lunes, febrero 28, 2005

Sobre el demonio y otros amores

Estornudar, escuchar el opening de Lady Oscar, darme cuenta que no acabaré de justificar los gastos de febrero a la hora establecida, menos con esta odiosa reunión a las 4:30, sólo con la gente "YYY", y tal... Con todo, no logro sacarte de mi cabeza.
La lógica me está obligando a "satanizarte", entonces no debe ser tan lógica. Sí, es lógica, lógica de egoísmo o supervivencia, como quieras llamarle. Supervivencia porque no quiero morir de nuevo, menos por tu causa, ni matar la amistad.
Lo cierto es que me he sentido frustrada. Varios meses visitándote cada noche, por las clases de inglés, y la semana pasada... la semana pasada sin poder dar un paso hacia ti, para que nadie invente historias (tú eres el gringo, así que soy yo, necesariamente, la que está interesada, no al contrario, ni a partes iguales. Mea culpa. Punto). Frustrante, cariño, tremendamente frustrante.
Y me habría encantado saber quién eres...
Desaparecer... si fuera tan fácil. No pensar en el futuro, porque no existe antes de ser vivido. Yo, con las alas rotas y mucho miedo. Y debo satanizarte, amigo, para que no valgas el suelo que piso. Satanizarte y a la vez no, pues es tu cultura, es tu practicidad, es tu raza y yo me puedo ir al infierno, ¿total? Debo vivir y dejar vivir, y si no quiero que me dañes, debo alejarme de ti, aunque me duela como me está doliendo ahora.
Hay tantas cosas, desearía que el pasado deje de existir en cuanto es pasado, no conservar ciertos recuerdos, ciertos daños. No recuerdo lo que hice ayer, pero no fui del todo buena. Te traté mal, ¿no es así? Lo siento. Perdona haber desfogado contigo la rabia por no escucharte decirme lo que le has dicho a tanta gente, que te gusto, que no sé qué... Perdóname por hacerte pagar los abrazos que no puedo darte (pueblo chico), perdóname.
Satanizado estás. Cuando te vayas, no querrás un lastre. Mírame, no quiero se tu lastre. Tampoco quiero esperar que vuelvas de tus viajes por Perú y Latinoamérica, porque te irás con tus amigos, así son los trotamundos, ¿qué carajo quieres que te diga? Lo cierto es que no quiero volver a sentir el vacío estomacal de ver a mi novio planificando una serie de viajes, sin mí (el trabajo), porque "a lo mejor no vuelve más" (¡Mierda!).
En fin, muchas cosas malas. Lo malo es que son sólo excusas, de todos modos me gustaría que me lo dijeras. Seguramente no lo harás, te he tratado mal. En fin, que sea lo menos malo para ambos, pero de verdad (¿nunca has sentido deseos de entrar en coma, y despertar cuando todo haya pasado?).
Debo seguir con mis justificaciones, o me quedo sin sueldo. Así las cosas.

