar mejor a los animales que les dan de comer.

viernes, marzo 11, 2005

Al final del día

De un tiempo a esta parte me siento como toda una respetable ancianita: apenas son las 8 de la noche y ya estoy cayendo de nariz en el escritorio. Y eso, con mil cosas por hacer en mis horas libres (malditos compromisos en los que me meto).
Este trabajo me va a dejar calva, y va a agravar mi locura, hasta convertirla en un mal fisiológico. Ya bastante irritable me he notado últimamente, y eso que estoy tratando de ser "linda". Me gusta System of a Down, pero ya terminó de sonar Aerlials en el Win y justo ahora ha empezado la canción símbolo de mis padres, gracias a la cual me llamaron como me llamaron: Angie (¡larga vida a los Stones!).
Todo mi día ha estado lleno de sensaciones extrañas, como de estar en otro lugar. Acabo de recordar las imágenes de cuando mi padre y yo fuimos por primera vez en moto a un pueblecito rural de Sullana (o Paita) llamado "Puente de los serranos". No sé a cuenta de qué me vino eso a la mente, pero ahí está.
Puf... a donde sea que miro, veo tus ojos, dice Jagger... ¿Qué diablos le habría hecho el buen David Bowie a su esposa de aquél entonces, para dedicarle semejante canción?
Tengo problemas para pasar una tabla Excel al Corel. Estoy a punto de tirar la toalla, e irme a casa a dormir, pero bien pensado... No sé, la verdad es que estar sola a veces no es algo bueno, luego sólo pienso en comer y a estas alturas de mi kilos, no me conviene (necesito dieta con urgencia).
Sigo con mil confusiones en la cabeza, hace un rato pretendí escribir algo más útil que mis tonteos diarios aquí, pero no lo voy a hacer por ética: es que tengo pendientes escritos por encargo (un guión y la correción de un librito) y mientras no empiece siquiera con eso, no tengo derecho moral a hacer nada más.
Trataré un poco más con la tablita esta, y cuando me duela demasiado la espalda, me borro.
Bruja Posted by Hello

jueves, marzo 10, 2005

¡Mande usté, patroncito!

Mi primera gran labor del día: buscar quién les arregle una súper mini cámara digital a un par de belgas, muy feos los dos, con acento español, que han venido a hablar con el gran jefe Toro Sentado sobre inversión en proyectos de desarrollo... y pensar que no me deja ir a Chalaco porque necesita mi "cabeza" aquí en la ofi, frente a la compu, organizando cosas. Irónica vida.
Según los belgas, la cámara cometió suicidio: se cayó solita al agua. Hum... en fin, hay cosas que prefiero no entender.
Con respecto a otras yerbas, el fin de semana llegan tres profes españoles para dar unos talleres sobre desarrollo rural... claro, se darán contra la nariz cuando se encuentren con el ambiente rural que nosotros conocemos, igual será gracioso verles la cara de confusión.
Lo que me preocupa un poco de ese trío es que han sido todos profes de Adrián, en la Universidad, y al menos uno de ellos me ha visto en fotos, y de hecho ha notado que estábamos "liados". Ojalá ni siquiera me haya prestado real atención, que no recuerde mi cara... y si la recuerda, que se guarde todo comentario.
Por otro lado, que me han llegado nuevos "chismes" de Chalaco. Y nada, no entiendo cómo alguien puede mostrarse tan interesado en mí (con todo y cara de tonto) cuando lo comenta con otros, y ser un enorme cubo de hielo a mi lado. Cosas del Orinoco. Creo que me voy a aburrir antes de lo que esperaba.
Ayer vi la película "Héroe". Buena. Templos y solemnidad oriental de las pelis de antaño, sabiduría por sobre todo, planos generales de teatro, tomas al detalle de la naturaleza, miles de extras, fotografía espectacular, cadencia de anime y vestuario alucinante. La historia... en todo momento parece evidente, pero igual tensa y no deja de sorprender. Hay que verla.
(Por fin salió algo realmente importante en este blog)...

miércoles, marzo 09, 2005

¡Ay, alguna gente, alguna gente!

