sábado, enero 29, 2005

No sé cuánto tiempo

No tienes idea de cuánto me pesa ahora haberte memorizado del modo en que lo hice, e imagino que ni siquiera te interesa saber cuánto duele recordar tu rostro, y sentir todos sus detalles en las yemas de mis dedos...

No sabes cómo lucho cada noche por añorar a algún otro, pero siempre se me escapa tu nombre, mi niño. Y sigues en mis sueños... ¿Por qué? Tengo claro que no vas a durar mucho tiempo en mi corazón, pero la idea de olvidarte me arranca lágrimas, contra mi voluntad. Y desde aquí lo único que sé con certeza es que no sé quién eres.

Me gustaría abrazarte, sentirte sintiendo que todo está bien a mi lado. ¿Por qué dueles tanto? ¿Quién te dejó entrar así en mi alma? Yo... no puedo quejarme, fui yo. Tuve miedo siempre, pero tú me dijiste que no temiera, que podía confiar en ti, que nunca me dañarías. "Nunca" se acabó en pocos meses. Culpa mía también, era descabellado seguir juntos, estando ambos tan lejos. Pensé que era posible, pensé mal. La vida no es un cuento de hadas.

Me gustaría que leyeras esto, pero no lo harás, no sabes que existe. Te pedí que desaparecieras por un tiempo, y tú, muy obediente, lo harás, porque tampoco te interesa seguir presente en mí. Eres tan bueno, tan bueno... pero veo que no para esta tonta.

Te quiero, y no quiero decirlo más, ni que mis sueños vuelvan a recordármelo. Espero quererte cada día menos. No hay más besos para tí. Me da miedo sentirte tan etéreo. Te quiero.

jueves, enero 27, 2005

Pain

I don't feel the way I've even felt.
I know.
I'm gonna smile and not get worried.
I try but it shows...
Anyone can make what I have built.
And better now
Anyone can find the same white pills
That take my pain away...
It's a lie. A kiss with open eyes
And he's not breathing back.
Anything but bother me.
(It takes my pain away)
Nevermind these are hurried times.
Oh oh oh
I can't let it bother me.
I never thought I'd walk away from you.
I did.
But it's a false sense of accomplishment.
Everytime time I quit
Anyone can see my every flaw.
It isn't hard.
Anyone can say they're above this all.
but it takes my pain away.
I can't let it bother me.
It takes my pain away.
It's a lie, a kiss with open eyes, he's not breathing back...

Sometimes...

Pese a que (te dije que) ahora soy una persona diferente, desde ayer he tenido el deseo loco de retroceder el tiempo, hace 4 años, allá en Pamplona... Debo aceptar que me moriré sin darte un beso, pero supongo que eso no nos importará en un par de años. ¡Que seas feliz, mi buen amigo!




Intento de vacaciones en Sechura, segunda entrega:

¡Cuánto tiempo se va en esto! Puff…

Día 2: De pelea con los cangrejos.

