lunes, abril 11, 2005

Un día de esos que a veces pasan

Prometí a mamá, en mensaje grabado al teléfono, que llegaría a casa el domingo por la mañana, bien tempranito. Ya no viajo hoy, apenas he llegado de Chalaco y estoy bastante cansadita, leeré un rato y luego me iré a dormir. Besito a los niños.

Pero dormir antes de medianoche, en el último par de meses, se me ha hecho casi imposible. Escribí hasta acabar la batería de una laptop HP prestada, y después, a esperar que el sueño venza el ruido de la fiestaza esa que estaba sucediendo a un estadio Miguel Grau de distancia, allá en las casas de los de la Fuerza Aérea del Perú. Debí cerrar todas las ventanas de mi cuarto-minidepa, pues más me valía el calor piurano de 9 de abril (recién bajada de los 13 C de mi Chalaco querido y los -2 C del aire acondicionado de la camioneta institucional) que la fastidiosa orquesta y mesa, mesa, mesa que más aplauda le mando, le mando, le mando la niña…

Al final, mi bien tempranito acabó en un despertar prolongado de diez a once y media de la mañana, en pleno domingo, con resfrío y ganas de dormir tres días más.

Puse a tocar mi disco pirata de Bob Marley (a Justin le encanta el reagge), hice lo de cada mañana, mecánicamente: un baño, un vaso de yogurt pese al cual no consigo bajar de peso, dientes limpios, alistar mochila, esa negra pequeñita que ya es parte de mi historia de viajes, pese a ser de catálogo para niñas lindas, llevar a Sullana sólo lo justo y necesario, pues me vuelvo esta misma noche, que mañana no quiero andar en apuros para llegar a la oficina.

Queda poco dinero en el monedero, así que caminaré hasta donde las combis. El walkman en estos casos es infaltable, pero algo no va bien, no funciona… ¡Carajo, se sulfataron las pilas! Las saco y limpio el desastre con papel higiénico, que este pobre aparatito, de más de cinco años (me lo regaló una alemana, en Pamplona-España, bastante viejo ya, hacia noviembre del año 2000), aguanta todo y tiene para rato.

Me voy, mi madre ha de estar preocupada (la costumbre que tienen las madres de preocuparse siempre). Los autos van y vienen al ritmo de Return to inocense, esa cosa new age que suena muy bien, aunque aquello de “just believe in destiny” no acaba de convencerme. Da igual, el canto del indio norteamericano suena tan bien, que ya pueden decirme que soy de Ganímedes. Le siguen los rumanos de Dragostea din tei y todos empiezan a andar más rápido que el planeta y ese otro loquito que anda sin camisa por Miraflores mueve los brazos al ritmo de la canción (la verdad es que siempre los va moviendo y hasta parece divertirse… imagino que no ha de sufrir de stress). Me hace gracia, me río un poco, sigo cantando, dice en las cintas de seguridad de algunas toallas higiénicas (literatura para el baño) que caminar rápido 20 minutos al día ayuda a muchas cosas en el cuerpo, a ver si es verdad.

Un viaje normal, leyendo. Ahora ando en La amigdalitis de Tarzán. Fernanda María de la Trinidad de Monte Montes me recuerda a la tipa que se peina frente a mí, todas las mañana, mientras yo la miro en el espejo (digo que es ella la que se peina, porque yo siempre voy con las greñas por todos lados, menos en su lugar). Sobre todo me la recuerda durante su última relación amorosa, con el españolito lindo ese llamado Adrián. ¡Dios! ¿Acaso todas las mujeres, cuando nos ponemos a escribir enamoradas, sonamos igual de ingenuas, dulces, positivas y locas de contentas por la vida?... Ay…

Llego a casa y me recibe con toda la efusión del mundo… el gato. ¿Y mi mamá? ¿Y los niños? ¡Caramba, sólo falta que se hayan ido a comer afuera! ¿No habrán oído mi mensaje? Sí, veo que han dejado algo haciéndose en la cocina. En fin, sigo leyendo y los espero. Se me ha dado por marcar algunas frases del libro, ¿total? es mío. Insisto en sentirme identificada, pero mi lapicero no da más. Oye, gato, ¿me traes otro lapicero que tengo en la mochila, allá en el cuarto de visitas-mi cuarto? Mierda de animal, sería bueno que sirvieras para algo en vez de quedarte allí mirándome con cara de me das sueño, niña. Igual se te quiere, bicho inútil, y ya voy yo, pues.