jueves, febrero 24, 2005

Tonteando

Creo que debo dejar de justificar lo que hago o lo que siento delante de todo el mundo... es decir, ¿qué carajos me importa si alguien bromea respecto a mi supuesta "fijación" con lo gringos? Bueno pues, ninguno de mis "ex's" es gringo, vaya. Gente tonta y más tonta yo, que hago caso, como si no supiera mejor que nadie qué es lo que siento y a quién quiero.
Por último, no tengo idea de en qué momento empezó a importarme la opinión de los demás para cosas que dependen sólo de esta niña adorable que soy yo, ese niño adorable que es él (el de turno, claro está, que al fijo todavía no lo encuentro), y, ya por necesidad de experiencia, de lo que me pueda aconsejar mi mamá, sólo porque tiene más buena fe que ninguno, para conmigo.
Nota: la opinión de mi madre no siempre es la mejor en estos casos, si tenemos en cuenta que para ella es inconcebible la idea de enamorarse y desenamorarse conforme le rompan a una el corazón... se casó con su primer y único novio.
Hum... he leído el blog de una amiga y acabo de notar lo mucho que sufre por algún ex novio reciente... Jodidos hombres que nos malogran la calma y jodidas mujeres que les damos tribuna en nuestra mente y les permitimos hacernos sufrir.
La verdad es que yo también ando medio baja con estos temas últimamente, pero no me he dejado deprimir como la vez anterior (aunque no sería malo llegar al nivel bulímico, que me hizo bajar 5 kilos de tirón... ¡Ni hablar!). Estuve a punto, pero súper a punto de caer en aquél estado de "duermo todo el día y no me entero de nada, y así que pase la vida"... casi, pero no, gracias a Dios, gracias, gracias, gracias...
Ya no sé, Joelito me contó algo que me hizo poner celosa por "..." y hasta me sentí contenta de tener celos por alguien que no sea mi ex... y vine a la computadora, y empecé a poner orden en mi archivo fotográfico, y encontré una fotillo donde estaba Adrián (si escupo el nombre, se rompe el hechizo), lindo, muy lindo, con su carita de ángel y su sonrisa inocente. Coincidió con "When you're gonne" en el MP3 (¡are, ajo...!) y venga a llorar, Angelita, que eres una mujer como todas y tienes derecho, aunque ya no valga la pena.
Lo bueno es que me sentí mal por "...", pero sé que él lo entendería (por si acaso, crucemos los dedos para que no lea esto)... En fin, tampoco es mi chico, así que ni él ni yo nos debemos cuentas. Y... ahora mismo voy a salir con un amigo y se me hizo tarde. Ya contaré qué tal.

martes, febrero 22, 2005

Un capítulo de "Sex and the city"

Estoy tratando de entender mi enfermiza tendencia a involucrarme en relaciones que sé que acabarán, y además, mal. Hay una canción que todavía duele (Perdido), duele mucho. Le recuerdo… no está bien, pero supongo que no es suficiente tiempo aún para sacar todas las espinitas, y perdonar.
He pensado el fin de semana en mi “patrón repetitivo”: cooperante voluntario, joven, que no estará mucho tiempo cerca. Me he encontrado culpable de cobardía: lo cierto es que me asusta empezar una relación con alguien a quien tengo garantizado a mi lado por tiempo indefinido (aunque nunca se sabe, claro).
Quizás un joven de saco y corbata, cuya familia se empeñe en conocerme a las dos semanas de salir juntos, me espanta. Sin embargo, disfruto apasionándome al límite del suicidio con hombres extraños, que aman con ilusión, y tan rápido como mueren las ilusiones, dejan de amar, dejándome queriendo sola.
Me reconozco culpable de huir a las relaciones “serias y normales”, como las de todo el mundo. No sé si será mi forma de pensar, o mi inconsciente y constante deseo de vivir sin “ataduras”. De algún modo, pareciera que me gusta seguir sufriendo con los mismos tropiezos, que lo prefiero.
No sé qué tan culpable soy. De pronto no me gustan todos los chicos que gustan de mí, como es normal. Algunos me acusan de no apreciar el “producto nacional”. Bueno pues, no es del todo verdad. Me recuerdo enamorada de dos chicos (mi primera ilusión platónica, para empezar, y luego un muchacho de Ingeniería, en mi época universitaria). Soñé con cada uno en su momento, y deseé que algún día pudiesen mirarme con cariño.
Lo cierto es que no estuve con ninguno, no les gusté. Es más, uno de los dos me despreció y se burló de mí, quizás porque entonces estaba muy gorda y todo ese rollo. Entonces, sí que me han gustado, y mucho, chicos de por aquí.
También debo mencionar que estuve enamorada de un buen amigo, pero se acabó en un par de agarres. Fue una decepción para mí, esperaba llegar a estar con él. Nada, y todo pasa por algo…
¿Qué más? Hace 3 años salí con un muchacho de Trujillo, y aprendí lo que es “ligar” sin ningún tipo de implicación sentimental. Se acabó en dos semanas, en decir, dejé de verlo, y no me costó en absoluto.
Por otro lado, está mi mejor amigo, Ángel, a quien siempre he considerado el mejor partido conocido. Pero como dicen, lo que no nace, no crece. Eso sí, envidiaré por el resto de mi vida a quien se case con él.
Entonces, no es una cuestión de nacionalidad o tal. Claro, sería gracioso tatuarme banderitas en el brazo… En realidad, temo que es eso, el miedo a las ataduras, las ganas de no tener responsabilidades, pero no por eso dejar de vivir historias de amor, por demás estúpidas, pero interesantes de contar. Experiencia, a fin y al cabo.
Y pensando en tales cosas, acabo con la cabeza revuelta y me resulta más difícil aclarar qué es lo que siento ahora. Creo que necesito un psiquiatra. Tal vez deba conversar sobre esto con alguien “grande”. No quisiera gustar de este muchacho por “patrón repetitivo”… no sé qué podría pasar luego del tiempo límite en que suelen quebrárseme este tipo de relaciones. Bueno, de todos modos, nunca sabemos qué pasará luego. Ya basta de mí, tengo hambre. Me voy.