Helen debió regresar a su casa en la mañana, por motivos familiares (mal invento el celular, cuando quieres ser inubicable).
La acompañamos a tomar el bus de vuelta, y luego de deshacernos del cobrador, quien pretendía obligarnos a subir a Carla y a mí, sólo por llenarlo y sin preguntar a dónde queríamos ir, nos largamos a buscar un carro que nos lleve a… ¿Bayóvar o Parachique? ¿Parachique o Bayóvar? ¿Cuál está más lejos? ¿Qué es más interesante, el famoso puerto de Bayóvar o la renombrada bahía de Parachique? ¿Qué pueblo será más acogedor? ¿En cuál de los “estechion” colectivos está sonando “Crawling”, de Linkin Park, para subirnos a ese, no importa a dónde vaya?
Que Bayóvar está a más de una hora, que es aburrido y no hay mucho que ver, nos dijeron. Igual servía para una visita escolar, no para vagar. En todo caso, los chóferes de colectivos no le hacen mucho bien a su distrito, si de impulsar el turismo se trata. De todos modos se agradece la sinceridad. Vámonos a Parachique, por lo menos Carla tenía bonitos recuerdos de ese lugar.
Tomamos un carro que, además de nosotras dos, llevaba mucho pescado congelado atrás y a un señor, por lo visto amigo del conductor, de copiloto. Todos los consejos de mamá fueron insuficientes para evitar que sacara la cámara y me pusiera a hacer tomas de la carretera y algunos pueblos del camino. Me sonó mucho “Las Delicias”, una playa que escuchaba mencionar a alguien que conocí y no recuerdo ahora.
Nos latió el corazón de alegría cuando vimos en la carretera el desvío a Parachique. Dejó de latirnos cuando nos recibieron invasiones de esteras y urbanizaciones establecidas arbitrariamente, al lado de pozas saladas con algunas aves marinas, acompañadas de sus incondicionales rémoras: los gallinazos.
El pueblo me pareció a aquellos barrios de Sullana donde todos van a parar con resaca, en busca de alguna picantería donde sirvan bueno y barato, y luego tienen la suerte de salir vivos de allí para contarlo. El conductor no paró hasta el paradero de buses, colindante con un paradero de botes y barcos pequeños. Chicha y cebiche en la orilla, al lado de estanques y más gallinazos.

¿Qué hacer por aquí? Dar vueltas, mirar cómo reparan los barcos de madera y burlarnos de algunos de sus nombres. Con un poco de suerte, nos subiremos a alguno a hacer el ridículo un rato, para las fotos. Pero bueno, hay que ver. De todos modos, me da grima sacar la cámara aquí, con lo feo que todos nos miran.
Seguramente la madre de Carla, que está en Estados Unidos, se sentirá feliz cuando su hija le cuente que ha andado por los lugares que recorrieron juntas cuando era pequeña: “Apuesto que me preguntará si vi a Fulano o Mengano, como si me acordara de ellos”.
Cosa rara, vi que un jovenzuelo se acercaba de frente a mí, en su bicicleta. Me hice a un lado, pero él seguía porfiadamente hacia mi dirección. Me paré en alguna posición que hace milenios aprendí en el dojo al que papá me obligaba a ir, y detuve la bici con mi mano abierta. El muchacho perdió el equilibrio y casi se cae, pero siguió de largo sin decirme nada. Me disgustó mucho su falta de educación y ya me iba a reclamarle, que por lo menos debió decir “lo siento”, ¿no? Pero Carla: “¡Oe, mamita! ¿No te has dado cuenta que ese baboso quiso robarte la cámara? ¡Menos mal que reaccionaste bien y fuiste más rápida que él!”... ¡Ups! Larguémonos de aquí, lo antes posible… ¡Pero antes, una panorámica al lugar, que está precioso!

Tardamos un poco en encontrar un bus para Sechura. Gracias al cielo, llegó justo cuando nos habíamos dado cuenta que tras nosotros venían cuatro hombres jóvenes, un par con cadenas en las manos. Bueno, tal parece que ya estamos a salvo. El plan ahora es bajar en el desvío a Mata Caballo, caminar 1 Km. hasta la playa, y buscar un lugar para comer pescado.
Viaje tranquilo, salvo por una señora que explicaba al chofer que el motivo de los desastres en África y Asia era que la gente se alejaba cada vez más de Dios, y una colombiana que hablaba por Radio Programas, explicando que se fijaba en los ojos de las modelos para escogerlas y llevarlas a Miami a hacerse famosas, porque “las peruanas están de moda” (vaya…).
Llegamos al desvío. Bajamos. Unas muchachitas en ropa de playa iban delante de nosotras. Yo, con mis lindos botines de montaña, que cuando sé que haré caminatas largas no me gusta jugar con mis pies. Ellas, en sandalias. Carla, en sandalias también (¡mona!).
Bonito muelle, antes de irnos vamos un rato ahí. Ahora, a alejarnos lo más posible de las 3 ó 4 familias que han llegado a veranear. No veo que vendan comida por ningún lado. Otra vez el jaleo para ponerme el traje de baño.
De frente al mar puedes ser el más insignificante de los bichos, o el más poderoso de los seres humanos. Las dos éramos lo que somos: dos chicas tratando de escapar de todo lo que nos preocupe o entristezca de nuestros respectivos espacios sociales, para recuperar un poquito de salud emocional.