Anoche me dio tembladera otra vez, y más náuseas. Afortunadamente no había comido nada desde el almuerzo, o habría sido un espectáculo tan desagradable como el de la noche anterior.
Salí tarde del trabajo (suelo hacerlo, es la falta de vida social), muerta de sueño y con ganas de entrar en algún estado de "suspensión animada", o como se llame, hasta estar completamente descansada de todo y de todos.
Conversé 5 minutos con mi prima, luego fui a mi casa, a tratar de dormir. De pronto, todos los duendes salieron de mi cabeza, empezaron a dar vueltas en mi cama, y acabé atrapada voluntariamente, como ratón de lluvia, en un rincón, cubriéndome la cabeza con los brazos, llorando y repitiendo obsesivamente: "¡Tengo miendo, tengo miedo, tengo miedo... ya no quiero que me hagas daño, no quiero, no quiero, no quiero!".
De no haber hecho cosas peores en mi adolescencia, cuando pude ver la cara del Demonio rondando a mi alrededor, ahora estaría asustadísima de mí misma, pero creo que entiendo lo que me pasa. Ha ocurrido, y no hice caso a la advertencia, sino que seguí exponiendo el corazón, como si fuese un ovillo de lana para que juegue un gato: ahora lo tengo lleno de heridas y me da miedo.
Lo siento escondido en una caja resistente, lejos de mi pecho y de mí misma. Allí, protegido, no le pasará nada. Eso, claro está, significará que debo luchar con espada desenfundada contra todo aquél que pretenda acercarse. Lo veo tan pequeño, tan deforme y tan sangrante, que ni siquiera me atrevo a tocarlo yo. Duele.
La alucinación me hizo ver cruel a cualquiera, a él, a todos. Invoqué por un buen rato un nombre muerto, que se ha quedado grabado en mi lengua sólo por costumbre. No quiero saber más.
Sin embargo, se me hace tan fácil desear un tonteo, un agarre intrascendente, con cualquiera de mis "útiles amigos", que ni me quieren, ni les importa lo que sienta, sólo agarran y luego pretenden que no me fije en nadie más (imbéciles... ¡Más que imbéciles!). Eso siento que no me duele, que puedo hacerlo, es pasar el rato, una completa estupidez socialmente aceptable, una manera de no estar solo siendo egoista (soledad más grande aún), una relación "moderna", que no daña a nadie, que no compromete a nadie, que no fortalece a nadie y, finalmente, que no hace feliz ni infeliz a nadie. Perfecto "término medio". Total laxitud, tibieza, conveniencia. Creo que sólo a los seres humanos se nos podía acurrir algo así.
Lo otro no... lo otro duele.
Y llorando me quedé dormida, soñé con hospitales y médicos que atienden a sus pacientes con un cigarrillo en la mano, ropa faltante y algún rostro conocido. Nada interesante.
Hoy llegué tarde a la oficina. Pedí permiso, sentí que el estómago se me destrozaba por dentro, la cabeza me estallaba y no podía abrir los ojos de lo hinchados que estaban. Tengo un nudo en la garganta, y quizás el único modo de romper este embrujo sea enfrentándolo (a él) cara a cara (espero estar lista para esa lucha frontal).
Entrando a mi escritorio, encontré a uno de los exquisitos médicos que trabajan por aquí. Lo cierto es que nunca me he llevado bien con todos ellos, demasiado... no sé. Era el de la contratación más reciente. Ayer confirmé que tiene la mala costumbre de boicotear a sus subordinados, para quedar bien él ante sus jefes. Igual estoy exagerando y lo he juzgado mal. Seguramente es un pan de Dios que alimenta a los niños pobres de El Algarrobo. Por lo menos sé que manda medicinas para algunas personas de Chalaco, lo cual es una buena acción, pero que yo sepa, las saca del Centro, no las compra él.
En fin, que es un alma de Dios y yo soy un pequeño demonio. Pero me miró y me dijo, con toda su seguridad de médico: "¡Qué tal bomba te has pegado anoche, tía! ¡Mira esa cara de resaca!"...
Le respondí, groserísima yo: "El león cree que todos son de su condición". Y él, indignadísimo, que muéstrame cuándo he tomado yo, que yo no tomo, que sólo en Chalaco, pero tú mira las bombas que te tiras en Piura. Y yo: "Tú no sabes lo que pasa por la cabeza de las personas que ves a tu alrededor, y lo que es peor, ni siquiera te preocupa saberlo. Así que no tienes ningún derecho a juzgarme, ni a nadie, sólo por lo que crees que ves".
Un "no te alteres", y una retirada lenta de su parte, disimulando que le dije todo esto frente a tres personas más. Y pensar que quería pasar por el Centro Médico para que me revisaran el estómago y la tembladera involuntaria. Pero ni hablar, igual me salen con que tengo depresión por exceso de drogas o una estupidez de esas. ¡Ya que los entiendan sus madres!