lunes, febrero 21, 2005

Así con las hostias...

Luego de una reunión, ayudando a alguien a hacer no estoy segura qué, venir a la ofi, ver un par de video clips súper bien hechos, de concepto indignante, y ahora mismo escuchando “Pain”, de los Jimmy eat world, ya se me olvidó lo que quería escribir. En principio, nada, que da grima conocer tanto del territorio en el cual me estoy moviendo, y un poco de asco-envidia de saber que los autores intelectuales de los adefesios "moralistas" que me están haciendo doler el estómago irán al cielo, y yo no.
Ayer supe por mi hermanito de 12 años, que es monaguillo en la parroquia Tal de Tal, que los sacerdotes o sacristanes o quién sabe qué, guardan una reserva de hostias sin consagrar, para darle la comunión a una loquita local, viejecita, odiosa y harapienta. Mi inocente hermano se creyó la justificación: es que no le podemos dar la hostia como a los demás, porque no escucha misa.
Me ha vuelto la sensación de asco que sentí ayer cuando me enteré de esto. Es decir, la única persona incapaz de cometer pecados a propósito no merece tomar la hostia consagrada, el Cuerpo de Cristo, y todo eso, y todos nosotros, arrepentidos reincidentes, sí.
Digo yo, si no tengo derecho a juzgar a todos los hipócritas que se golpean el pecho en la Iglesia, porque finalmente la misa es una cuestión entre Dios y yo, ¿con qué autoridad estos hijos de la mala mamá que los trajo al mundo le niegan la hostia a la señora?... ¡Si hasta ganas de ponerme a llorar de indignación me han dado! Gracias a Sí mismo, Dios no está ciego…
Y no me importa perderme el Cielo por escribir cosas como éstas, vaya. Lo malo es que me quedo con ganas de lanzar una soberana sarta de palabrotas, pero no las voy a decir para que quien lea esto se lo tome más en serio, y luego no me salgan con “respeto a las buenas formas” y toda esa cala, puf…
Ah, bueno, y ya recordé lo que quería decir: que ya pues, lo reconozco, me gusta el plantígrado de metro noventa… y mucho, por cierto. Pero ya se ve que aún no tengo las cosas claras. Ojalá el tiempo y la Providencia ayuden en serio a que suceda lo que sea mejor para los dos. Igual me lo pierdo, qué sé yo. En fin, que me gusta. Y ya.

sábado, febrero 19, 2005

Intento de vacaciones en Sechura, tercera entrega:

Ya sé que he tardado mucho en acabar con esto, pero el trabajo se ha vuelto especialmente acaparador los últimos días, y eso que no avanzo tanto como quisiera.