El Tabernero aún nos duraba, así que nos tomaríamos otra tercera parte de la botella, y guardaríamos el resto para celebrar, al día siguiente, el cumplimiento de nuestra prueba de fuego: 11 Km. de desierto, hasta los manglares de San Pedro… y más playa.
Recuerdo que aluciné con hacer lo que se me antoje, y despotriqué de mis responsabilidades. Carla, que se ata menos a prejuicios y vive con más inhibición, me dijo con la sensatez y el cariño que da una amistad de las buenas: “Olvídalo, gato, no eres para eso. No serías tú, y no te agradaría al final”. ¡Salud!
Hice mi trote del día, mi oración del día y mi llanto del día. Volví a pelear con el idiota que está al otro lado del Atlántico (claro, estaba en el Pacífico, pero al final el mar es uno solo, ¿verdad, Helen?), porque sentía con más certeza que todo se iba a acabar. Decidí decírselo, y lo escribí en la arena. A estas alturas, le haré caso a Carla y venderé esta imagen como postal:

Era hora de la lata de atún y las galletas Club Social. Nos entretuvimos casi una hora mirando a los cangrejos pelearse por pedacitos de cáscaras, cuidarlas como a preciados tesoros, y llevárselas a sus madrigueras. Una hora más alucinando sobre por qué estos bichos se reúnen en numerosos grupos en la orilla, para hacer bolitas de arena. Por si se estaban armando para declararnos la guerra, hicimos también las nuestras (jejeje).

Todo parecía muy limpio, hasta que el viento se llevó un empaque de nuestras galletas a unas dunas. Corrí a alcanzarlo, porque no podemos dejar desperdicios en la playa. Entonces encontré el lugar donde la gente suele enterrar la basura. En fin, vine por el paquetito y me voy con el paquetito, para echarlo a un papelero y no tener cargo de conciencia.
Como a las 4 de la tarde decidimos ir al puerto, a ver si alguien nos paseaba en algún bote. Nadie, todos estaban de regreso. Un par de tipos se ofrecieron a llevarme, pero con tales muecas y juegos de lengua que debí agradecer hecha la linda, y rechazar. Un par de fotos más, y de vuelta. Un anciano del grupo de pescadores de la orilla me agradeció por estar ahí, e iluminar el día con mi luz. Viejo tenía que ser para saber decir cosas tan bonitas. Y claro, mi predisposición a una inminente ruptura amorosa (ya me latía) me animaba a sonreír conmovida ante este tipo de halagos.


En la ciudad

Fuimos a la Municipalidad, el guardián nos trató muy bien, por nuestra condición de “turistas”. A mí me colocaban en cualquier lugar del mapa, menos en ese lado bonito llamado Perú (¿?). A mi amiga, en Colombia. Las dos hippies, artesanas, trotamundos y quién sabe qué más. Cuando le dijimos que veníamos de Piura, su amabilidad no cambió. Nos presentó con el encargado de la Oficina de Turismo, quien nos mostró folletos y habló de la raza sechura (¿ves que no eran descendientes de los Tallanes, Carla? ¿Lo ves, lo ves, lo ves? ¡Te lo dije!), y de muchos sitios buenos para visitar. Agradecimos la atención y prometimos publicar nuestra historia en algún medio. Cumplo con eso ahora, y lo reduciré más para mandarlo al diario El Tiempo.
También conocimos por ahí a un escritor sechurano, interesadísimo en mostrarnos la iglesia, famosa por sus túneles subterráneos. Nos pidió que esperásemos al guía oficial, a quien debíamos dar 5 soles cada una por el tour. Esperamos…

