lunes, marzo 28, 2005

Por ahora, locura.

Es una pena tener que ocultar nombres aquí...

Llegué a la casa de un buen amigo, junto con Angelito, luego de comprar una botella de ¿vino? y envolverla en papel de florecitas coloridas (idea mía). Razón: su cumpleaños número 24. Casi lo olvido, Ángel tuvo que recordarme la fecha (si no, lo habría felicitado tres días después, porque andaba con el calendario atrasado).
Apenas llegar, la novia del festejado (quien acaba siempre convertida en mi "doble espiritual" cuando hablamos más de 15 minutos) me dijo casi sin disimular: "no seas mala, hazle conversación a ese chico, que está solo desde hace rato". Por pura vanidad preferí no llevar las gafas puestas (y luego me quejo si se pierden), así que apenas vi bien al muchacho en cuestión, sin embargo, algo en él me atravesó el corazón, y supe en el acto quién era.
Hace unos días recordaba mi época de "freelancer", siempre con mi filmadora al hombro (herencia de mi padre, recientemente vendida por motivos de fuerza mayor). Cogía lo que salía al paso, y así fue que llegué donde aquellas simpáticas monjas, quienes necesitaban enviar a Lima algunas tomas de su trabajo en el único centro de reposo para enfermos mentales de Piura.
No era esa la primera vez que entraba a aquél lugar. Recuerdo que, siendo muy pequeñita, mis padres me llevaron, imagino que para entregar algún tipo de donativo a la congregación religiosa "San Juan de Dios", quienes tienen a cargo este centro (después de todo, en su clínica de Lima hicieron posible que yo pudiera caminar sin ningún problema). Y bueno, supongo que también querían que me pasara la tarde "humanizándome" un poco (mi padre y sus ganas de pegarme todas sus manías filantrópicas, que ahora me traen tanto lío para conseguir novio).
Los jardines son enormes y bien cuidados, los pabellosnes no dejan de ser siniestros, pese a la limpieza y colorido, los pacientes -sobre todo varones y jóvenes- me tomaron cariño en el acto, y se lucían frente a la cámara. Yo, extrañamente alegre y comprensiblemente triste. A ver si no me vuelvo loca un día de estos, por exponerme a tanta sensación encontrada.
Tres hombres me llamaron la atención: Manuel, a quien conocí de niña con el nombre de "Camotillo", un esquizofrénico peligroso que andaba sucio y harapiento por la gran Sullana, arrastrando un saco mugroso por doquier, tal vez con sus tesoros más preciados. Ah, y luciendo circunstanciales "dreads". Casi no lo reconocí en aquél anciano de cabello corto y totalmente blanco, con parálisis en la quijada y una sonrisa viva que seguramente le dolía mantener, pero aún así.
Otro, llamémosle "Paco". Increíblemente guapo, increíblemente joven, increíblemente adinerado e increíblemente enfermo. Cierta tendencia hereditaria a la psicosis, agravada por un desmedido consumo de cocaína. Parálisis muscular e imposibilidad de decir algo sin gritar. Mientras duraron mis visitas, fui su proveedora oficial de cigarrillos. Así con la vida.
El tercero, "Antonio", un experto en Comunicación Audiovisual, sobre todo en cuestión de iluminación, composición y fotografía. Poco le faltó para adueñarse de mi cámara y hacer sus propias tomas, pero diez años de experiencia en filmación de eventos sociales a todo nivel, me enseñaron muy bien a nunca entregar a nadie el "arma". Lo disuadí, sin embargo, conversábamos con regularidad y casi llego a preocuparme por él más de la cuenta (cuándo no), de no ser porque mi vida fuera del sanatorio seguía andando y, por esos días, iba a agitarse considerablemente (abril 2003).
Ahora mismo he recordado más rostros, más ojos profundos y miradas que, pese a perderse, intentan ser fijas. Algún bromista dijo que mi mirada estaba muy cerca de ser como la de ellos... francamente no sería tan malo, pero aunque la cordura a veces duela, luego de conocer el "otro lado", la prefiero.
Hace unos días me pregunté por "Antonio" y creo que lo encomendé ("ojalá esté bien")... Y en casa de mi amigo me encontré de frente con sus ojos amables. No disimulé que lo conocía y lo saludé a beso y apretón de manos, con gotitas de euforia. Me delaté, pero gracias a Dios él no recordaba dónde nos habíamos visto. Fue lo mejor.
Soy experta en cambiar de temas y lo conseguí casi todo el tiempo, pero de pronto sentía su mirada fija y la pregunta "¿dónde te he visto antes?" se leía escrita en el aire. La verdad es que no lo recuerdo, lo siento, soy muy distraída.
Fumé sólo para hacerle compañía (tabaco negro), hicimos un bonito grupo junto a la novia del festejado y un amigo más (los "fiscales supremos"). "Antonio" acabó pidiéndome el número de celular, no sin antes preguntar si tenía enamorado (no, no tengo). Luego, que soy una mujer muy hermosa (y así dicen que los "locos" nunca mienten...)
Ángel bromeó respecto a las atenciones especiales de "Antonio", entonces le conté quién era. Siguió bromeando con que yo tampoco ando muy "cuerda", así que estaría bien. No, ni hablar. Aunque de todos modos me ha dado gusto verle. Pero no está bien, su mal es crónico y se delata en la mirada. Y yo, quejándome por estupideces (y por los estúpidos que las provocan).
"Antonio" se fue temprano, unos cuantos nos quedamos hasta final. Les preparé "canelazo" (cañazo caliente con azúcar y canela) y casi los noqueo a todos, pese a que un par de "poetas" con pose de intelectuales incomprendidos opinaron que "no fue gran cosa" (luego de haberlo tomado con ganas y sufrimientos, eso sí). Y bueno, estoy aquí, escribiendo y sin resaca. A ver si mi familia llega pronto, para ir todos al cine. Me duele el cuello.
(Escrito a lápiz el 27 de marzo de 2005, a las 3:35 p.m.)

1 comentario:

Angel dijo...

La botella fue de Vermouth (el cual es técnicamente un vino)...

El loco camotillo! hace años que no oía ese nombre!