Un poco harta de mí...

Recuerdo cuando me puse por lema una frase de Somewhere I belong (perdonen que no llegue a la profundidad de algún filósofo alemán): no sentiré nada más, hasta que mis heridas estén curadas. Lo cierto es que le obedecí al milímetro, no me metí a tonterías hasta que me sentí del todo bien, ¿y para qué? Para acabar igual de mal, aunque ya no deprimida, pues tenía que trabajar y seguir invirtiendo en la casa materna.
Menos mal no se me atravesó ningún puente...
Ahora veo los resultados: me muero de miedo. Anoche temblé hasta vomitar, y lloré hasta quedarme dormida. El miedo me hace ver demonios donde no los hay (o quizás sí) y siento negatividad en el aire, pese a que todos sabemos que no es más que smog, ¡qué carajos!
Quisiera pasarme las horas de soledad tranquila, sin un "él" rondándome la cabeza. Dice uno de mis amigos más sabios que es el precio de tener cuerpo. Tiene toda la razón. ¿Servirán los látigos de autoflagelo de las monjas y los curas? Aunque francamente, el deseo carnal en este caso es lo de menos (lo cual me asusta aún más).
Hay tantas explicaciones para lo que antes solía resolver con un "me gusta" o un "no me gusta". Sin embargo, ahora debo cuidar que "no vaya a hacerme daño bajo ninguna posibilidad". Quizás uno de estos chicos que hay por donde trabajo, de camisa y corbata, misa dominical y familia respetable, sea mejor para mí que un "perfecto desconocido"... ¿Por qué no? Al menos ya sé que no son psicópatas o una "paranoia" de esas.
Las cosas con alguien que está de paso no funcionan, Angelita, ni aquí, ni en la China, ni en la cochinchina... que para otros resulta, bien, pero tú estás condenada a que no, y no, y punto final. Trata con alguno de estos muchachitos buenos que ni siquiera te miran, y que te tienen miedo porque eres una bruja neurótica, que alguna vez fue fanática de Metallica (con todos sus "agregados"), que no tiene caché, le interesa un rábano el roce social y se atreve a vivir sola, sin cuidado ni vigilancia "adulta", en una ciudad tan pervertida como Piura, con sólo 24 añitos de edad, ¡oh, mi Dios!
De pronto caigo en la cuenta que a "él" le gusto así...
Ya no sé, ya no sé. Mi ex estaba experimentando conmigo, creo que soy la persona más "loca" que ha conocido. Se emocionó, luego se desemocionó. Ni siquiera vale la pena pensar en lo que hubiera ocurrido si se quedaba. Puf...
Tengo a mi lado un camino que se ve atractivo, y yo estoy a punto de seguir por la vereda de concreto, junto con todos, en procesión, que es más seguro... pero ese camino me llama, ¡no puedo con mi genio!
Ni modo, a respirar profundo. Supongo que el chico, luego de lo de esta mañana, conversará conmigo. Ya veremos. Igual hasta entonces ya se nos pasó a los dos. No sé si quiero que eso ocurra, aunque sí sé que sería lo más conveniente.
La verdad es que me he ilusionado cuando supe que le gustaba, pero él me gustaba desde un poco antes, y lo reconocí. Tania, Tania, tengo que hablar con Tania, ella lo sabe todo... ¿Dónde está Tania cuando la necesito? (en Talara, con su esposo y sus hijas, mujer, donde debe estar).
Bueno, paciencia, ya conversaremos. Pero este miedo es agorero... Además, mi demonio personal le ha tomado cariño, así que no debe ser un buen chico de todos modos. Sí, estoy loca. Eso, o la ovulación me afecta cada vez peor. Lo que sea.

sábado, marzo 05, 2005

Acúsome Padre...