Día 3: Ampollas

Despertar a las 6 de la mañana para descubrir que soy alérgica a todo tipo de humo, incluyendo el del incienso. Carla, tan muerta como suele estar cualquier persona normal a esa hora de la madrugada. Me tardé cuarenta y cinco minutos en lograr que abriera los ojos y tomara conciencia de no ser un oso invernando (en verano, y a pleno desierto).
La ducha matinal era innecesaria, igual caminaríamos 11 kilómetros de arenita, piedritas y conchitas, sudaríamos como cerdos y, por lo menos yo, acabaría cual cachalote, dando chapoteos en el mar.
Queríamos probarnos andando en “plano”. Las caminatas por la montaña suelen ser agotadoras, y las piernas se ejercitan una barbaridad (pero no disminuyen la celulitis, eso es un mito cruel). Sin embargo la experiencia de Chulliyache nos había medio decepcionado de nosotras mismas, y debíamos sacarnos la espina (Helen tonta, muy tonta… debiste estar ahí).
Además, teníamos un objetivo claro que nos llenaba de emoción: los manglares de San Pedro.
Nos contó el amable encargado de la oficina de turismo, el día anterior, que en la zona de la desembocadura del río Piura, antes del fenómeno “El Niño” de 1983, no había “mangle”, esa planta característica que rodea las lagunas que forman los manglares y sirven de nido a gaviotas, pelícanos, flamencos y cuanto bicho playero que pase por ahí. Es decir, los famosos “manglares” de San Pedro son relativamente nuevos, y ya corren el riesgo de desaparecer con todo y fauna, pues el río está altamente contaminado…
Claro, con la cantidad de desagües y basura que la gente, queriendo o no, lanza al agua corriente del Piura, y deja "olvidada" en la playa, vamos a ver cuánto nos dura el atractivo turístico...
Mochila, agua, chocolates. Nos bebimos todo el vino la noche anterior, ni modo, al menos no tendremos que cargar con la botella. Frutas (cítricos, sobre todo), Club Social, atún. Mis botas de montaña.
¿Estás loca, gato? ¿Cómo se te ocurre ir en botas y calcetines? ¡Estamos en la playa, aquí se usan sandalias! Ni hablar, Carla, voy a caminar y no juego con mis pies. No olvidemos el pareo.
Tomamos un “estechion” hacia el norte, la entrada al camino que buscábamos estaba a 10 minutos. Extrañé ver al guapísimo policía de carreteras que nos topamos el día anterior, camino a Parachique, pero claro, entonces íbamos hacia el sur.
Ya en el desvío, casi a las 8 de la mañana, y luego de las fotos de rigor, nos adentramos en el desierto de Sechura, ese cuya existencia conocí a los 10 años de edad, luego de ver “La Esfinge”, cuando papá me explicó que el Sahara no era el único desierto del mundo, y que cerquita de casa teníamos uno muy grande, aunque sin pirámides.

Vamos pues, si con ritmo regular solemos andar 5 kilómetros por hora, esto lo hacemos en 2 y media, con descansitos para tomar agua. Fácil que a las 10 y media ya estamos en la playa.
Apenas las 8 y diez y el sol se ha ensañado conmingo. Empiezo a entender la utilidad de la tela árabe (¿o era india?) de mi pareo, a ver si me sale bien la imitación de mujer beduina y consigo colocármelo elegantemente en la cabeza y hombros, para evitar una mayor insolación… ¡O ya, ponérmelo como sea, que me quemo!
Luego de una hora de pisar conchas, y notar que un solo mototaxi pasaba y volvía sospechosamente por el camino afirmado, seguramente llevando pescadores y sacando pescado a la carretera, notamos la necesidad de los chocolates. Sí, dejan sensación de sed en la garganta, pero energizan, y la sed real se pasa con agua.

Sólo el típico espejismo de charcos a unos cuantos metros adelante, y la sensación de ver las cosas a través de vidrio mojado. Por lo demás, todo bien (nada es tan grave mientras no imaginemos una discoteca caribeña con piñas y daikiri).
Sólo arena… luego, sólo arena y plantitas pequeñas. Más adelante, arena y árboles chatos (no arbustos). Después, arena otra vez. Agua, fruta, a andar de nuevo.
Notamos que nos acercábamos a una zona excavada. Decidimos investigar, pues al fondo se veía una casita en ruinas y un letrero. Vamos a ver, no importa si luego descubrimos que en letrero dice: “Haz quedado atrapado en una dimensión desértica por acercarte aquí”, ¿verdad, Carlita?