Llegó bastante después, para decirnos que eso de los túneles era una historia falsa que le hacía daño a una iglesia tan rica en tradición y arquitectura. En fin, nos fuimos y prometimos volver al día siguiente. Nunca lo hicimos, porque estuvimos casi muertas. Creo que esa noche cenamos otra lata de atún, dos cervezas pequeñas y el tercio de vino que quedaba en la botella. Además, compramos agua y chocolates para la caminata del siguiente día y quemamos incienso, sosteniendo el palito en el tomacorriente, a falta de pedestal.

miércoles, enero 26, 2005

Intento de vacaciones en Sechura, primera entrega:

Fue antes del 31 de diciembre. La gastritis nerviosa me provocaba náuseas y dolores de cabeza, siempre estaba alterada y de mal humor, y seguramente no tardaría en empezar a oír voces, por tanto necesitaba un “parón”.
Pedí que me adelantaran una semana de vacaciones (con tan mala suerte que me contaron como días de permiso los de la celebración por Año Nuevo y fin de semana). Bueno, no nos vamos a hacer problemas por una tontería así. Nos esperaba la playa.
No sé bien cuándo acabamos metidas en la aventura, ni siquiera tengo muy claro cómo es que decidimos largarnos a tal sitio, y no a las recurrentes Máncora o Colán, para que las fanáticas del gym nos refrieguen en la cara sus vientres planos y sus bien levantados traseros. No pues, no voy a ir de vacaciones para estresarme de complejos. Vamos a un sitio donde nadie nos vea, donde podamos dormir y bailar en la arena, allí donde seguramente habrán muchas gaviotas y un buen desconocido siempre dispuesto a ayudar.
Fuimos a Sechura.

Día 1: Crónica de un camping frustrado

Con una bruja en el trío, resultó aún más interesante la idea de ir a parar a un pueblo fantasma a la orilla del mar, que destruyera un maremoto en 1980: Chulliyache, a 7 Km. de Sechura, capital distrital del arenoso distrito.
Helen, con sensibilidad de pitonisa, sintió en el acto el aire frío que delataba el sufrimiento de aquellos muertos de antaño, cuyas almas seguramente aún daban vueltas por el lugar. Lo cierto es que a mí en todo momento me pareció brisa marina, ni más ni menos, pero en fin, a una bruja nunca se le discute nada, sobre todo si tiene mal genio.
Horizonte plano, carretera empedrada y casas abandonadas, picadas en sus bases por el ir y venir del mar en marea alta, de allá cuando el maremoto. Cosa rara: todas de ladrillo, cemento y confitillo… ¿Qué caleta de pescadores pobres está hecha completamente de material noble? Además, con orden de urbanización. Algo interesante para preguntar a las almas esa noche… o en la oficina de turismo de Sechura, al día siguiente (íbamos con la firme intención de acampar).
El mototaxista que nos llevó, por la módica suma de 7 soles (éramos tres, una más potona que la otra, con sendas mochilas igual de potonas y ni idea de dónde andábamos), nos dejó el número de su celular, por si acaso nos echábamos atrás en nuestra idea de pasar la noche en la playa. Contribuyó al desánimo contándonos que la zona se había puesto muy peligrosa desde que empezó a llegar por ahí “gente de afuera” (no detallaré).
Y nosotras, a iniciar nuestras cortas vacaciones. Una del grupo no pensaba meterse al mar por motivos femeninos, la otra, ¿quién sabe? En fin, ahí estaba el botellón de Tabernero Rosé, de 2 litros, para reparar cualquier conflicto.

Por culpa mía debimos alejarnos bastante de los pescadores. Es que no llevé el bikini puesto debajo de la ropa (es primera vez que uso uno de dos piezas, además), y fue toda una odisea convencer a Carla, la liberal, librepensadora, poeta subterránea, vanguardista, etc., etc., que no tenía NADA DE MALO que me pusiera tranquilamente el traje de baño si me envolvía con la toalla. En fin.



El mar estaba especialmente agitado. Por la mañana escuchamos algo, muy poquito, acerca del maremoto en Asia. Para mí los asuntos no se relacionaban, pero para Helen sí. Entonces, luego de enterrar las botellas de gasesosa y vino en la orilla, para enfriarlos, decidió respetar al océano, porque finalmente es uno solo en todo el mundo (gran verdad), y se había llevado muchas vidas ese día.