...de haberme valido de este medio para vulgarizar todo lo que ya no podía contarle a él.
Así fue, necesito sacarlo todo, que quede registrado con fecha y hora, de ese modo tendré "documentos" sustentatorios de mi descargo y podré decir: "renuncié definitivamente, he aquí la prueba".
Ángel me sugirió crear un blog y me ayudó a hacerlo. Bien. Luego, a escribir. Durante los 5 meses anteriores al nacimiento de "Desde mis ojos", cada detalle grabado en mi lengua y mis retinas acababan en un larguísimo e-mail, rumbo a algún servidor de España, y era leído por un muchacho adorable, quien a lo mejor no entendía bien mis proyecciones sarcásticas, pero que seguramente sonreía con la última frase antes de mi firma: "te quiero, no lo olvides".
Recuerdo haberle dado ánimos de mil maneras para continuar una relación que, bien pensado ahora, estaba condenada al fracaso. Por lo menos sé que no volveré a intentar mantener un noviazgo a varios kilómetros de distancia.
Lo pensé posible al incio, no por romanticismo, sino por confianza en la fuerza humana. Muchas parejas lo han conseguido, ¿por qué no íbamos a intentarlo nosotros? Debo confesar que fui soberbia al creer que no habría otra para él, ni otro para mí. Que nos habíamos "encontrado", únicos en el mundo, el uno para el otro, y con eso lo teníamos resuelto casi todo... que el deseo de ser constantes caería por su propio peso.
Casi todas las noches lloraba, extrañándolo, deseándolo y rezando por estar bien y estar juntos, pidiendo paciencia y fortaleciendo la esperanza. Diariamente llevaba apuntes en una de mis tantas libretas multiusos, de esas que compro como material de trabajo y acabo transformardo en "diario" (luego nadie las puede tocar). Anotaba todos los detalles de mi vida, y luego, al final del día, le escribía.
Noté que le agobiaba tener un e-mail mío cada 24 horas, me dijo que prefería las sorpresas. Entonces esperaba a tener más letras, luego juntarlas todas, y despacharle un mensaje electrónico cada semana, o una bonita carta cada mes, con fotos, regalitos, y tanta cosa bonita que me creía incapaz de hacer, antes de.
Las llamadas telefónicas fueron otra historia...
La verdad es que Adrián, en poco tiempo, me trató con mucho cariño. Y yo, pese a darme cuenta de todo, quizás porque tengo el corazón más parchado y más viejo, no quise aceptar que él necesitaba, como yo, amor, y que todo lo que hiciera y dijera sería veraz (no verdad), pues así lo estaba sintiendo.
Lo cierto es que nunca antes me habían dicho, luego de besarme, "te quiero". Y claro, nunca antes me había animado a decirlo yo, pese a haberlo tenido atragantado. Confieso que ni siquiera fui del todo veraz al principio, pero el niño (de mi edad biológica) era tan dulce y se mostraba tan emocionalmente desamparado (aún lloraba a su única ex), que deseé jamás hacerle daño.
La pose de "mujer fría" me duró muy poco. Adrián fue suficientemente ágil, logró derretir mis escudos, y era conciente de que lo hacía, por eso confié. "Siento que te quiero", me dijo. Y ese "siento" nunca me gustó, pero ¿quién diablos era yo para discutir las tantas diferentes formas de amor que existen en el mundo? (tonta, realmente tonta por escuchar a gente de "mente abierta", y dar chance a que me rompan el corazón, sólo porque igual no sucede así y soy una cuadriculada).
Ahora entiendo que no debo dar tantas concesiones en una relación, ojalá haya oportunidad de poner en práctica la lección aprendida.
Luego me enamoré. Nunca al nivel de necesitarlo conmigo siempre, pero me enamoré de su trato, de su corazón tan grande y tan inocente (hasta darme cuenta que la inocencia tenía muchas pinceladas de inmadurez e inexperiencia), de sus deseos de quedarse a mi lado, de la foto con su perrita que me mandó por Internet, de la súper coneja (bastante fea, por cierto, pero empalagosamente linda) que me regaló cuando estuvo cerca de mí (el primer peluche que me obsequia un chico), su sinceridad, la locura de ponerme al teléfono a toda su familia, las palabras de cariño en el buzón de mensajes de mi celular...
Releo y me pregunto lo que me preguntaba entonces, aunque ya sin quererlo a él: ¿con qué clase de vándalos he andado antes?