Mamá y David llegan. Mamá me abraza y me besa. David, hola bruja, ¿por qué has llegado tarde? ¡Seguramente te quedaste dormida! Ay, mi precioso hermanito de diez años. ¿Y Miguel? Todo el tiempo estuvo durmiendo en su cuarto y yo ni enterada. Es que le toca servir como monaguillo los domingos a las seis de la mañana. Mamá me cuenta que está de novio con una niñita del coro que fue su alumna particular el año pasado. Una gordita relinda, relinda. Bueno, al menos el energúmeno de doce años tiene buenos gustos, y así se aprende, vaya (y la hermana mayor, teniendo primer novio a los 20, por celos de papá).

Hice un trato conmigo esta mañana: no leería en casa, ni me encerraría en el cuarto mío y de visitas, que las pocas horas con la familia hay que aprovecharlas bien, siquiera para soportar a David imitando a todos los animales del mundo, para llamar la atención, y resistirse a darme besitos porque soy muy bruja, pero dándomelos al final, y más, más, más bruja aún, pero todos los besitos que le pida.

¿Con mamá? Que el viaje a Chalaco me gustó, es decir, que me gustó el trayecto, porque puse un disco con varias de las canciones que me gustan, y la Ing. Santa Clara, a quien tenía muy mal ponderada y súper prejuiciada en mi dizque librepensadora cabeza, no paró de seguir el ritmo de casi todas y matarse de risa cuando me oía cantar I will survive con pasión (Did you used to cry?... Sometimes… Really?... Yes, but now I’m not the stupid little girl still in love with him –no, si ya me interesé en otro, que no puedo con mi genio).

¿Y Justin, cómo está? (como si lo conocieras, madre querida) No le vi… de hecho, estuve procurando no verle, creo que no me habría ido bien. Pero tampoco le vi de lejos ni nada. Bueno, es mejor así, hijita. Ya, pero me cuenta un amigo en común que han conversado hace tres días, y sí, que él está igual o peor que yo, o sea, que de verdad se muere por mí, sin embargo, tiene la cabeza hecha un caos, un mar de dudas.

La cantaleta aquella del trabajo, de que siente que no funcionará, que no quiere dañarme (¿que tan bueno…?), que esto y aquello y, en resumen, que está que se muere de miedo, mujer, y tiene muchos, muchos prejuicios, pero te quiere. Y no sé, la verdad es que me he cansado cuando hablé con él, de tantas vueltas que le da a las cosas, y me preocupa, ¿crees que cuando estén juntos ustedes dos, puedas aguantar todas sus dudas? No sé, supongo que si alguna vez llegamos a estar juntos (posibilidad reducida ahora a un milímetro cuadrado), será porque el niño éste despejó sus dudas (y con ello, contribuyó a despejar las que me ha producido a mí) y no podría ser de otro modo, que ya estoy hasta aquí de inestables.

La verdad, mami, esto que me ha dicho el buen Eddy me gusta. Es decir, estemos o no, sé que el chico no ha dejado de sentir esto de un día para otro, tan inconstante no es. Y que se lo piense mucho también es bueno, pero no me gustaría que acabe decidiendo por los dos. En todo caso, si no quiere, ni hablar, que esto no es cosa de uno. Y si quiere… ay, la verdad no sé qué haría en ese caso, ahora la que se siente en retroceso soy yo, aunque hay por él un cariño muy grande, mamá, y unas ganas enormes de hacerle partícipe de muchas cosas que me pasan, de mi vida, qué sé yo. Y bueno hijita, estas cosas o funcionan o no funcionan. Si funcionan, peor para ti porque acabas casada. Y si no funcionan, pues por lo menos ya no me preocupo tanto, porque ya sé que se te pasa, y rápido, además. Sí pues, ma, todo pasa, salvo que un par se ponga a trabajar para que no sea así.