Pero éramos un trío de desinteresadas por la humanidad, en realidad, y el vino rosado suele subirse a la cabeza con relativa facilidad. Me largué un rato a correr por la playa, quizás hasta un par de kilómetros, donde mis amigas no me vieran, para poder pelearme un poco con el mar y reprocharle –ya que no había a quién más- por tantos asuntos que entonces consideraba importantes. Llorar un poco y gritar sin límite, porque nadie se va a quejar: “¡Te quiero, idiota! ¿Es que no lo ves?”, quizás presintiendo lo de luego.
De vuelta al grupo, a dormir un poco y descubrir que las gaviotas son aves que no tienen respeto ni guardan distancia con nada: bastó tirarles un pedacito de cáscara de mango para tenerlas a todas reclamando comida. No estábamos para compartir, ni tampoco para levantarnos a espantarlas, pues teníamos en el estómago una lata de atún, galletas Club Social y muchas energías gastadas, como para acabar con las que nos quedaban.

Hasta ese momento aún conservábamos la esperanza de poder acampar, o dormir en las casas abandonadas del pueblo fantasma. Quizás lo habríamos hecho, de no ser porque se corrió la voz entre todos los pescadores que nos quedaríamos. Más señales de alerta y, por lo menos para mí, acrecentada prudencia: si nos quedábamos, era mejor que nadie lo sepa, y si ya lo saben, ni modo, a buscar un hotel en la ciudad.

Empezamos a caminar a las 6 de la tarde, confiadas en que nuestra experiencia trabajando en los caseríos de la sierra nos ayudaría a hacer 7 kilómetros en 40 minutos. Por ello, nos detuvimos media hora en el pueblo, para dar vueltas y vueltas, viendo a través de las ventanas y el cemento carcomido de las pareces cómo se ocultaba el sol.
Carla y yo entramos a la iglesia y ella pudo cumplir una de sus fantasías más preciadas: ocupar el altar. Por algún motivo extra natural, Helen prefirió esperarnos afuera.


Hacia las 6 y media marchamos nuevamente a Sechura. “La hacemos en media hora, sí, van a ver que llegamos antes que se oculte el sol”.
Era caminar, caminar y no acercarnos un ápice a la torre de luz que se veía frente a nosotras, indicándonos la ciudad.

Por fin alcanzamos el río, y el “Depósito Municipal de desperdicios biológicos”, bautizado en nuestro buen cristiano como “cementerio de conchas”. En ese momento sentí escalofríos, me asusté. Ya eran casi las 8 de la noche y gracias a Dios teníamos luna, de otro modo nos caíamos al río (y habrían resultado fotos muy graciosas, por cierto).
Más escalofríos… ¿Auras? ¿Presentimientos? Nada, sólo humana prudencia: una cosa es andar con todo plano alrededor, porque puedes ver quién se acerca a muchos metros de distancia, pero allí, entre tantas lomitas de conchas, ya no me sentía segura.
¡Llama al señor del mototaxi, Helen, ahora mismo! (bendito invento el celular). El buen hombre llegó 10 minutos después, y una vez subidas con todo y mochilas: "¡Qué suerte que llamaron, señoritas, porque este sitio es muy peligroso! Hace 15 días encontraron a un taxista degollado detrás de esas lomas!"
Sobra describir nuestras caras. El camino hacia la ciudad (sólo 5 minutos en mototaxi) nos pareció eterno y una corriente fría nos corría por el espinazo. Gracias a Dios llegamos a un hotel, con TV, cable, ducha, y luego, a atragantarnos con pollo a la brasa… lindo primer intento por salir totalmente de la civilización.
Con respecto al taxista degollado: después nos enteramos que era de Piura, y no lo habían matado allí… que sólo dejaron el cuerpo, pero lo ajusticiaron en otro lado. Bonito consuelo.