Lo cierto es que él me perdió por descuido, pero aguantó bastante. No se esforzó, a simple vista es lo que se ve, pero quién sabe. Es un niño, un niño muy lindo y bueno, que no sabe sacarle el lado bueno a lo malo, que su mayor sufrimiento ha sido perder a su enamorada de 5 años (que ha de doler muchísimo, pero son cosas que pasan... ¡Otros se divorcian!), y aún no lo ha superado.
No era su intención buscar a otra chica para sentirse mejor, pues tuvo oportunidad de hacerlo antes, y nada. Sé que le gusté muchísimo. Él me gustó muchísimo también, y le quise tanto como se puede querer a un chico en estas especiales circunstacias.
Esperaba que nos encontrásemos en mayo. Para entonces él tendría ahorrado suficiente dinero y yo pediría vacaciones. Y pasearíamos juntos por todos lados, y nos cobraríamos todos los besos que distanciados no podíamos darnos, y eso, simplente sentirnos cerca, nada más.
Lo cierto es que ha sido difícil sacarlo de mi mente, justamente porque me empeñé en tenerlo siempre allí, presente, totalmente presente.
Sin embargo, hay algo más que debo confesar...
Fue el 3 de enero de este año, un día antes de que Adrián decidiera terminar nuestra relación y proponerme una bonita amistad platónica, hasta vernos nuevamente.
Subí a Chalaco, no recuerdo bien a qué, pero tenía ganas de ver a Justin, un tipo del que ya he hablado en el blog, y que en aquellos días buscaba emparejar con una amiga mía. No había notado antes su existencia, sólo una mirada que me hizo decirle a toda voz "tengo novio", y mostrarle luego, toda emocionada, la famosa foto de Adrián y su perrita (¡Mira, él es mi enamorado, ¿no es guapo?!... ¡Qué insoportable soy!).
Quería fastidiarlo, contarle cosas y reclarmarle por qué no estuvo en Piura para Año Nuevo. Entre tantas tonterías, empezamos a conversar. Me gusta conversar con él, sin embargo, ese día sentí algo especial... tan especial que al salir, me dije: "Con Adrián no podría hablar de este tipo de cosas, porque no las entendería, o no le interesarían tanto como a mí" (el tema fue la importancia de conservar las tradiciones).
Quizás juzqué mal a Adrián ese día, o quizás nunca llegué a conocerlo suficiente. Luego de aquella duda, la certeza: "¡No quiero un novio para filosofar hasta las 3 de la mañana, quiero un novio que me quiera como me quiere él, y punto". Y ya sabemos lo que pasó al siguiente día.
La última vez que escribí a Adrián fue cindo días después de la ruptura, un e-mail terriblemente sarcástico y personal. Espero que haya entendido el mensaje, en vez de quedarse dolido por lo que le dije (sin más, que no era aún un hombre hecho y derecho). Sé que fui muy dura, pero a veces es necesario que se nos digan las cosas (eso, sin más detalle). Espero que de algo le sirva.
No he vuelto a saber de él, pero sé que le ha escrito a uno de los Ingenieros que trabajan conmigo (me lo contó burlándose, el muy perro, y pretendía contarme el contenido. No le dejé), así que ha de estar bien, eso me da gusto.
La gestora de la "separación" absoluta fui yo, él no quería. Es que quien se siente culpable de algo siempre lanza la ridícula frase "seamos amigos". No me interesa parecer inmadura, así como no me interesa ser amiga de alguien que me está dejando. Por ello, tiempo, hasta que no nos importe a ninguno de los dos, ni las ofensas, ni las cosas bonitas, ni nada.
Cuando Adrián me propuso aquello de no ser novios, pero seguir comunicándonos y conociéndonos, hasta vernos, pensé en Justin por una milésima de segundo, pese al llanto y el deseo de que las cosas no acaben allí. Pero pensé en él, y dije: "No. No me pidas que crea que serás un amigo constante, si no lo has sido como novio. Y yo no te seguiré atendiendo con cariño, esperando verte algún día, sin ser tu novia, porque tengo una vida".
Dijo que no quería perderme, pero a la vez me empujaba lejos de él. Me fui, no voy a rogar por cariño, y permanecer donde no quieren quereme. ¡Y al diablo con todo!
Ahora... quisiera darle las gracias a Adrián por liberarme, ofrecerle disculpas por la fuerza de lo dicho, y no volver a pensar en este asunto.
Lo cierto es que he empezado a querer a alguien más. Si es demasiado pronto, pues así sucede a veces y ya. No sé si me anime a empezar una historia nueva por ahora, pero debo aceptar lo que siento, y ser feliz con ello.
Dicho (y escrito) está.