Dimos algunas vueltas, tomamos fotos emulando tristemente a “Xena, la princesa guerrera”, y luego, de vuelta al camino, pues ya nos dimos cuenta que estas excavaciones no son ruinas ancestrales, sino una triste cantera abandonada.
¿Ya son las diez de la mañana? ¡Y la playa no se asoma por ningún lado, sólo desierto! Espera, que luego de esa lomita, seguro la vemos. Más desierto. Sigamos a la siguiente lomita… más desierto. ¡Otra lomita, la última! Más desierto, pero… allá, como a dos kilómetros adelante, hay una especie de “barrera” de plantas… ¡Los manglares! Ya falta poco, poquito, menos de una hora, sí.


Once y diez de la mañana, de cara con el mangle… Genial, y ahora… ¿por dónde pasamos? Nada, habrá que rodearlo… ¿izquierda o derecha? Izquierda (y la bocana estaba a la derecha). Avanzar un poco, atravesar charcos de agua tibia y estancada, con la promesa de comprar luego alguna versión de "canestén" en loción. Un claro…

La imagen más bonita del día, lo talones adoloridos nunca importan tanto como esto.
Don Pedro Pablo, pescador, natural de La Unión y experto en asuntos de visitantes perdidos, amarró juntas dos balsitas de esas en las que Carla había prometido nunca subirse, y nos pasó al otro lado.

Luego nos guió hasta el mar… belleza. Prometió recogernos a las 2:30... San Pedro era todo nuestro, y al diablo lo demás, incluso esas molestas ampollas en los pies de Carla, gracias a sus playerísimas sandalias. ¿Yo? Muy bien.

Algunas monedas para don Pedro Pablo, nunca suficientes para compensar su amabilidad. Además de regresarnos a la entrada de los manglares, nos acompañó un poco en el desierto, guiándonos por un camino sin agua estancada. Nos veremos pronto señor, tengo un amigo alto, muy alto, a quien le encantaría venir por aquí (ve tú a saber por qué se me ocurrió pensar en él).
Las ampollas de Carla le hacían ver el camino de regreso más lejos de lo que en realidad estaba. Confía en mi sentido de la ubicación, hija, y toma, ponte mis botines de montaña, y mis medias (¿total?...), a ver si así te duelen menos los pies. ¿Listo? Sigamos…

A este paso la hacemos en cuatro horas, y aún menos. Ya nos enteraremos de la carretera cuando estemos en ella. ¿Aún queda agua? Bien. Oh, life is bigger… it’s bigger than you and you are not me…
Animadas por la canción, empezamos a andar más rápido… Losing my religion, trying to keep up with you… y más rápido, entonces quizás lleguemos antes de lo previsto. ¡Así no va la letra! Ya da igual, ¿quiénes te van a decir algo? ¿Los gallinazos?... Gallinazos, de pronto estos buitres enanos salieron de todas partes, volando sobre nuestras cabezas. Un segundo de “¿por qué?” y varios minutos de carcajadas… ¡Estos bichos creen que vamos a morir, que estamos agonizando!
Mejor ir calladitas… ¡Nooo! Sigamos cantando, ¿te sabes alguna de Green Day?
Una camioneta llena de hombres nos pasó en el camino, y paró a diez metros. Ni loca. Hum… aunque podrían ser pescadores, entonces no habría problema. Empiezo a correr hacia ella (confío que Carla hará lo mismo). Veo que también hay niños y hombres mayores… y redes, y gorritas, y tal… sí, son pescadores.