Y David me muestra cómo los pingüinos se deslizan sobre la panza por el hielo, o en este caso, sobre el piso recién encerado. No me quejo, todo lo ha limpiado él. Miguel, descifrando la utilidad de la masturbación, porque su catequista le ha dicho que no desfogar podría convertirlo en un violador, pues acumularía tanta energía como el big-bang o como carajos se haya llamado el primer punto que explotó y se convirtió en el universo. O sea, mastúrbate o acabarás creando vías lácteas. Le dije a mi pequeño casi adolescente que por ahora se conforme con sus sueños eróticos, que ya son bastante desfogue de energía creadora de universos alternos, y que consulte libros de biología si quiere ver tetas sin salirse de contexto (sugerencia de Davidelhermanitomenor). Y ya buscaré al famoso catequista ese el próximo fin de semana, a ver si le explico un par de cosas…

En esas andábamos, conversando de todo un poco, hasta que alguien, quizás fue Miguel, a propósito de la edad del Papa, recordó a la Mami Fila, señora que durante muchos años fue mi abuela, pues crió a mi padre (bastante mal en algunos sentidos), desde los dos años de edad. No la he visto desde el 2001, cuando acusó judicialmente a mi madre de haberle robado unas joyas, caso que se fue al diablo por falta de pruebas, fundamento y por delatarse totalmente mal intencionada: un pequeño demonio llamado “hijo legítimo” se lo sugirió como parte de un oscuro trato para volver a tratarla como madre y retirar todas las denuncias de demencia senil que tenía puestas contra ella, motivo por el cual mi padre luchó hasta casi desquiciarse y morir accidentado haciendo una de las cosas que mejor sabía hacer: andar en motocicleta.

Uno o dos meses después de la reconciliación familiar (madre, hijo, nuera y nietas brasileñas) y con la madre mía denunciada, la nueva señora de la casa echó a la calle a la anciana, que entonces tendría 87 años. Volvieron a atosigarla con juicios que siguen hasta hoy. Mamá tuvo una idea peregrina: quizás debamos ver por ella. Yo, en uno de mis momentos más despiadados, ni hablar, que si luego se muere con nosotros, otra vez vamos a tener a esa gente encima. Déjala, que ya encontrará a alguien. La Mami Fila pasó por varias casas, hasta llegar a la contigua a la ex suya, ahora de su muy legítimo hijo y muy legítima y gringa nuera: donde la tía Irmita, su hermana segunda, viuda y al cuidado de la familia de uno de sus hijos, todos enemigos declarados de mi padre en vida. No es que arrastre pleitos ajenos, sino que creo en una cosa llamada lealtad, por ello, conmigo la cosa no era y ya.

… y volvemos a la edad del Papa. Nos dimos cuenta que la Mami Fila ya ha pasado los 90 años. Y yo, a media voz, suelto la siguiente frase, asquerosa, injusta y sin ningún derecho a existir: “Creo que todas las tonterías y malas cosas que hizo cuando tuvo el control de todo, le están costando ahora la vida tan larga que tiene. Está viendo morir a todos sus seres queridos. Dios quiera que ella no se muera sola”.

En ese momento, sonó el teléfono. Un tío de los varios que tengo, anunciando algo triste: ha fallecido la señora Irmita… (¡Carajo!)

Mis hermanos, mamá y yo, en silencio. Mamá se hace la fuerte y la resentida, pero es buena, buenísima, aunque con el ánimo endurecido y desconfianza casi enfermiza en la gente que no comparte su sangre o una muy íntima amistad. Ay, hijita, la señora Fila se ha quedado totalmente sola… pobrecita, cuánto le habrá chocado la muerte de su hermana… ¿Y ahora, quién la va a cuidar? Afortunadamente le queda un hermano más, mamá, mi padrino, ese al que mandé al infierno, viejo de mierda, cuando tenía quince años, porque le escuché hablar sucio, muy sucio de mi papá por teléfono, con el hijo legítimo. Supongo que se irá a vivir con él.

¿Mereceré algo bueno, con toda esta carga negra encima? La verdad, sí. Es decir, no le he hecho daño a nadie, y si ahora estoy peleada con media familia paterna, no será porque yo lo provoqué, pues durante los líos aquellos yo era una simple adolescente gorda, bonita, metalera y algo autista. En fin, una oración por la tía Irmita y la mamá Fila. Ojalá fuera posible… no sé, de todos modos tendré que tragar un poco de orgullosa saliva y verla, uno de estos días, que con ella no me interesa morirme molesta, pese a que jodió alguna vez, y jodió mucho.

Por mi parte –y aparte-, mejor hago bien las cosas ahora. No quiero juzgar, no quiero juzgar, no quiero juzgar… pero tampoco quiero pasármelo así de mal cuando sea vieja. ¡Qué lío mental! Al menos ha mandado el asunto “Justin” a un honorabilísimo segundo plano. En fin, a ver si más tarde encuentro al cura, que suele saber de este tipo de cosas y, mejor aún, es amigo. Tengo sueño.

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