viernes, marzo 04, 2005

Cuestión de formas

"Toñito" es un niño de 40 años, que se niega a dejar los 14, cuando su abuela tenía que celebrar todas sus acciones inteligentes, para no crearle complejo de inferioridad. Complejo de gallina fue lo que resultó, nada hace sin cacarearlo a diestra y siniestra, y se ofende si no le prestan atención.
Con "Toñito" llevo trabajando ya más de un año. Lo he soportado en todos sus estados: niño mimado, niño trabajador de vida dura, adolescente preocupado por la paz mundial, adolescente berrinchudo, adolescente depre, maruja a tiempo completo, consejero existencial, padre de familia, indignado militante social, convenido político, enemigo, amigo y enemigo otra vez de su institución contratante, anciano con sabiduría ancestral, etc., etc., etc...
Lo cierto es que no llego a tenerle confianza, pese a que me cae incoherentemente bien. De hecho, me gusta que trabaje con nosotros, pues finalmente es un buen estratega... pero esa manía de cacarear con fuerza por toda pequeñez o grandeza que hace, y ofenderse si la adulación no llega... en fin.
A todos nos gusta que nos digan "¡Muy bien!", y nos joroba sobremanera que no consideren nuestro trabajo a la hora de llamarnos la atención porque nos sonamos la nariz con demasiada fuerza en la oficina, sin embargo... aún me sabe mal conocer a "Toñito" en su estado más irracional, colocándonos a todos un rótulo de "ineptos porque no hacen lo que yo quiero", hablando mal de su equipo de trabajo en cada esquina de su pequeño pueblo, y amenazando con irse y dejarnos "a la deriva", porque estábamos "destruyendo a su comunidad".
Sé que tuvo motivos comprensibles: aquella mujer a la que llama "mejor amiga", toda una admirable serpiente cascabel (pero buena gente), también compañera de trabajo, le envenenó la cabeza con chismes graves que él creyó desde el fondo de su corazón. Y bueno, ahora que sabe que las cosas no eran ciertas, y que el "Gran Jefe" le ha hecho creer que le tiene confianza (las cosas por su nombre), nos ama, nos adora y no puede vivir sin nosotros (mientras mi nombre esté en planillas, debo hablar en primera persona plural).
Pero no deja de ser "Toñito", y creo que yo, la mocosa que nunca está contenta con nada, es la única que lo ha notado. El otro día llamó la atención muy sutilmente a mi equipo de trabajo allá en su pueblo, porque nunca estábamos en la oficina (claro, con cada quien repartido en diversas tareas, y con nada interesante en la ofi, aparte de la computadora para guardar fotos, ¡anda ve!). Aceptamos la llamada de atención y aceptamos también aquello de pasar por ahí todos los días a las 8 de la mañana, para decir "hola", y luego salir a trabajar... Y acabo de enterarme que luego lo contó a todo el equipo, cual acto heróico, con aderezo incluido.
Quien me vino con el chisme me preguntó qué pensaba, y le respondí: ¿Qué quieres que te diga?... "Toñito" es "Toñito".
Y es que la gente nunca cambia en realidad... los años te perfeccionan en lo que sea que eres ahora: si bueno, mejor, si malo... mucho peor. ¿Pesimismo? Da igual, de todos modos, cuando sea vieja, seguramente seré experta en el conveniente arte del "alpinchismo", en el que hoy soy novata.
Luego, acá en la ofi. Hace un rato me llamaron la atención por escuchar música mientras diagramo en Corel y hacer ruido cuando edito audio (¿?)... Además, que los 4 chicos de mi equipo de trabajo congestionan la oficina (por obvias razones... pero el "Gran Jefe" ni siquiera se preocupó de preguntar dónde estaban ahora... y es que ya subieron a la sierra a sacarse la mugre durante dos semanas, pues sólo permanecen 4 días por acá).