Comiendo maní

Fue culpa de mis dos practicantes chinchanas, el par de chicas más activas, listas y lindas que he tenido a cargo (¡qué miedo, ahora soy jefa de practicantes... mayores que yo, además!).
Aparecieron con dos bolsitas, una llena de maní y dulce de yuca, y otra con más maní, una manzana enoooorme, una pera de agua y varios duraznitos. Lo cierto es que me conmoví, es bonito cuando te hacen regalitos así de la nada, sólo por el gusto de compartir contigo, en gratitud a alguna cosa buena que hiciste sin darte cuenta.
Bueno, me he pasado la tarde abriendo maníes, comiendo maníes y dejando caer algunas cascaritas en el piso de la oficina, toda una puerca. Y me he sentido Dumbo el elefante, no sólo por los cacahuetes, sino por cómo voy a quedar de gorda si sigo comiendo tantas calorías en verano (es que llevaba ya dos helados, una gaseosa y el almuerzo).
En fin, mañana purificaré mi cuerpo con agua y frutas. Ahora, sigo haciendo tres cosas a la vez, en la computadora (es que de todos modos debo avanzar con el trabajo), y pelearé un rato con los programas de fotografías, para colgar una imagen de mis compañeritos de oficina devorando el dulce de yuca.

lunes, enero 24, 2005

Cosas

Hoy todo normalito. He estado diseñando unas plantillas para tarjetas de presentación del Programa, más un par de carteles para colocar en la puerta de la oficina.
Organizando fotos encontré una del buen ... con una amiga suya, allá arriba. Me he puesto un poco nerviosa de sólo ver la foto, ¡qué asco me doy! Lo bueno es que todo esto ha de deberse a algún tipo de desequilibrio hormonal -con regularidad mensual- que nos pasa a todas las mujeres, ya sé que cuando tenga que subir y verle de frente, empezaré a tratarle como siempre, sin ápice de interés.
Y bueno, que me toca escribir un guión en tiempo récord, porque el director me ha caído de sorpresa y quiere que nos reunamos a discutirlo esta noche (vamos a ver qué le invento). Eso lo he tenido descuidado sólo de tonta, porque finalmente son estas cosas las que pueden ubicarme en algún lugarcillo prestigioso, o al menos darme currículum. Pero no, pues, la niña ha preferido dedicar todo su tiempo libre de los últimos 5 meses a autocompadecerse por estar lejos del (ex) novio... ¡Como si del novio se viviera! Y mira, que además he descuidado el trabajo, donde me tienen tanta confianza y me tratan tan bien.
Puf... ¡qué aburrida soy cuando me quejo! La verdad es que no veo la hora de subir a Chalaco para conversar con la gente sencilla de siempre, ojos opacos de cataratas y piel curtida por tanto sol, como doña Herminia, la señora que nos da posaba en el bosque de Mijal. Buena mujer. Seguramente al regresar traeré mejores historias que mis tontas miserias.

Sueño de bajo presupuesto, hace dos noches.