¿Qué tal, muchachas? ¿De dónde son? ¿De Piura? ¿Periodista? ¡Qué bien! ¿Estudiante de Psicología? Mira tú. Estamos aquí desde las cinco, hemos tenido pesca regular, a veces es mejor. Las jabas llenas de pescado van bajo nuestros pies, cubiertas de redes. Los niños colaboran porque están de vacaciones, pero dicen los grandes que sobretodo toman sol. Risas.
En poco rato pasamos la cantera. Lo era, la abandonaron porque el “confitillo” (piedra de construcción, para mezclar con el cemento) empezó a salir de mala calidad. Bueno, ¿y ahora? El motor que está malo desde ayer. ¡Todos los hombres, bajen a empujar! ¿Nosotras? Tomando fotos, y aprovechando nuestra condición de “frágiles damiselas”. Dicen los pescadores que jamás harían andando el camino hasta la playa, como nosotras (sonrisa de satisfacción).

¡Adiós, chicos! ¡Algún día iremos a Vice! ¡Gracias por todo! ¿Y ahora? A buscar comida… ¡Pescado, pescado, pescadooooo!!!!

En la ciudad
(ya me cansé, sigo luego)

miércoles, febrero 16, 2005

Jóvenes profesionales solteros buscan...

Esto es para que alguien sepa que siempre cumplo mis amenazas. Te presento a Joel y Justin, dos amigos, “cumpitas”, y compañeros de trabajo, de estos especimenes que una se encuentra en Chalaco-city sin imaginárselo mucho.
Bueno, de conocerlos como los conozco, te puedo contar que ambos valen la pena. Joelito es profesor de Historia, y encargado tácito de todo el componente “Educación” del Programa Chalaco. Justin es Adminitrador (aunque suele negarlo), y voluntario de Cuerpo de Paz. Buenos tipos.
Cualquier interés particular, favor de comunicármelo. Yo me encargo de seleccionar requerimientos (tampoco puedo cansar mucho a los muchachos, son mi mina de… perdón, ¡mis amigos!).
Hasta otra.

martes, febrero 15, 2005

¡Que el diablo se las lleve!

No tengo fuerzas para una cosa de éstas, ni ganas de hacer la lucha. Lo cierto es que preferiría una papilla bien colada de vida completa, sin sobresaltos, ni novedades, ni necesidad de consideración con nadie más que conmigo misma...

En un día de necesidades creadas por algún Dpto. de Marketing

Me gustaría poder borrar esta tonta sonrisa de mi cara, tonta, tan tonta, que todos la han notado, la única ilusa que creyó todo el tiempo no ser evidente: yo.
Quizás esto no tenga mayor trascendencia (no sería una gran sorpresa), pero pese a mis miedos y faltas de aire, ya quisiera que fuese el principio de algo que llegue a valer mucho, pero muchísimo la pena.
¿Aquello de “no apresurarme” significará que no debo agarrar con él? No quiero hacerlo, quiero darle un beso. Nunca agarro con los chicos que me resultan realmente valiosos para algo bueno (lo siento por algún amigo que entró en el juego, pero bien sabías el terreno que pisabas).
Siento haberlo asustado, pero si continúa allí, creo que es valiente y está bien. No sé, no me imagino nada, apenas estoy aprendiendo a no imaginar nada con mi ex, resulta un poco violento cambiar de excusa para los suspiros. Pero sí me gustaría darle un beso.
En fin, me siento perdida por completo, muy perdida. Quizás esto no tenga mayor trascendencia (¿por qué diablos me preocupo?). Se me ha subido a la cabeza el brindis en taza que hicimos hace un rato en la oficina, por el “Día del amor y la amistad”, con vino de Chincha, cortesía de las niñas de los maníes.
No sé por qué tengo tanto miedo, si me gusta. ¿Será porque también está de paso? (claro que año y medio es más que un mes, pero igual, esto ya lo he probado antes, sabe mal…) No quiero perder a alguien valioso, sin embargo, estoy bien sola… ¡Quisiera que la Providencia sea más explícita algunas veces!...
En fin, basta de desesperación, que es pecado. Voy al baño. Que disfrutes la foto del brindis.