Hay por aquí una española súper buena gente, de mi edad e igual de loca, que viene a hacer su proyecto para sacar la licenciatura. La orden superior es que despache a mi asistente, con todo y computadora, a una sala de reuniones, para que ella ocupe su escritorio. No recuerdo que nadie me haya dejado su oficina cuando estuve en España, sino que amablemente me condujeron a salones especiales para tesistas. Creo que es una mala inversión ponerme a pensar por qué no hacemos lo mismo aquí...
Definitivamente el jefe ha amanecido leyendo su agenda (preguntó por el desorden de unos mapas en la sala tal, que ya no están ahí... en la madrugada se los llevaron a colocar en sus respectivos sitios, jejejejeje... ¡Malasooooo!). Además, que no importa si todos los días nos quedamos trabajando y avanzando hasta las 2 de la mañana, que al día siguiente igual debemos estar aquí a las 8 en punto, "para que no se vea mal". Supongo que algún ente importante de este lugar le ha llamado para darle quejas... y claro, hay que cuidar las formas.
Entonces, al diablo conmigo y las consideraciones con mis practicantes, sabiendo cuánto trabajan y lo cansados que acaban. Voy entendiendo que la supuesta "intransigencia" del Dios de mis superiores no viene necesariamente de Dios...
Ya no me preocupo por comprender a esta gente, después de todo yo soy la peor en cualquier sentido imaginable. Aquí, por lo general, me tratan muy bien, sobre todo el jefe, ¿y cómo le pago? Quejándome de él en el blog... ¡Mira todo el tiempo que he perdido escribiendo esto, en horario de oficina! Ahora, además de no ir al Cielo, me despedirán del trabajo.

Pasada la medianoche

Luego me estoy quejando de que no duermo mis horas completas y por eso ando alterada todo el día siguiente, pero mírenme pues, ya no hay nada que hacer aquí, y sigo en la ofi. Hasta hace un rato la cuestión era productiva (estaba ayudando a uno de los Inges a armar un proyecto de capacitación y sensibilización en el Distrito de Chalaco, para reducir el porcentaje de muertes maternas prevenibles, con alta participación del área de Comunicaciones, y más cosas serias de gente adulta), pero ahora, sólo en el blog y chateando. Bueno, chateo con amigos, eso no será "productivo", pero está bien.
A ver cuánto más aguanto. Con un poco de suerte, hasta me animo a justificar mis últimos gastos de taxis, y me ahorro los agobios de fin de mes... Ni hablar, estoy demasiado zombie, acabaré debiendo dinero.
Me gusta la flautita japonesa de "Nobody is listening", de los Linkin, da ganas de saber bailar hip hop, jejejeje. Igual intento.
Una amiga con problemas amorosos en el msn, a la 1:12 a.m. ¡Dios mío! Y es que yo ya me lo veía venir... Algunas mujeres deberíamos entender que es mejor mandar al tipo al diablo cuando nos da signos de hartazgo, en vez de vivir disimulando lo evidentemente malo y dando "segundas oportunidades" (autoengaño). Que nos choteen vilmente, esa es la consecuencia más dura. ¡Al carajo!
(Ya me gustaría ser así de razonable cuando se trata de aconsejarme a mí misma...)
NUMB!!!! Amo a Linkin Park, sí señor... Lo único que quiero es ser más como yo y menos como tú... me siento tan torpe.
¡Maldita gastritis! (culpa mía, sólo mía, ¡sí señor!)...
Corazón, entierra a tu muerto, llóralo como Dios manda, guarda luto por un tiempo prudencial (no te andes alborotando por otro al mes, como esta servidora) y olvida el asunto, no te puedo aconsejar nada más... además, eso tendrá que pasar de todos modos, es ley de vida. ¡¡¡Y un abrazooooote!!!