Es que me he estado preguntando por qué te sorprende tanto. Después de todo, sigo viva, no he perdido los brazos, estoy bien. Además, desde hace varios meses él ya no me hacía ninguna falta. Es cierto, le llamaba con las famosas tarjetitas de 20 soles para escuchar su voz, y recordar (autoengaño) que él estaba allí, amándome, qué más da si al otro lado del mundo. Sin embargo, y siendo realistas, estaba habituada a ello: llamarle, escribirle, y no esperar respuesta, sólo una charla en el msn, con suerte una vez por semana, para sacarle con miedo un "te quiero" (y rezando para que no le siga un "pero").
Un día antes de que Caradeángel (te tomo prestado nombre, mi buen Asturias) dijera: "pero...", pasé una hora eterna conversando con ..., sobre la falta que nos hace escuchar a las abuelas y conservar las tradiciones. Pensé que por venir el muchacho del país primermundista por excelencia, me enviaría a ser "moderna". Nada de eso. Una hora demasiado corta, deliciosa, entre adobes, montañas y niebla. Sólo una hora, que luego debo ir a trabajar, antes que "Santa Clara" me arranque la cabeza. ¿Qué pasó? Hombre, no era necesario que me cuente que le gusté a primera vista, además eso nunca importa tanto (¿sí o no, Caradeángel?).
Anonadada, casi sin sentir la lluvia de no ser porque mis botines nuevos me llevaban corriendo el riesgo de sufrir un estrepitoso resbalón. No me gusta ..., está demasiado grande y no es mi tipo. Sin embargo, con Caradeángel no podría conversar de cosas que me resultan tan importantes, porque no las entendería, o no le importarían como a mí... ¡En fin, no quiero un novio para fisolofar hasta las 3 de la mañana! ¡Con que me quiera como me quiere (ilusa), me sobra y me basta!
De regreso, para no escuchar a todos los santos que bajaban conmigo en la Toyota de focos neblineros, enterrando llantas en el barro, y en especial para que los comentarios de mi buena e inevitablemente snob "Santa Clara" no me empeoraran la gastritis, me clavé los audífonos y del desorden de la mochila saqué lo primero que sentí con forma de cassette. Y a perderme en sueños de otros... con Shakira haciendo de ave agorera, gritándome al oído "Te aviso, te anuncio", "Poem to a horse" y "Te dejo Madrid".
Lo demás, a partir del día siguiente, ha pasado vertiginosamente, y me alegra tener la certeza de estar viva (es que ya una vez estuve muerta por un motivo similar y me he hecho la promesa de no dejar que vuelva a pasar).
Nada... Sé muy bien que mi estado emocional no me permite lucirme con acertadas decisiones, pero al menos tengo claro qué es lo que no quiero la próxima vez. Y sí, pues, ... me mueve las hormonas y el intelecto, pero ya me encargué de mandarle a tomar distancia al principio, así que ahora no voy a retractarme, mucho menos luego de que he llorado por Caradeángel en su hombro. ¿Que por qué no? Seré sincera: por prejuicio. Y porque en verdad quiero estar sola, sin fantasmas, ni demonios, ni chicos lindos como ... ocupando mi tiempo de ocio. Al menos tengo claro qué es lo que no quiero la próxima vez.
Pero te conté mi sueño, aquél en la casa oscura de muchos cuartos, filtraciones de agua, cortinas viejas y colchones en el suelo, con todos mis dispares amigos entremezclándose, tocándose, besándose, haciendo ruidos de sexo, mientras ... y yo nos mirábamos, y yo me preguntaba si sería posible que hiciéramos el amor. No sé por qué te sorprende tanto, si soy libre, si estoy viva y si no quiero seguir llorando a Caradeángel porque fue él quien no quiso quererme más. En serio, no sé por qué te sorprende tanto, pero en fin, tampoco es asunto mío.

domingo, enero 23, 2005

Nada importante en realidad...

Hum... Mi amigo Angel me dio la idea de crear un blog y ahora me está obligando a publicar mi primer post (se ve que es una estrategia para hacerme callar)... Bueno, si alguien se aburre de mis cosas, ya saben a quién matar...
Me he pasado el día con dolor de estómago y pensando en las musarañas (entre ellas, mi más reciente ex), y he llegado a dos conclusiones importantes: uno, que no vuelvo a buscar novio entre las criaturas más bellas e inocentes de la creación, porque es seguro que resultarán ser demasiado idiotas o demasiado niños para mantener una relación en momentos difíciles, sin su mamá o novia anterior al lado... Y dos, que al próximo que agradezca todos mis detalles de cariño con un trillado "gracias", en vez de corresponder a mi amor con amor, lo mando a freírse las pelotas...
Hoy por la tarde, aprovechando malamente los insumos de la oficina donde trabajo, escribí algo para publicar aquí... se borró... se borró todo... ¡Qué inútil!... Pero bueno, dicen por ahí que por algo pasan las cosas...
Emmm... Y como no tengo banda sonora que me de ideas, creo que lo dejo aquí, y a ver si Angelito evita que se me vuelva a colgar el programita, perdiendo todo lo escrito. Y eso.