jueves, marzo 03, 2005

Shit happens...

Hace un rato, mientras corregía una nota de prensa, se me ocurrió pensar en lo divertido que sería escribirle a uno de mis peores ex's (que tampoco tengo muchos, pero hay que hablar en plural para hacer justicia).
Me pregunté qué sería de aquél hombre de metro noventa y seis (mal proporcionado, por cierto), cara bonita, inmadurez crónica y asfixiante olor a suciedad y axilas. Me cuesta creer que alguna vez eché de menos su aroma agridulce, seguramente de tanto abrazo de esos, ya mi nariz se había quedado sin sensibilidad.
La verdad es que me estaba animando a mandarle un e-mail, a ver qué era de su vida, sin mayor implicación moral, pero luego recordé que... bueno, no es un buen muchacho, así que no merece tiempo invertido. Puf... fue tan hijoputa, que el título de este blogg surgió de una de nuestras conversaciones, luego del cataclismo, cuando yo trataba de intepretar qué había sido él en mi vida... "Shit..." (menos mal que él también había visto Forest Gum y entendía inglés, o encima iba a tener que explicarle cosas).
La gracia de esta rara sensación es que ya estoy curada de él, en absoluto (bueno, a más de un año de aquello, sería anormal que no). No había pensando en ese asunto en varios meses...
Más desvaríos: anoche soñé que vivía con unas monjas en un convento de piedra y barro, muy medieval, y me escapaba para mirar a un joven que estaba en un lugar igual de tétrico, cerca de ahí. Claro, no era fácil llegar de un lado al otro, con tormentas de arena (estaba en un desierto rojo, a lo película de Conan, el bárbaro). Recuerdo que sólo lo miraba, y tenía que volver, pues si me atrapaban, seguramente me matarían o algo así. Creo que habían aves negras. No sé.
Luego, que va en serio, estoy engordando, aunque la balanza diga lo contrario (la ropa nunca se equivoca). Debo limpiar mi minidepa, que está hecho un chiquero, acabar mil cosas en el trabajo, dormir bien por lo menos una noche, avanzar algo de mi desgraciadamente necesaria tesis de licenciatura (rayita negra en mi CV), y tal, en vez de perder el tiempo aquí.
Bueno, ya para terminar, que desde ayer he experimentado una tranquilidad casi sobrehumana acerca de mi futuro: el antipatiquísimo corredor de seguros de vida que ha estado fastidiando las dos últimas semanas con sus aburridas pólizas, consiguió convencerme de tomar una, ¿y saben con qué argumento? Pues resulta que, a mi muerte y con sólo 2 meses de inscripción, mi familia podría recibir 40 mil dólares... incluso si es por suicidio.
Quizás el corredor pensó que estoy loca, pero esa posibilidad fue la que me animó, en serio. Es que a veces, cuando he estado de malas y con ganas de mandar todo a la mierda, me detenía el hecho de saber que un funeral antes de tiempo significaría para mi madre un gasto, una vergüenza y una desconsideración mía muy grande. Esto no lo siente mi familia, lo siento yo: si me muero, se acaba mi parte del sueldo para el sustento de la casa materna. Sin embargo, ahora (se dibuja una amplia sonrisa en mi cara de desvelo) ya no tengo que preocuparme por eso. ¡Cuarenta mil dólares, vaya!...